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Es impresionante la tremenda actualidad que cobra en el mundo hoy en día el siguiente artículo que sirve de editorial a la Revista ARIEL No. 97 y que sirvió de editorial a su vez a la Revista ARIEL No. 79 de abril de 1962, quien a su vez la tomó de la Revista CIENCIA Y CONCIENCIA, No. 7, Vol. I, Octubre de 1936, Organos Oficiales de Difusión de la ALIANZA UNIVERSAL. En esto radican los Principios Universales, en su permanencia y vigencia a través del decurso de los tiempos y por encima de toda diferencia circunstancial, que sea de raza, nacionalidad, credo, o cualquiera que ella sea.

EDITORIAL

Los acentos del realismo acre con que trata de afirmarse e imponerse el idealismo moderno, que suele ser lleno de nobles ansias y de sinceras realizaciones, no siempre justifican los principios que parecen enarbolar o delinear.

Está bien que unos y otros idealistas busquen novísimas orientaciones y experimenten nuevas vivencias, pero rebasan sus propios objetivos cuando se entregan al TERRORISMO y a la DESTRUCCION, con inusitada vesania que nunca puede servir propósitos edificantes y nobles.

Todo idealismo nacido de necesidades naturales y que sirva pruritos íntimos de engrandecimiento humano o de superación moral, con un ancho horizonte de espiritualidad que le sirva de marco y basado en valores trascendentes con carácter de infinitud, en fin, que surja de la propia conciencia, sin nunca dejar de afianzarse en ella, merece subsistir, pregonarse y en fin defenderse. Mas cuando se producen gestos y gestas de trágico señuelo que tiene visos de ensañarse con las gentes y las cosas sin más objetivo inmediato que el de DESTRUIR, MATAR, OBSTACULIZAR EL PROGRESO y ATERRORIZAR, mal puede hablarse de "idealidades" o de "edificantes propósitos"....

Que haya choques de ideales, que aparezcan contiendas ideológicas, que subsistan, en fin, las rebeldías de conciencia, que estas condiciones son pruebas de independencia de criterio y de aspiraciones edificantes, que deben caracterizar a todos los seres inteligentes y ansiosos de superaciones indispensables en el orden evolutivo del realismo de la vida natural; pero que no se haga de estas prerrogativas naturales pretextos para aterrorizar a las gentes y entregarse a todos los géneros de depravación y de destrucción, hechos de suyo abominables, además de absurdos, que violan el mismo sentido de la Vida.

¿Acaso el fomentar odios, el dinamiterismo, el pistolerismo, el caos anarquista, las demencias destructivas y vandálicas de individuos que obran en las sombras traicioneras de la cobarde anonimidad y de turbas fratricidas incapaces de refrenar sus brutales pasiones, que siembran el desconcierto, que glorifican el exterminio y ofician por el más absoluto desquiciamiento, puede parangonarse con las excelsitudes espirituales y el sentido edificante que debe encarnar y actualizar todo genuino IDEAL?

Y los autores irreverentes, sin altivez ni honra, que pontifican en nombre de sus "supuestos ideales" con tales hazañas ¿qué tienen de idealistas y de representativos, que les autorice para erigirse en defensores de cacareadas reivindicaciones o de imprevistas renovaciones? ¿Acaso el ansia de mejores vivencias y los afanes de supra-concientividad, fuerzas motrices de toda genuina y edificante innovación y de toda auténtica conquista idealista o de sentido vital, implica VIOLENCIA, DESTRUCCION, TERROR?

Si es REVOLUCION lo que se quiere, que no se busque estos derroteros de fatídicas consecuencias. Que no se ponga en acción precisamente la parte más grosera de la naturaleza humana. Que no se haga alarde de falsas posiciones y de antitetismos radicalistas opuestos a toda realización sensata, cuerda, compasiva, fundamentalmente edificante. REVOLUCION no implica DESTRUCCION. REVOLUCION NO ES ABSTRACCION DEL PONDERAMIENTO EDIFICANTE. REVOLUCION no puede ser sinónimo de maledicción, de cínico alarde terrorismo. REVOLUCION NO PUEDE SER NIHILISMO... Tales procedimientos repugnantes jamás podrán servir de vehículo ni mucho menos de base para orientaciones nobles y edificantes, pues son distintivos de una mística de violencia producida por estados mentales negativos".

A todos los REVOLUCIONARIOS de todas las latitudes, les decimos que todos los empeños "revolucionarios", que no estén fundamentados en genuinos logros mentales, que no sean auténticas vivencias de conciencia y en fin que hayan sido plenamente realizados en los fueros intra sublimes de lo espiritual, jamás llegarán a la condición de verdaderas CONQUISTAS. No hay posible TRIUNFO de ideales sino en el establecimiento de valores rotundos, de carácter íntimo de nuestro ser, en los sistemas y las instituciones vitales que facilitan la vida humana, cumpliendo designios inevitables de engrandecimiento de la naturaleza de nuestra especie. Todo ideal que no esté diseñado sobre tales teogramas de significación trascendente, de genuina trasposición Espiritual, no puede ser sino transitorio si no falaz, que traicionan sus contornos imprecisos y sus incidentes asazmente fatídicos como los que denunciamos aquí.

