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Lección Especial XVI
Por el Venerable Maestro K.H.
(original en francés)
La Habana, el 29 de enero, 1951.
La Bodha nos rehabilita en nuestros derechos naturales, y todas las Enseñanzas y prácticas que incluye tienden a reintegrar el individuo al sentido primordial de la Naturaleza, así como a reafirmar la vida en sus condiciones fundamentales, puras y dinámicas.
La Bodha no es, por tanto, una doctrina o un conjunto de libros reveladores, sino más bien una experiencia que nos hace sumergirnos en el seno del Universo e irradiar en todas las direcciones en los reinos del Infinito. Insistamos bien en esto, porque más lo reflexionemos, más descubriremos que se trata de un proceso que sobrepasa todas las doctrinas y todas las ortodoxias, y que incluso demuestra la inutilidad de los dogmas o más bien su insolente esterilidad desde el punto de vista espiritual.
La Bodha es por tanto el descubrimiento de la Verdad en uno mismo y por uno mismo, pero sin aferrarse a ninguna forma de metafísica o sentimentalidad; mejor aún, sin recurrir a ninguna forma de abstracción o de ostentación mística. La Conciencia Espiritual (BODHA) nos rehabilita por la vía de la Dinámica interior, sin hacernos perder contacto con lo exterior y sin renegar de los bajos planos de la vida, sin ascetismo, sin mimetismo psicológico, sin negación de sí mismo y elevándonos hacia las esferas radiantes de la Verdad infinita y absoluta.
Esta Conciencia Espiritual no se apoya de ninguna manera en conceptos, sino más bien en realizaciones y certezas forjadas en nuestros fueros íntimos, mediante una voluntad de vivir, de comprender, de sentir y de saber, sin renegar de los imperativos de la vida, sin tampoco crearse un Norte o una finalidad ilusoria, fantasiosa, con un sentido cosmológico o teológico apriorístico.
La BODHA es el Yo individual disuelto en el YO Universal, por la vía de la dinámica vital que nos lleva a identificarnos con la vida en todas sus formas y a participar de sus condiciones íntimas (misterios).
La Bodha no cultiva lo maravilloso como motivo de fe o como finalidad religiosa. De ahí que no tenga ninguna necesidad de dogmas o cosmología. Hace resplandecer las cualidades de cada uno con el propósito de descubrir las condiciones correspondientes en todo el Universo. En esto representa, de alguna manera, una forma de psicoanálisis supranatural o divino, apuntando a revelar los secretos íntimos de cada uno, con el objetivo de descubrir, los de la Naturaleza Universal. El hombre es por condición innata puro, porque el Espíritu es perfecto. El hombre es pues por naturaleza, bueno, pero su vida esta falseada por la educación, o por la influencia del ambiente que lo rodea, o por herencia biológica o kármica y, en fin, por la falta de interés vital adecuado. Pero hemos de convenir, sobre este punto, que el hombre es sólo el caparazón exterior o sombra de una Esencia vital a la que llamamos ESPIRITU, y este Espíritu es perfecto y Universal. Este Espíritu está individualizado únicamente por las formas organizadas que llamamos comúnmente individuos, pero que en realidad son más bien unas entidades personalizadas que se caracterizan por su “divisionismo” y su separación persistente del Gran Todo Universal.
La vida ideal, consecuentemente, consistiría en saber reintegrarse espiritualmente, liberándose de este cascarón convertido en fortaleza del egoísmo o de esta sombra convertida en impenetrable muralla de vanidad, fanatismo, ilusiones hipnóticas y alucinaciones cosmológicas.
La Bodha nos enseña pues a emprender el regreso a la Naturaleza Universal, volviendo uno mismo, es decir rehabilitando la Verdad en uno mismo y por sí mismo, así como para uno mismo.
La Bodha bien practicada, bien realizada, nos restituye al Verbo de la Vida, en el más puro sentido espiritual, y es así que enseña a las personas a vivir fuera de todo complejo psicológico y libres de cualquier atadura ilusoria o tiránica.
