“EL DIVINO MISTERIO DEL AMOR”

 

jin jan

 

 

 

Dedicado a los ocultistas, rosacruces, teósofos, espiritualistas, etc.

Muchos autores han tratado de descifrar el por qué de esa poderosa fuerza que se manifiesta en el amor sin poder llegar a profundizar en la Verdad. Ello ha hecho que trate con este cuento,  sencillo si se quiere, de hacerlo comprender de una manera clara por medios científicos, acudiendo a los distintos conocimientos vedantinos extraídos de la filosofía índica y de las distintas concepciones filosóficas de sus Avatares o Instructores, acerca de la Realidad Cósmica, del Absoluto o Raíz sin Raíz y de sus emanaciones vitales, de donde parten todos los seres de la Naturaleza.

Para los que se dedican a los estudios metafísicos y principalmente a los que hayan tenido conocimiento de los Vedas y sus comentarios filosóficos, los Upanishads, les será fácil comprender la esencia del cuento “EL DIVINO MISTERIO DEL AMOR”; a los que no, tendrán mucho que aprender, pero no obstante, buscando en el glosario podrán darse cuenta aunque con dificultad de cuales son los fines que persigue el Autor.

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En una región luminosa más allá del poder Humano, bañada por la brillantez y esplendor del divino Akasha, se desarrolla un drama enaltecedor que para nosotros sería una eternidad incapaz de imaginar, por el corto concepto del tiempo que tenemos al fijarle límites a la Vida, por efectos de la rotación terrestre que nos hace distinguir los días y las noches, y a la traslación de la Tierra en su viaje por el infinito alrededor del Sol que nos da el conocimiento de los años.

Pues bien, durante millones de años fue que se realizó este corto drama que tuvo por personajes a Adi y Anupadaka.

Adi y Anupadaka son dos Purushas sencientes que viven en el Nirvana iluminados por el Divino Logos. Para ambos solo existe la felicidad y el amor, y lo que siente uno lo aprueba el otro, confundidos por las mismas vibraciones felices que los hace amar a todos los Purushas.

Adi ama a los Purushas y Anupadaka lo sabe y a su vez ama también a los Purushas sin saber por qué, pues para ellos no existen los principios de polaridad (pares de opuestos) y jamás han sentido dolor ni se les ha ocurrido pensar en que este existe, así pues, ellos se sienten felices con la felicidad de todos los Purushas.

Cuando Anupadaka ve a Adi corretear alegremente por los jardines del Nirvana, así mismo se cree que es Adi y siente la fragancia de las flores que ella aspira amorosamente iluminada por la inmensa alegría de la gloria del Nirvana.

Pero Anupadaka siempre busca a Adi, porque amándola igual que a todos los Purushas, se siente más atraído por ella, y él no se explica por qué hace esta distinción con Adi ni tampoco se le ocurre pensarlo, ya que esto no motiva preocupación para un Purusha que está muy por encima de las cualidades humanas y por tanto es carente de ellas; igualmente le sucede a Adi y es tanta la alegría que sienten uno junto al otro, que ambos se creen ser los mismos con todos los Purushas, y así, con este inconsciente concepto de la “unidad”, se inundan ambos de felicidad sumergidos en la CONCIENCIA DEL LOGOS.

Un día que Anupadaka dormía, soñó que Prakriti y su hermana Chitta subyugaban a Adi, que llevada por la ilusión se marchaba con ellos hacia mundos desconocidos. Despertó Anupadaka lleno de angustia y al no hallar a Adi a su lado, corrió desesperado por todo el Nirvana sin encontrarla, pues Adi había desaparecido.

Anupadaka había sentido muchas veces a Prakriti y a Chitta cuando robaban a los Purushas y AQUELLO sentía compasión por los Purushas, por eso el prefería no ver a Prakriti ni a su hermana Chitta, pues podía ser algo funesto que perturbara su felicidad, pero ahora era distinto, su Adi había desaparecido y él no podía ser feliz sin ella y resuelto a todo, aún a costa de su propia felicidad, fue a buscar a Prakriti y a Chitta para que le devolvieran a Adi.

