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Lección Especial XVIII
Por el Venerable Maestro K.H.
(original en francés)
La Habana, el 12 de febrero, 1951.
Queridos Discípulos,
La organización íntima del compuesto humano es de un tipo particular que corresponde a un mecanismo de alta perfección, y destinado a una dinámica transcendental.
Hemos visto ya como los diferentes centros vitales o chakras del cuerpo humano actúan de una manera bastante independiente, pero de todos modos coordinada, bajo la alta dirección de un centro gubernamental (la pituitaria), así como bajo las órdenes de una alta presidencia o regencia (la pineal). Sabemos igualmente que se trata de un organismo a la manera de una república democrática, per regido por un poder soberano, es decir superior, por cuanto actúa por inspiración transcendental, estando íntimamente ligado a las fuentes mismas de la vida eterna. Esto nos indica, de todos modos, que somos estrechamente ligados a los espacios de la Naturaleza Universal, de la cual somos en todo momento, de alguna manera, el punto central así como el eterno presente en la inconmensurable infinitud de los destinos de la vida.
Una buena comprensión de todo esto se impone si se quiere vivir en armonía con el Universo y participar de manera trascendental en las realizaciones infinitas de la vida. En fin, es preciso comprender bien que según la proyección de nuestra tesis, cada individuo forja su propio destino, por cuanto pone en valor, a su manera y según sus propios intereses, el influjo de motivos vitales que se manifiestan en su centro epigenésico (la pineal). Es ahí que se opera el trascendental fenómeno de la cristalización de los conceptos o la condensación de los motivos vitales. La vida individual se complementa en el sentido de la realización que cada uno escoge mediante su libre albedrio o sus intereses particulares, cuyo centro biodinámico se encuentra en el centro neuroendocrino denominado pituitaria.
Cada persona puede hacer de su vida la realización de su preferencia esta depende incesantemente del poder de su propia voluntad, no siendo otra cosa que la dinámica realizadora de los motivos pronunciados del alma. Cada uno es, en fin, el artesano de su propio destino y esto según sus propios esfuerzos o bien de la laxitud de sus intereses. Hay pues dos factores a tomar bien en consideración: la acción y la pasividad.
El factor activo fluye del Verbo de la Vida debido a sus propias cualidades. Es el sentido de la dinámica creadora y es también la característica del genio.
En cuanto al factor pasivo es más bien negativo, porque contiene de tardanza. Representa igualmente el sentido destructor de los procesos vitales. Es el sentido de la abstracción puesto al servicio de la indiferencia o incluso de la negación puesta en valor por la irresponsabilidad.
Cuando se comprende bien todo esto, uno se da cuenta que las fuerzas opuestas de la naturaleza, como los polos magnéticos contrarios, deben actuar de una manera coordinada por cuanto cada condición representa características naturales indispensables.
Sin embargo, en lo que concierne a los factores vitales, se trata aquí de Principios más que de fuerzas, y es por eso que el activo siempre será creador mientras que el pasivo caracteriza la conservación. Obviamente, estos Principios pueden ser aplicados indebidamente. Por ejemplo, la acción puede ser genial en el artista, trágica en el criminal, fútil en el retórico soñador. La acción está determinada en su género y en su sentido por los motivos cardinales que la inspiran.
Por el contrario, la pasividad es la antítesis de la acción, porque rechaza la dinámica creadora o niega el Verbo genésico de las realizaciones vitales. Esta pasividad no es admisible en el Iniciado como método y esto siempre bajo el influjo del Espíritu dinámico y realizador.
En realidad, la acción y la pasividad no son Principios opuestos ya que la Naturaleza los destina a complementarse. Sin embargo, se oponen de categóricamente cuando se convierten en métodos de aplicación. Las realizaciones vitales pertenecen pues al método activo. El método pasivo es la antítesis del activo.
El individuo que participa en la vida plena del mundo sólo puede ser activo. La pasividad no pertenece sino a las personas imbuidas de mística abstracta, o aficionadas al idealismo desprovisto de todo carácter práctico. Así pues, toda filosofía fundada en hipótesis irrealizables o caracterizadas por dogmas y ensueños sentimentales sin resultado real, no pueden confundirse con la Ciencia, cuyo sentido práctico revela una dinámica creadora. No debe tampoco confundirse la concepción real, lógica o científica con los ensueños místicos y las epopeyas ilusorias, que son el fuerte de los mitómanos y de los cenobitas.
El Discípulo de la Sabiduría Superior no puede confundirse en estos terrenos de realizaciones vitales. Sabe que la acción es la característica del Verbo Eterno y que la vida es una dinámica permanente. Incluso en sus grandes momentos de meditación, así como en el trascurso de la captación de inspiraciones realizadoras, sabe que para él no hay más que fuerzas en acción y dinámica creadora.
