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 LA RELIGIÓN ESPIRITUAL

Tomado de: Maha Bodha Mandala

No. 7 Vol.II, Agosto de 1947

No hay nada más fuerte, más bello,

más útil, ni más necesario que la Verdad. K.H.

Pero es qué hay RELIGIÓN que no sea ESPIRITUAL? Naturalmente que hay sistemas de religión que no representan los Valores del Espíritu, ni conducen a las auténticas Realizaciones Espirituales. Decimos “naturalmente”, pero esa es sólo una figura literaria, pues lo NATURAL es que la RELIGIÓN, si ha de ser lo que persigue e implica, no puede ser una antitesis de la Naturaleza ni una negación de las potencialidades íntimas del individuo, como ocurre con tantos sistemas de religión y organizaciones que presumen de RELIGIÓN en nuestros actuales días de confusión, caos, dudas, hipocresía, moralidad aparente y torturas espirituales.

Todo sistema o procedimiento que obnubile los poderes del Espíritu, niegue las potencias propias del alma, aherroje a la Conciencia, y sojuzgue el ser en su totalidad por medio de dogmas negadores de la Vida y condiciones artificiosas producidas por doctrinas hipostáticas generadoras de TEMORES y alimentadora de PREJUICIOS y SECTARISMOS discriminadores y fanáticos, no pueden ser RELIGIÓN auténtica, por más que adopte señeras consignas de sapiencia antigua o presuma de “revelación Divina”, y por mucho que se glorifique con prestigios harto convencionales y dudosos, que la propia historia se encarga de desvirtuar y de denunciar.

La RELIGIÓN no puede ser sino ESPIRITUAL, porque su finalidad es el enaltecimiento del ESPÍRITU, cuyos atributos son las virtudes y las Esencias de Dios. Pero es hora ya de que nos percatemos bien del sentido de las cosas, y que comprendamos que, como reza el refrán popular: “No es oro todo lo que brilla”. En momentos de integral renovación como ahora, gracias a imperativos cósmicos, no podemos menos que proceder a una completa REVISIÓN DE VALORES, y decidirnos a hechar por la borda todas las consignas, todos los preceptos, todas las “revelaciones” heredadas de edades pretéritas, y todas las imposiciones dogmáticas y discriminativas que pesan en nuestras conciencias o que se afianzan en nuestra vida con un sentido histórico negador de toda rehabilitación trascendental y decididamente antiespiritual.

La guerra mundial presente no es un simple incidente histórico. Es el producto de graves errores y de fatales procesos energéticos que han afectado nuestro ser, nuestra vida, tanto en lo biológico como en lo espiritual. Somos víctimas de un horrendo pasado de fatídicos errores y malignos “designios” impuestos al mundo con los rigores de imperdonable totalitarismo bajo el disfraz de la más dulce santidad divina. El individuo crea la historia, y ésta, como el famoso monstruo de Frankestein, perdura para atormentarnos y hacernos pagar con falsas promesas de Divinidad nuestras debilidades ingénitas y nuestras turpitudes prevalecientes.

Bajo la rubrica señera de lo religioso, prestigiado por una maravillosa organización, más bien que por virtudes históricas indubitables, la entera humanidad ha subsistido con la ilusión de supuestas REVELACIONES DIVINAS O ESPIRITUALES. Naturalmente, es fácil imponerse cuando se cuenta con una organización adecuada, y ésta puede fabricarse sin necesidad de recurrir al romance celestial. Pero la verdad es que se han erigido en dueños de la vida y hacienda humana diversos sistemas de religión, que reclaman para sí, cada una a su propia manera y según sus conveniencias, el derecho de ser una REVELACIÓN DIVINA Y LA VERDAD ABSOLUTA. Las consecuencias, NATURALMENTE, son grotescas, pues la ilusión no puede nunca suplantar a la Verdad, como tampoco es posible explotar indefinidamente los ideales Sagrados y la Divinidad.