Salió del Nirvana en su busca, pero antes consultó con AQUELLO lo que debía hacer y AQUELLO le contestó: Anupadaka, tú serás mi elegido y YO te guiare hacia Adi. Si quieres regresar con ella, has de salvarla. Anda pues, que ya han nacido en ella los deseos de “separatividad” y sólo tú puedes volverla a la REALIDAD.

Obedeció al punto Anupadaka y halló en el camino dos bellas jóvenes ataviadas con espléndidos vestidos cuajados de brillantes y piedras preciosas. Una de ellas, llevaba en el corazón una luz deslumbrante que fascinaba con su esplendor. Anupadaka pensó que esta era Prakriti que tenía el poder de transformarse, pues tal era la ilusión, y se dejó subyugar por ella. La otra joven llevaba un casquete que parecía un sol, de cuyos deslumbrantes rayos partían chispas de intrigantes colores, esta es Chitta, pensó, y dejose abrazar por las dos hermanas, pero desde este momento sintió un gran peso que lo aprisionaba haciéndolo descender a través del Akasha (involución).

En su corazón y en su cerebro brillaban Prakriti (el alma) y Chitta (la mente). Entonces Anupadaka tuvo y guio a las hermanas hacia los mundos extraños que él quería conocer y vio enormes estrellas iluminadas por soles, cuya luz se semejaba a la CONCIENCIA DEL LOGOS y le hacia recordar a Adi cuando correteaba alegremente por los jardines del Nirvana, pero las estrellas eran oscuras y los seres que las habitaban desformes, desagradables y llenos de defectos: de odios, de vanidades, de orgullo, deseos, pasiones, ilusiones, vesanias, etc.

Él ignoraba que era todo aquello, pero sentía compasión a la vez que desagrado por las manifestaciones extrañas de aquellos seres.

No obstante, Anupadaka tuvo miedo de seguir e invocó a AQUELLO y AQUELLO le dijo: utiliza a Chitta en tu favor para que te enseñe a dominar a Prakriti, Prakriti tiene tres atributos, la inteligencia, la sensación y la actividad, pero tú eres YO y YO todo lo  pongo en movimiento, así pues, si quieres regresar a MI, has de utilizar a Prakriti con nobles propósitos. Todas estas palabras las guardó Anupadaka en un recipiente que él llevaba encima de Chitta, al que llamaba la CONCIENCIA, para usarlas más tarde cuando le hiciera falta.

Acto seguido, vio dos seres que unidos en estrecho abrazo se adoraban y de ambos irradiaba una luz (aura), que alargándose hacia él lo atraía con inusitada violencia y se vio envuelto en un vórtice que giraba torbellinescamente a su alrededor. Incitado por Prakriti y alentado por Chitta, Anupadaka no hizo resistencia y dejose arrastrar. ¡Mejor hubiera sido para él no haber obedecido a sus dos compañeras, pues por causa de ella viose reducido a la mas horrible de las esclavitudes!

Anupadaka por pura ingenuidad, obedeció a los sentimientos de Prakriti y a las alentadoras indicaciones de Chitta, y al dejarse envolver por aquel vórtice que lo atraía hacia sí, noto que un nuevo ser lo aprisionaba, pero no pudo distinguirlo porque el lugar en que se hallaba era sumamente oscuro; hizo entonces el esfuerzo por librarse, pero mientras más forcejeaba más se estrechaban sus opresores sobre él, y fue tanto el dolor que entonces sintió en su vana lucha de liberación, que olvidándolo todo quedó en estado de inconsciencia y obligado como autómata a modelar algo, comunicándole su energía.

Nueve meses después de haber ocurrido estos acontecimientos de plena ignorancia para la Humanidad que puebla la Tierra, nacía un niño que asombraría al mundo más tarde por sus maravillosas deducciones filosóficas. Este niño, hijo de unos pobres campesinos, criose en plena Naturaleza, falto las más de las veces de los alimentos necesarios para su manutención, debido a la escasez que por consiguiente arrastra la pobreza consigo. No obstante, esto no era obstáculo para su desarrollo y crecimiento, pues no era amigo de la glotonería. Sus padres lo habían bautizado con el nombre de Arturo, y por rara coincidencia, era Arturo uno de los soles que más brillaba en el firmamento, el que señalaba el punto exacto en que se hallaba enclavado el bohío de aquellos pobres campesinos.