Hay en el mundo almas que no logran todavía librarse del yugo de las fuerzas ambientales e invasoras, y algunas se dejan llevar o arrastrar sin que se den cuenta, mientras otras se dejan hipnotizar por fantasías ilusorias o emascular por dogmas. Hay, en fin, aquellos que caen en los meandros insensatos de la ilusión psicopatológica y las alucinaciones condensadas de un misticismo ebrio.
Es necesario saber distinguir la realidad de los ensueños, como también es indispensable comprender las diferencias que existen entre las fuerzas y los Principios. Ahí está la llave mágica de todas las epopeyas de la vida. Pero la vida puede ser una odisea tanto como una divina comedia, o una dicha paradisiaca. La diferencia radica siempre en cómo usamos las fuerzas y aplicamos los Principios. Las realizaciones toman la forma de los métodos que adoptamos en el curso de la vida.
La Iniciación esotérica no plantea ninguna duda en lo que concierne al mecanismo de la vida, porque nos ofrece la plena realización de la Esencia de la Vida en un sentido práctico, y no deja de ser la expresión de la Ciencia Espiritual porque se revela como realización en forma activa y bajo el influjo mágico del genio creador. La vigilancia constante que exige la Iniciación pone ya en evidencia el Principio activo de la Vida, y la recomendación a este respecto de la vida activa y la conciencia dinámica demuestra incesantemente que se trata de enfatizar en todas las formas de energía para asegurar mejor la participación activa de cada uno de una manera trascendental en el maravilloso engranaje de la Vida Universal.
Conozco Discípulos que todavía creen que es preciso romper con el mundo y partir en guerra contra todas las realidades de la civilización a la manera de Don Quijote y que, lanza en mano, se arrojan contra los molinos de viento de sus propias ilusiones y se pronuncian sin cesar de una manera altanera en contra de todas las instituciones. Hay también los que quisieran vivir en grutas subterráneas, o en lo alto de las nubes. A otros, en fin, les gustaría la protección segura de los Santuarios, fijados en las profundidades de Asia, África o de Oceanía. Pero veamos un poco en dónde reside el error de estas almas todavía demasiado atadas al mundo.
El hecho que uno niegue algo no demuestra que uno busca su antítesis Demasiado a menudo se opone uno a las realidades de la vida porque no se las conoce o porque no se tiene el valor de enfrentarlas. El legendario Don Quijote no es más que un caballero de la ilusión y no existiría si conociera mejor la vida y si comprendiese sobre todo que la intransigencia fanática no puede llenar los vacíos del alma creados por una falta de sentido práctico. A estas almas les recomiendo sobre todo que participen de la corriente de la vida real, y que sean como el artesano que no teme mojarse porque sabe que las suciedades que encuentra en el trascurso de la vida no son más que de un carácter externo y no podrían de ninguna manera modificar su alma, ni contaminar su corazón, ni debilitar su conciencia. En cuanto a los que se dejan arrastrar por la corriente de la vida, sin participar en ella, como hojas muertas que se dejan llevar por el viento de otoño o como algas marinas que no conocen rumbo fijo porque son arrastradas por las olas y las tempestades, haría falta despertarles sus sentidos, inyectarles un poco de fuego vital y decirles con voz cósmica que: “Vivir es vibrar; vivir es vigilar; vivir es la realización de una voluntad vivida”. En fin, se les debe hacer realizar la belleza, la grandeza, la majestad de la vida en sus plenitudes universales, pero esto de una manera activa, con un espíritu dinámico, una conciencia viril y un corazón ardiente en motivos transcendentales.
En cuanto a las almas que quisieran enclaustrarse en lugares de refugios, les digo de inmediato que el Verbo Espiritual no es el privilegio ni la exclusividad de ningún punto geográfico como tampoco de ninguna raza o tradición. Por cierto, muchas de estas almas que viven en China, India, Siberia, Java, así como en Arabia y en los obscuros rincones de África no paran de soñar en encontrar la solución de sus problemas entre los civilizados, creyendo encontrar Santuarios de Santidad y Universidades de Sabiduría bajo los reflejos del Tamésis imperial, a las luces de los bordes del rio Sena, a la sombra de los institutos que bañan la Sprée o bajo la magia materializada del Hudson. Igualmente, las almas fatigadas de sufrir los tradicionales yugos e intoxicaciones del mundo occidental, buscan salvarse bajo cielos menos despiadados. Pero en realidad, estas almas no hacen más que huir de sí mismas, porque no tienen el valor de vivir la vida sana que les inspira la Iniciación. Como soldados cobardes, huyen del campo de batalla de la vida, creyendo encontrar en otra parte la solución de sus problemas, cuando en realidad no hacen más que aumentar sus propias desdichas e intensificar los motivos de desesperación. Algunos creen que es necesario visitar la Meca, Roma, Benarés o la Aghartha, y este razonamiento es tan insensato como el de las tribus de la selva que creen tener que ir al fondo de Tombuctú para encontrar la piedra filosofal, el elixir de larga vida o la potencia divina. ¿No sería acaso necesario recordar a estas pobres almas lo que es la vida, y hacerles comprender que la Verdad no está donde se la busca sino más bien donde está el buscador? No es tampoco lo que quisiéramos que sea, sino que es la Esencia de lo que conscientemente no se logra ser.