Cuidémonos mucho, sobre todo, de no cometer aquí el error de querer interpretar mis palabras. No se trata de interpretarme, sino de comprenderme y seguir mis enseñanzas. Interpretar es prestar a los conceptos de otro, un sentido que nos conviene. Es, pues, arreglar las cosas a nuestra manera y en nuestro beneficio.
Los grandes errores en el curso de la vida surgen principalmente de la interpretación, cuando más bien deberíamos dar testimonio de percepción y realización. En la interpretación, la ecuación personal se acomoda de una manera más bien egoísta, mientras que en el testimonio de la realización íntima se opera un ajuste, un perfeccionamiento, en fin, una rehabilitación íntima. Debemos cuidar mucho de no viciar la Verdad cultivando un juicio de carácter egoísta, pues la realidad de la vida no se modela a la imagen personal de cada uno solo en nuestra propia imaginación.
Es necesario cultivar la Verdad en sus propias dimensiones, es decir en la realidad misma, tal como nos es dada para tomar conciencia de ella, y esto con nuestros propios medios. Ahí hay material para muchas meditaciones, y eras cósmicas podrán sucederse sin lograr cambiar nada en ello.
La evolución de la vida prosigue en todos los planos mediante la Conciencia, y es esta misma Conciencia la que permite domar los imponderables de la Naturaleza tanto como cultivar los más mínimos motivos. Nuestro interés primordial debe pues condensarse en una proyección destinada a rehabilitarnos, es decir a mejorar nuestro ser y nuestra suerte. Cuando uno se hipnotiza con dogmas, y cuando uno se pierde en las nubes místicas o metafísicas no se perfecciona, simplemente nos extasiamos ante lo ilusorio y nos estancamos en la fantasía. Eso está bien demostrado por el hecho que uno puede rendir culto a los grandes Maestros de las épocas pasadas repitiendo sus enseñanzas como cotorras, sin a pesar de ello liberarnos de nuestros propios vicios, limitaciones e incapacidades morales.
Hay también personas siempre dispuestas a criticar a los demás. Es una forma de autodidactismo e ilusión, porque la Sabiduría indica la necesidad de proseguir en los esfuerzos que conducen hacia una mejor realización de la vida en uno mismo y alrededor suyo. Pero uno va a la escuela para aprender, y esto porque no se es perfecto. También es preciso comprender que el mundo es una gran escuela.
La mejor forma de cultivar las mejores condiciones de la vida es saber sumergirse en lo hondo de sí mismo y asegurar allí las condiciones que corresponden a nuestro ideal. Es lo que llamamos AFIRMACIÓN.
El método de la afirmación consiste en afirmar condiciones en uno mismo, con el fin de anclar firmemente en nosotros sus principios y esencias, hasta condensarse en realidad concreta. Esta es una forma activa de la vida bajo el imperativo del Verbo de la Voluntad.
También existe la forma pasiva de la afirmación, que es la Esperanza. Pero la esperanza depende del exterior mientras que la afirmación descansa sobre lo íntimo de nuestro ser.
Cuando se comprende bien esto, solo puede sentirse uno adicionalmente vitalizado e iluminado, pues esto involucra una forma grandiosa de Conciencia que nos lleva hasta las formas más trascendentales de realización de la Vida.
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Insistamos en nuestras prácticas de meditación y ejercicios físicos, con el fin de desarrollar bien tanto los cuerpos invisibles como los visibles, para tomar plena conciencia de las realidades de los planos en las cuales nos desenvolvemos, en fin, constituirnos en viviente expresión de los ideales que nos inspiran.
Recuérdense también que su tarea consiste en reintegrarse en el Seno Sagrado de la Esencia de la Vida, a lo Divino que es Espíritu Universal.
Permanezcamos en Comunión Espiritual permanente, vibrando en armonía con las mejores fuerzas del Universo y según nuestros mejores designios. Seamos así los Artesanos del destino glorioso de las almas verdaderamente liberadas.
Maha Chohan
KUT HUMI LAL SINGH
