Todo idealismo que no revista el carácter y la significación que se trasluce a través de estos enunciados, no merece perpetuarse, ni defenderse, ni pregonarse, pues de todas maneras ha de ser fatal para sus inseguros enarboladores. Diremos más, todos estos idealismos modernistas que ponderan y cacarean innovaciones indispensables sin visos de nobleza de alma, postulados por seres sin entrañas, ignaros y cínicos perturbados que no conocen otro evangelio que el de la DESTRUCCION y otro verbo demagógico que el del TERRORISMO, no son más que anormales que conviene mantener en buen seguro, para protección de los demás que, más cuerdos y capaces de mayor nobleza de alma, no pueden comulgar con tales siniestros designios, no importa bajo qué lastre de "ismo" de exportación y de sugerente exoticidad se les presente a la candidez "irresponsable" de las masas.

No condenaríamos nunca la bravura y la altivez indomeñable de unos “revolucionarios" como aquellos que supieron vivir muriendo por su ideal en el histórico Alcázar de la imperial Toledo, ni nos pronunciaríamos contra el protervo ansia de mejorías de diversas secciones que la sociedad humana viene manifestando cada vez más; pero lo que no podemos aceptar de ninguna manera son los procedimientos de DESTRUCCION y de TERROR que se perpetran en nombre de supuestos IDEALES. Decimos "supuestos ideales", porque todos los ideales basados en tales procedimientos no pueden ser reales, sino ficticios, antojadizos, irreverentes, indignos, en fin, de ser genuinos....

Los males del momento histórico (universal) que vivimos radican más bien en las situaciones indecisas y en las condiciones inconexas de la mente humana, que revelan una manifiesta complejidad de orden moral y una ingente confusión mental, sin decir nada de la imprecisión de conciencia y la monumental carencia de carácter en los individuos. Lo que más precisa la humanidad en estos actuales tiempos de crisis y de desorientación es establecer contactos de esplendente viabilidad entre las diversas fuerzas activas, genuinas, de la naturaleza humana, hasta hoy desdeñadas, y descubrir de una manera obvia los nexos armoniosos en sus plenas posibilidades, especialmente en lo que respecta a la significación trascendente de la vida. Esto significa que necesitamos levantar un tanto nuestras aspiraciones y dar un carácter más ecuménico y definitivo a nuestras idealidades....

Antes de hablar de REVOLUCION, o de proceder violentamente, pues, logremos las realizaciones básicas de toda genuina renovación. Precipitarse sin atender a estas inevitables condiciones, es correr hacia los abismos del caos moral, económico e ideológico.  Esto, precisa no olvidarlo.

Si ha de ser indispensable una REVOLUCION en los tiempos actuales, para toda la humanidad, que lo sea a base de transformaciones pausadas, con logros auténticos, con serena medida y con espíritu de genuino engrandecimiento.

No importa cuál sea la aspiración humanitaria o humanista de nuestras respectivas simpatías, si el saldo de nuestras contiendas ha de ser la DESTRUCCION, el CRIMEN, el CAOS, podemos estar seguros que nuestros ideales distan de ser edificantes y nobles, y  que fallamos en nuestras capacidades de nobleza de alma y en nuestras aptitudes de inteligencia.

Pero de todos modos, el ideal que crea suspicacias, que fomenta odios, que  evita que los hombres puedan sentirse HERMANOS y buenos vecinos; el ideal que arma el brazo de sus defensores, el ideal que inspira los hedores de la pólvora destructora de vidas y haciendas, en fin, el ideal que no puede hacer ver a los hombres mejores horizontes que los de las sinecuras y las prerrogativas de los nepotismos que engendran invariablemente, NO MERECE AFIRMARSE O DEFENDERSE. No será nunca una realidad triunfante, pues la naturaleza es más sabia y sabe encaminar siempre a la conciencia humana hacia indispensables actitudes, y logros.....

Y de todos modos, la verdadera sociedad del futuro será la de los HOMBRES FRATERNALES.... No será ni de izquierda ni de derecha, ni pintoreada, ni inclinada, ni absoluta ni introvertida.  Será la de una acrisolada SENSATEZ, fundada en las normas inconsútiles del CORAZON.  Esta sociedad verdaderamente ideal no se implantará con bombas ni con fútiles hazañas de matanzas y de expoliaciones y destrucciones, ni reclamará títulos de convencionales abolengos, ni exigirá a nadie más de lo que por derecho natural puede producir. Será una verdadera armonización de las múltiples fuerzas humanas, que convivirán en esplendente euforia con el ritmo magnífico del cosmos.

EVOLUCIONEMOS en este sentido....

SWAMI JÑANAKANDA