Hemos dicho anteriormente que la RELIGIÓN mundana está interesada, primordialmente, en el éxito de su sistema y en la imposición de sus dogmas. Pero la época actual implica una evolución precisamente contraría a estas condiciones antiespirituales y antinaturales. NATURALMENTE, los sistemas afectados dirán en coro que esta denuncia URBI ET ORBI no les afecta, puesto que se refiere a los organismos negativos, erróneos, destructores, antiespirituales y antinaturales, como si ellos mismos no cayeran en la definición. Empero, no se tenga aquí la impresión de que nos interesa ser impávidos, y que queremos señalarnos por la formulación de ideales libertarios, que están ahora a la orden del día. Primordialmente sólo aspiramos a ser instrumentos para la mejor comprensión de los Principios Universales, la comprensión debida de lo que es la Vida, la más efectiva relación entre el individuo humano y los Planos Superiores, Espirituales y Divinos, y en fin por una efectiva regeneración del ser humano. Para nosotros, la RELIGIÓN tiene un significado dual, o sea, es ESPIRITUAL en sus trascendentales efectuaciones, pero es un SERVICIO HUMANO en todos los sentidos que afectan a la vida del individuo. Creemos en una RELIGIÓN ESPIRITUAL que sea señera de virtudes y genuina realizadora de Potencias Divinas. Pero no podemos creer en que Dios o los Cielos necesiten de Ministros o Sacerdotes para representarles, o para sustituirlos en modo alguno. No queremos hacer a Dios la ofensa del cinismo creyendo que ÉL que lo es todo potencialmente pueda necesitar de criaturas imperfectas, zafias, crueles, indignas, viciosas, llenas de turpitudes para que lo representen o sustituyan. Tampoco podemos admitir por virtud de una sofistica anti-racional grosera que las Potencias Celestiales puedan ser expresadas exclusivamente por medio de individuos ignaros, llenos de prejuicios, esclavos de sus atavismos y de pasiones rastreras, o interesados sólo en sus ilusiones y ambiciones personales. Si la RELIGIÓN hubiera de ser lo que representan los sistemas terrenales de Religión, habría que preguntarse si los Valores Espirituales Eternos no están en suma bancarrota, o si Dios está en su sano juicio.

Demás es que recurramos a la historia para justificaciones en el orden religioso. Si consultamos bien la realidad, veremos que se ha faltado al Orden Divino de todas las maneras concebibles e imaginables, y que se ha matado y destruido más en nombre de Dios que lo que se ha construido y bendecido. Fijémonos en la actualidad, si queremos una muestra. ¿Qué parte juegan los sistemas que presumen de RELIGIOSOS en la tremenda tragedia que asola al mundo? ¿Acaso no les vemos bendiciendo a las armas y haciéndole la corte a los tiranos de turno? ¿Acaso no están prestos a cantar Te Deum para el vencedor, sea quien fuere? ¿No están siempre del lado del que triunfa, y siempre igualmente crueles para los pueblos vencidos? ¡Oh Etiopía! ¡Oh China! ¡Oh Polonia! ¡Oh Austria! Dígase lo que se quiera, las iglesias están siempre abiertas para los tiranos que se acojan a Dios. Véase si no a ese sádico sátrapa de España, Franco, que asesinó a la República Democrática del pueblo, mereciendo poco después las bendiciones papales, y ganando para España el mote de “Joya más preciada de la corona de la iglesia”¡Por lo demás, pregúntese a los hindostanos y a los Chinos lo que tienen que decir de los “hombres de Dios” que les civilizan. Uno nos acaba de hacer la siguiente confidencia. “Sí, los misioneros nos facilitan la educación, pero en cambio se adueñan de nosotros, de nuestro patrimonio, y de nuestro país. Vale la pena recibir sus servicios educacionales con tal de comprenderlos mejor y aprender a librarse pronto de ellos”... Recordémonos, en fin, de lo que dijera el Cacique autóctono de Cuba, Hatuey. “Si ustedes los sacerdotes van al cielo, yo no quiero ir allá” O lo que hubo de decir el otro infeliz aborigen sometido a las bendiciones de la civilización religiosa:¿Si ustedes que viven para Dios son tan malos, cómo es posible que Dios sea todo lo que ustedes dicen?

Pero entiéndasenos bien. No acusamos a nadie. Nos referimos a males de la época. El hombre se forja grandes ilusiones, y luego las convierte en verdades declarándolas dogmas. Con el tiempo, ¡las peores fantasías llegan a ser trascendentales y rigurosas verdades! Pero los resultados históricos son denunciadores. La realidad actual acusa el triunfo de las turpitudes y los más bajos atavismos humanos. En efecto, ¿En qué han tenido éxito en sus gestiones los sistemas de Religión hasta ahora, si no es en erigir monumentales Templos que parecen catafalcos donde se sepultan las almas llenas de FE, así como la propia Divinidad que las almas necias, cretinas y malvadas niegan, contradicen e insultan a cada momento de su precaria vida?

Una genuina RELIGIÓN ESPIRITUAL debe fundarse en las necesidades íntimas del individuo, en vez de negarlas, así como en las verdades inmanentes del Universo, en vez de postergarlas. La RELIGIÓN ESPIRITUAL es algo Vital, que nos llena de trascendencia y guía hacia las gloriosas regiones luminosas del Espíritu, donde los materialismos, los psiquismos, los sentimentalismos y la vanidad alentadora de prejuicios quedan completamente aniquilados.

Swami Jñanakanda