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A Propósito de la Misión de la Alianza Universal en Cuba y su rescate gracias a la intervención de múltiples organismos internacionales:

 

NOTA ACLARATORIA IMPORTANTE:

Tomado de: Vislumbres de la Superciencia de Iniciación Espiritual
Ed. Acuario, Santiago de Chile, 1967. Páginas 98 a 103

Es indispensable hacer una aclaración con respecto a lo que queda revelado acerca de la vida y actuación de los Maestros, en el transcurso del presente trabajo. Es obvio, que todos los Maestros no están igualmente condicionados, ni cumplen una Misión idéntica. Empero, lo absolutamente cierto, es que todos los genuinos Maestros se conocen y se Aman entrañablemente, amén de ayudarse constantemente y complementar sus mutuas labores en circunstancias determinadas. Lo que ningún genuino Maestro puede hacer, es dejar de ser sincero y en modo alguno negarse a cumplir su Misión Espiritual.

Bien conocido es el hecho de la Misión Cultural y Espiritual que existía en Cuba desde tres lustros antes del advenimiento del comunismo de Fidel Castro en dicha nación isla. Esta Misión tenía una Universidad Tecnológica-Espiritual que irradiaba por todo el mundo, preferentemente en toda América, y se hallaba a cargo del Ilustre Sabio Koot Hoomi Lal Singh, connotado educador y filósofo de la India que goza además de una bien merecida reputación como humanista y hombre de ciencia. Bien, pero dicho sabio hace historia ahora y no está de más aclarar ciertos aspectos de su vida, precisamente en comparación con el comportamiento de otras personalidades en casos idénticos. Cuando Cuba llegó a triunfar sobre la inhumana tiranía de Fulgencio Batista, Norte América intervino en forma más bien desafortunada, provocando hondos trastornos sociales que desembocaron en el comunismo. Esto, el Maestro K. H. lo previó y advirtió al presidente de Norte América, que su política sería de funestas consecuencias. Volvió a notificar a la ONU y U.S.A. que una invasión sería de caóticas consecuencias. Esto no era sino cumplir su Misión humanitaria, pues era preciso evitar peores condiciones de vida para la nación cubana. Demás está decir que no fue oído, y ya todo el mundo conoce los resultados, o sea la comunización de Cuba y la histórica derrota de la Bahía de los Cochinos. Las consecuencias pudieron ser mucho peor, pero el Maestro intervino ante Fidel Castro, haciéndole ver que una política constructiva lo hubiera llevado a las máximas cumbres de la dignidad humana. Lo inspiró asimismo, en sus represiones, a fin de que fuese un mejor cristiano, y en eso los frutos no se hicieron esperar ya que Castro mitigó considerablemente sus iras frente a las diversas religiones, y más particularmente en lo que respeta a la Iglesia Católica que era entonces la más activa en Cuba. El Maestro se sacrificó de manera incondicional entonces, porque consideraba su deber orientar la revolución hacia derroteros de dignidad humana y evitando los excesos del comunismo tradicional hasta entonces. Esto le valió la prisión, y luego casi dos años y medio de severas represiones y un encarcelamiento domiciliario con todas las restricciones posibles, privándosele de Tarjetas de Alimentación, del derecho de asistencia médica y en fin de circular libremente y de recibir su correspondencia sin censura previa. Había incurrido en las iras de Fidel Castro porque fue demasiado lejos en sus críticas, de las cuales quedan claras evidencias en una voluminosa correspondencia que algún día serán considerados como modelos de política humanista, puesto que ya son consultadas por prestigiosos profesores universitarios en muchos países. El Maestro era consciente de los terribles riesgos que corría, pero su Misión estaba antes de cualquiera otra consideración de orden personal. Supo ser la Voz Cósmica frente al sanguinario sátrapa qua actuaba cual un ignominioso dictador frustrado, que comprendía que su suerte era echada con las burdas proyecciones de sus procedimientos inhumanos.