Los vecinitos de Arturo, ansiaban reunirse con él para jugar, pero él los evadía explicándoles ciertas cosas acerca de la Naturaleza, de los seres que la pueblan y de los mundos fenoménicos que brillan en el firmamento, cosa que aquellas mentes infantiles no podían comprender y deducir que Arturito no era un niño como ellos, sino un ser raro ajeno a la infancia que ellos sentían desde otro punto de vista, pues ni sus propios padres hablaban jamás de estas cosas raras que decía Arturito. Y cuando sus amiguitos se cansaban de escucharlo por no entenderlo, Arturito se retiraba a las soledades, gustaba de andar solo para escuchar el melodioso trino de las avecillas y absorber la fragancia de las plantas que florecían arrogantes en aquella tierra maravillosa.

Así fue creciendo Arturito ante el temor de sus padres que lo creían anormal, y siendo siempre el hazmerreir de sus amigos, que al igual que a Budha, lo llamaban con el mote de “SOLITARIO”.

Ya Arturito contaba veinte años y había llegado su fama a lugares remotos del País. Unos decían que era un iluminado, otros que sí sería el Nuevo Mesías y cada uno de acuerdo con sus creencias y conocimientos lo definía a su manera, pero sus amigos le criticaban que con veinte años no había tenido ni una novia siquiera, llegando a poner en “tela de juicio” su virilidad: tal es la opinión humana.

Si le preguntaban respecto al matrimonio, Arturito contestaba: “el matrimonio es un contrato convencional que se realiza en el noventa y nueve por ciento de los casos sin sabor ni verdadero sentido de la Verdad”.

De estas contestaciones deducían sus amigos, que Arturito era muy tímido o no le gustaban las mujeres. Pero Arturito era todo un caballero con las Damas, sin embargo, jamás se le ocurrió decirles una indirecta ni una palabra de doble sentido como lo hacían sus amigos, y viendo claro “en eso que llaman amor”, comprendía que sus amigos se iban perdiendo entre el error y la ignorancia, pues en realidad solo gozaban de los placeres emotivos y jamás se había manifestado en ellos el verdadero sentido de espiritualidad que existe en el amor.

A veces Arturito se sentía melancólico y como si su Espíritu le recordara algo que había dejado por cumplir.

En sus paseos, cuando en la soledad meditaba sobre el amor, sentía que estaba enamorado, pero ¿de quién? Ninguna de sus amigas le atraía con este sentimiento, sin embargo la nostalgia lo envolvía en una tristeza infinita y se sentía impulsado por una fuerza superior a él que le hacia pensar en la necesidad de amar a alguna mujer, ¿pero a cuál? ¿habría nacido ya aquel ser querido que moraba en su conciencia?

Cierto día, los amigos se pusieron de acuerdo para ver como pensaba Arturito acerca del amor, y acudieron a él haciéndole esta pregunta: Amigo Arturo, tu que todo lo sabes, ¿podrías decirnos cómo piensas acerca del amor?

Arturito siempre complaciente, contestoles con su modestia acostumbrada: “el amor, amigos míos, es la sublime expresión del ideal humano, la más alta manifestación del espíritu que requiere como Sacerdote de enlace a la conciencia; es el símbolo de la trasmutación que convierte la cosa horrible, desforme y perversa en la verdadera encarnación de AQUELLO, es decir, que es capaz de transformar a la víbora en mansa paloma y al tigre en simple cordero”, y mientras hacía estas definiciones, un éxtasis infinito lo invadía y se veía reflejar en su rostro la felicidad que hace experimentar el amor.