El Discípulo que se encuentra encarcelado no está verdaderamente en prisión mientras no tenga el alma culpable o la conciencia de un criminal. Este Discípulo hace de su cárcel un Santuario más maravilloso que las más ricas y suntuarias Catedrales. Este Discípulo de alma emancipada, conciencia esclarecida yl corazón puro, puede caer en el maelstrom de la civilización material o incluso en las más asquerosas cloacas, sin que ello afecte de ninguna manera su destino ni el dominio que posee sobre si propio. El verdadero Discípulo es un Caballero de genio que no se deja reclutar ni esclavizarse por las circunstancias, porque sabe poner en valor los Principios que lo inspiran, logrando realizar en un sentido práctico las más bellas concepciones de las cuales gusta, aprender y adornarse.
El autodominio no puede cesar de ser la medida de la vida del Iniciando. El ejercicio de la voluntad permanece para siempre como la fórmula que templa el alma y fija el destino.
Hagan sus ejercicios diariamente. Quiero decir los ejercicios mentales y físicos, pues espero que siempre se acuerdan ustedes de ellos, y que también comprenden siempre que son destinados a poner en valor los Principios Universales de orden espiritual de los cuales no ceso de hablarles.
Puedo escuchar a Discípulos que se dicen a sí mismos: “Esto es muy cierto, pero no es para mí”. Hay algunos también que creen no necesitar, en absoluto, hacer estos ejercicios porque tienen la impresión de ser ya bastante perfectos. A estos últimos les diré que mientras uno vive, no es completamente perfecto pues siempre hay algo que aprender o un largo camino que recorrer, a menos que seamos un misionero de Dios.
Pero también ¡cuántas almas alucinadas se creen debidamente informadas por las entidades de los planos invisibles e inclusive enviadas por Dios en persona! Naturalmente, es siempre para su beneficio y todos los derechos le están reservados. ¿No es acaso lógico que continúen su camino sin necesitar de Guía o asistencia? Sin embargo, se debería preguntar a estas pobres almas por qué todavía están buscando y qué es lo que están buscando, por qué sufren y con qué objetivo viven, si todavía participan plenamente de las complejidades de los bajos mundos.
Verdaderamente, la vuelta a la sanidad se impone. Y esto no lo digo solamente para el mundo profano. Demasiados Iniciandos olvidan con los años los preceptos primordiales de sus primeras lecciones. Demasiados olvidan también que sin esfuerzo no se puede verdaderamente conquistar los planos superiores, y ni siquiera dominar los planos inferiores. Mientras el alma sea capaz de pasiones bajas, odio, celos, mentiras, o del más simple desprecio, está encadenada a los infiernos. Mientras la conciencia pueda generar pensamientos dudosos, negativos o criminales, todavía está encadenada al veneno de los planos primitivos de la vida. Mientras el corazón sea capaz de rechazar la Esencia de la vida bajo cualquier forma porque no le conviene, es porque está imbuido de elementos nocivos al Verbo de la Vida, antagonista al Espíritu Universal, en fin, opuesto a las realizaciones divinas.
Les hablo muy seriamente. No crean que me es agradable recomendarles sin cesar lo mismo una y otra vez y tener que repetirles, porque soy una persona muy ocupada y hay tanto que hacer en este mundo. Ustedes tienen todo por ganar actuando con diligencia y en toda conciencia. Ustedes tampoco tienen tiempo que perder pues cada deber que se les escapa es un nuevo motivo de sufrimiento. Por cierto, la vigilancia es siempre un seguro de vida contra las desdichas, así como contra el crecimiento de las bajezas y de todas las trágicas consecuencias en el fondo del alma.
Ustedes bien lo saben, detesto toda pérdida de tiempo pues la considero como una de las formas de la impostura. Las almas sinceras siempre son honestas para consigo mismas y por consiguiente siempre actúan sin cesar en plena conciencia.
No tenemos por supuesto la intención de imponerles una norma de conducta. Nos limitamos a indicarles lo que es conveniente e incluso indispensable. Pero es a ustedes escoger y actuar en conformidad.
Los Bendigo a Todos.
Maha Chohan
KUT HUMI LAL SINGH
