El Maestro vio su Santuario cuatro veces hollado por las huestes fratricidas de Castro, y en cada oportunidad estuvo a punto de ser aniquilado por los rufianes ensoberbecidos. El odiado tirano Castro mandó varios emisarios al Maestro, pues quería una entrevista con El. El Maestro le contestó que sería bienvenido si venía solo, sin guardaespaldas y sin armas, pues en su casa no tenían derecho a penetrar ni políticos armados ni policías, y que con él no podía hacer una excepción en lo de las malas compañías y las armas, ya que no tenía costumbre de hablar en frente de ametralladoras y cañones. Días más tarde a las tres de la madrugada, Fidel Castro se atrevió a rondar frente al Santuario pero no logró reunir voluntad y suficiente dignidad para subir las escaleras hasta el pórtico.

El siniestro tirano Castro envió, días después, otro emisario, esta vez con amenazas y conminaciones. La detención del Maestro tenía por objeto obtener su rendición incondicional con la intención de forzarlo a la aceptación del comunismo. No parecía haber alternativa, a no ser la muerte por sitio de hambre y las provocaciones armadas frente al Santuario. El Maestro contestó que había nacido libre y decente, y que tenía el propósito de continuar así y morir tal cual, y de tener Castro maneras más expeditivas, también estaba dispuesto a afrontarlas muriendo como ha sabido vivir.

Con ocasión de su primera detención, al celebrarse un Congreso de todas las Religiones en la Habana en 1959, tras de muchas horas de singular tratamiento en un cuartel militar, al serle tomadas las declaraciones de rigor, contestó: “Pregúntele a Fidel Castro quien soy yo, y si ustedes me encarcelan, espero que no tardarán en encontrarse con Fidel Castro junto conmigo, también encarcelado, y tal vez, ambos atados de pies y manos por cuanto él sabe que no me interesa la política en forma alguna, y menos aún las revoluciones injustas”. Esto equivalía no sólo a ponerse en la boca del león, sino además a incitarle a que se diera un festín fácil y barato. Este heroísmo pareció a muchos entonces demasiado arriesgado y de ningún provecho. Sin embargo, dio a saber en Cuba que había alguien que no le tenía miedo a Fidel Castro con todo su comunismo fanfarrón, y a él le dio a comprender que había por lo menos una persona en Cuba, cuya voz no se dejaba comprar, ni intimidar, ni desquiciarse. Lo cierto es que Fidel Castro en persona, al tener conocimiento de la detención del Ilustre Maestro, ordenó que sin tardar se le pusiera en libertad. De ahí en adelante, la vida del Maestro no fue exactamente un lecho de rosas, pero por lo menos se le respetaba el derecho a respirar, aunque sería largo hacer el recuento del martirio que hubo de soportar durante dos años y medio, y del cual no salió sino gracias a la intervención de muchas naciones honorables, inclusive la comisión de la ONU, para los Derechos Humanos, la Comisión Económica Social de la ONU, la Comisión de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Americanas y centenares de organizaciones religiosas, humanistas, educacionales, fraternales y espiritualistas, que protestaron al unísono en todas las capitales de las naciones civilizadas, así como en la ONU y ante el proprio Gobierno de Fidel Castro.