Hacía tiempo que en la Ciudad, no lejos del sitio en que vivía Arturito, una mujer de extraordinaria belleza, casquivana y aventurera, había promovido escándalos de tal índole que hasta los oídos de Arturito llegaron los comentarios. Este sitió profunda pena por aquella desgraciada y pensó que si él lograra llegar hasta ella, quizás la hiciera arrepentirse de sus emotividades e ignorantes deseos de placeres. Comunicolo así a sus padres, quienes vieronse en la necesidad de disuadirlo. A los primeros consejos Arturito comprendió que debía acceder, pero ya era imposible abandonar su primera intuición, fuerzas superiores a él le obligaban a cumplir con esta misión que para él constituía un deber y cierto día, sin decir nada a nadie, se marchó para la ciudad.

Durante el viaje, él notaba que la tranquilidad le invadía y se sentía satisfecho a medida que el tren devoraba kilómetros y kilómetros deslizándose por los rieles de la vía. Cuando hizo su parada terminal, sintió como que respiraba después de haber estado durante muchos días encerrado en un túnel donde se aspirase una atmósfera malsana y enrarecida.

Nadie en la ciudad sabía darle noticias de la mujer que buscaba, pero él no desesperaba… ¡la encontraría a pesar de todo! y la llevaría por el buen camino, pues así se lo indicaban en sus meditaciones.

Muchos días pasó en su búsqueda, hasta que un día el azar lo puso en la pista, traficando por el centro comercial de aquella ciudad, vio a una elegante Dama de excepcional belleza descender de un lujoso auto. Corrió hacia ella entre asombrado y resuelto y ante la deslumbrante belleza de aquella joven: ¡Adi! Aquella palabra hizo que la joven fijara su atención en él y mirándolo con respetuosa curiosidad, sintió latir su corazón como nunca jamás lo había sentido. Algo le decía a ella que aquel joven se le había aparecido en sueños y que ansiaba el día de encontrárselo en el camino, pero llena de vergüenza por la vida pecaminosa que llevaba, se apresuró a alejarse de él.

Arturo, resuelto, la alcanzó y le explicó que había tenido noticias de ella y que era a ella a quien buscaba, pues una misión importante le llevaba a cultivar su amistad.

La joven, a pesar de su pena, comprendía por intuición, que este interés por Arturo era el amor que tocaba a su corazón, y le escuchaba complacida y llena de gozo en su interior lo invitó a visitarla en su casa.

Arturo, contento con haber alcanzado tanto éxito en su primer encuentro, se sentía como si ya más nada tuviera que realizar en la vida y esperó ansioso el momento de la cita.

Aquella cita y aquel encuentro con Arturo, hicieron meditar a la muchacha hasta altas horas de la noche y al quedarse profundamente dormida, soñó que se hallaba en una región luminosa, corriendo alegremente con Arturo llena de felicidad, pero al soltarse del brazo de Arturo que la acompañaba, un monstruo la había devorado y comenzó a golpear desesperada ene el vientre del mismo para poder salir, y tan fuerte era el eco de los golpes que ella daba, que despertó sobresaltada.

Los golpes que sentía eran los de la aldaba de su puerta, que daba Arturo al acudir a la cita que habían tenido el día anterior.

Se vistió Ada, pues así se llamaba la joven, y corrió apresurada a abrir, casi dormida aún.

Al ver llegar al joven, sintió latir nuevamente su corazón y con gesto muy femenino lo invitó a sentarse.

Arturo esperó paciente a que ella se hiciera su toilette, y cuando estuvo lista, ella se sentó a su lado y le hizo relación del sueño que había tenido.

Ambos se trataban como si se hubieran conocido eternamente, y Arturo, olvidándose de su misión, comprendió que estaba enamorado profundamente de aquella joven y así se lo hizo presente si ella abandonaba aquella vida.

Ada le contestó: Amigo mío, mucho tiempo hace que soñaba haber perdido algo, y como si algo íntimo me ligara al hombre soñado, tenía presentimientos de que algún día había de presentárseme este momento.

Estoy sinceramente arrepentida y dispuesta a seguirte, pues sólo el amor es capaz de purificar a los seres y ahora que conozco este sentimiento, que nunca tuve oportunidad de saborearlo, a ti me abandono por la salvación de mi Espíritu.

Demás está decir lo criticado que fue Arturito, al haberse casado con esta desdichada, pero él era muy feliz y su vida estaba ligada a aquella joven por toda la eternidad.

Fin