Muy significativo es también el hecho de que cuando el Ministro del Interior de la época fue al Santuario a anunciarle al Maestro que su liberación era un hecho, que se le autorizaba igualmente para salir del país le espetó: “De veras me van a soltar por fin, sin más ni más?” Su acento era de desafío, y como recriminándole al criminal sabueso de Castro, bien conocido por cierto, por sus innumerables crímenes, de dejarlo salir sin rasguño y con vida. Mas cuando el Maestro oyó que lo dejaban salir del país, pero sin sus pertenencias que quedaban confiscadas, contestó airado: “Hemos sufrido tanto hasta ahora por defender nuestra dignidad, nuestros archivos y el Museo Mundial, que no vamos a flaquear a última hora.  El Museo Mundial y los Archivos de la Alianza Universal salen junto con nosotros o nos quedamos con ellos a podrir aquí. Ya nos estamos muriendo de hambre, así que no falta mucho para el fin.”. El siniestro Fouché de Castro se encolerizó, pero de nada le valieron sus denuedos. Mignonne, la perrita del Maestro, estaba a punto de saltarle al cuello al superman comunista con alma de sápatra y sin más corazón que una hiena loca, y el Maestro  le dijo con su voz sencilla y gentil: “Mignonne, quédese tranquila, que este señor no nos va a hacer ningún daño, y además cumple su deber como enviado de Fidel Castro que no puede venir en persona a enfrentarse conmigo. Hay gente que no sabe que ser canalla es de canallas”. Si el Ministro del Interior, alto carcelero y determinador de la suerte de las gentes en Cuba comunista, no sacó la pistola, es porque Mignonne no se lo hubiera perdonado. Habría habido una dramática situación y el Maestro no habría escapado sano, ya que el enviado de Castro era acompañado por su chófer armado de revólver y una metralleta, y afuera en la calle tenía cuatro guardaespaldas esperándole. Entonces, para un pespunte final, el Maestro se levantó y dijo: “Señores, mi perrita es muy discriminatoria, no le gustan ni los harapientos ni los ladrones, ni las personas que portan armas, sean quienes sean. Les ruego la excusen. No se extralimitará, pues es muy bien educada. Ahora, es mejor que liquidemos este asunto y nos den nuestros pasaportes. Pero el Museo Mundial de la Historia Viviente de la Humanidad, y mis Archivos deben salir de Cuba con nosotros. No hay nada más que decir”.

En ulterior análisis, la valentía y las enseñanzas del Maestro no han variado el curso de la revolución comunista de Cuba. Pero con toda seguridad ha modificado muchas de sus variaciones y puesto coto, en cierto modo, a exacciones inenarrables así como a crímenes que pasan desapercibidos. Fidel Castro sabía que tenía enfrente a un juez, censor y enjuiciador incontenible. Además, matar al Maestro no habría sido en modo alguno en beneficio de la gran tragedia cubana y hubiera atraído aún más la atención sobre las verdaderas dimensiones del gran drama humano en curso ahí. El Maestro sabía todo esto y a lo mejor, lo que pretendía era soliviantar la conciencia humana, para que el mundo entero supiera de lo que se trataba. Pero ahora, con la perspectiva de la lejanía, nos preguntamos si en realidad no lo consiguió.

Norte América también ha hecho una rectificación moral y reconoció sus errores de política, de sicología humana y de táctica militar. El Maestro les había advertido con meses de antelación, pero nadie quiso hacerle caso en la ONU y en Washington, pese a que hizo sendos llamamientos en nombre de la Conciencia Humana, de la cultura universal y por el derecho de los pueblos a construir su propio destino. Esto motivó en Fidel Castro y sus adláteres mucha admiración para la persona del Maestro, reconociéndosele como al Humanista número Uno de los tiempos modernos. Empero, al salir de Cuba, el Maestro se transformó en un gran exilado, un refugiado más, un apátrida entre millones cuyas legiones van creciendo día a día, cada vez que hay una nueva revolución, una guerra o persecución bien sea política, religiosa o racial. Hay martirios y grandezas, que por no ser comprendidas, no se perdonan entre las almas enclenques, y el mundo de hoy está poblado por enclenques de alma más que de hombres dignos. Pero el Maestro está satisfecho por cuanto sabe que cumplió con su Misión a cabalidad, y esto nadie se lo regateará ni se lo desvirtuará jamás.

Lo cierto es que el Maestro no abonó con su sangre su obra, sólo porque las fieras mandonas de Cuba comunista flaquearon ante tal perspectiva gloriosa. Mas de todos modos, la lección en forma de gesto, escrita y labrada en las almas que lo conocieron en sus momentos heroicos no ha sido en vano y siempre servirá de simiente para futuras gestas magnánimas y magníficas con sentido estelar y de conciencia cósmica.