Parlamento del Hombre

Inventar nuevas formas de democracia parlamentaria

¿CÓMO GOBERNAR EL MUNDO?

A menos que se ceda a la utopía de un gobierno mundial o de un directorio de las potencias en un mundo uni-multipolar, la cuestión más importante que tiene planteada la comunidad internacional (que no debería verse reducida únicamente a las potencias occidentales o industriales) es inventar formas de gobierno adecuadas para los retos que ya son planetarios.

Jean Tardif: Investigador, Quebec. Jean Tardif&int.mri.gouv.qc.ca) 

 

La globalización ha hecho que evolucionara la esfera pública, no hacia un mundo sin soberanía, sino más bien hacia un espacio en el que ya no son viables las fronteras limpiamente trazadas a la vista de los actuales retos supranacionales. De ahí las situaciones de soberanía compartidas, con más precisión, la necesidad de articular diversos órdenes de soberanía. A diferencia de las instituciones del sistema internacional westfaliano (1), y como los Estados ya no son los únicos actores sujetos, una parte de sus funciones legislativa, judicial y ejecutiva deberá ser ejercida a un nivel supranacional encontrando nuevas bases de legitimidad.

La mutación de la información constituye el corazón y el núcleo de esta dinámica. Al igual que ha redefinido las relaciones de los agentes económicos, amplia a escala planetaria el campo de una “batalla de los espíritus” por el control de los códigos culturales de las sociedades. La fusión AOL – Time Warner – EMI es un buen ejemplo de la importancia de tres retos ligados a lo que el presidente AT&T llama “el imperativo de la ubicuidad” para esas empresas globales: acceso a la clientela en cualquier lugar del mundo, infraestructuras apropiadas y contenidos.

BATALLA POR LAS IDENTIDADES

¿A qué grado de concentración de los medios de producción y difusión habrá que llegar para tomar conciencia de la amenaza estratégica que pesa sobre uno de los bienes comunes más preciados de la humanidad: el derecho de los individuos  a una identidad cultural diferenciada? Frente a todos aquellos que querrían reducir los intercambios culturales a sus exclusiva dimensión comercial, la batalla por la identidades reviste una importancia mucho mayor que en la época en que el novelista americano Upton Sinclair podía afirmar que “gracias al cine, el mundo se unifica, es decir, se americaniza” (2). Y tiene necesidad de inventar, al margen de la Organización Mundial de Comercio (OMC), un régimen específico de intercambios adecuados a los imperativos de la soberanía cultural.

Después del fiasco del Acuerdo Multilateral sobre las Investigaciones (AMI), las manifestaciones de Seattle y su preparación, pusieron de manifiesto el potencial de las técnicas de comunicación para inventar variantes en los debates democráticos a escala planetaria. Hay que aprender la lección. Sin ignorar el problema de legitimidad de los agentes particularmente dinámicos que son los movimientos de ciudadanos (sindicatos y, sobre todo, asociaciones) frente a las instancias de decisiones procedentes de la democracia representativa, ¿no se podría animar la emergencia de una “sociedad civil mundial” instituyendo una especie de Foro permanente de las interdependencias? Lejos de estar reservada solamente a los diplomáticos, y de desarrollarse a puerta cerrada, esta conferencia diplomática informal utilizaría las posibilidades de Internet para suscitar y canalizar los debates y discutir, sistemáticamente, los asuntos antes de las reuniones internacionales. Los gobiernos presentarían con antelación las posiciones que pensaran defender y todo ello permitiría seguir el desarrollo de las negociaciones formales o de reuniones informales, como el Fórum de Davos o las reuniones del G7.

En esta configuración, “el Estado-nación tendrá como funciones centrales legitimar vigilar – porque ante de él tendrán que responder de sus actos – los mecanismos de gobierno supranacional y subnacionales” (3). En última instancia, obtendría su legitimidad de la capacidad que tuviera para asegurar el lugar de un país en el mundo, es decir, de participar con los demás Estados y los demás actores en la construcción y gestión de las redes de interdependencias.

Esta responsabilidad inalienable se impondrá sin duda antes que en cualquier otro lugar en los países pequeños, que encontrarán en ella la verdadera justificación de su soberanía. Y entonces se podría concebir, junto al orden internacional existente y, en particular, el sistema de Naciones Unidas que continuará, mejor o peor, teniendo un papel (aunque naturalmente modificado) fórmulas inéditas de geometría variable. Agruparían actores públicos y privados en torno a proyectos de interés común, para poder actuar como sujetos responsables en un marco de responsabilidades compartidas, abiertas y evolutivas.

Esos regímenes contractuales tendrían el mérito de estar mejor adaptados a la diversidad y a la especificidad de los retos. Así, junto al sistema puesto en marcha durante los últimos cuarenta años para los intercambios de bienes y servicios, bajo los auspicios de una OMC, cuyas reglas de funcionamiento habría que cambiar evidentemente, se crearía un régimen distinto adaptado a la especificidad de los intercambios culturales que tendría en cuenta también los principios de multifuncionalidad (como en la agricultura), precaución, diversidad y reciprocidad. Los derechos humanos, la bioética, el medio ambiente, etc., también tendrían sus propias instituciones.

Retomando, y prolongando, la idea propuesta por Jacques Delors (4) de crear un consejo de seguridad económica mundial, convendría poner en marcha un consejo de seguridad cultural mundial, o consejo cultural mundial. Estas dos instancias no deberían ser copias del Consejo de Seguridad de la ONU, sino foros público de debate y propuestas, abiertos a los diversos actores públicos y privados que funcionaran de manera fundamentalmente virtual, apoyándose de forma eventual en consejos regionales. En este marco podría elaborarse un régimen contractual de la diversidad y los intercambios culturales, para que algunos organismos más formales pudieran asumir sus aspectos reglamentarios.

Como el Foro Permanente de las Interdependencias, al que podrían estar ligados en principio, esos consejos se colocarían bajo la dirección de un grupo de personalidades reconocidas, y los debates podrían ser conducidos (y animados) por especialistas de distintos horizontes. Sin tener la pretensión de crear “ciudadanos de la mundialización”, o de suplantar los debates nacionales, esas instancias informales podrían estimular la discusión de los retos supranacionales en los Parlamentos Nacionales. Abriendo la posibilidad de que es expresen quienes no son invitados a Davos, ni son accionistas del Fondo Monetario Internacional (FMI), podrían contribuir a controlar un poco la globalización al introducir consideraciones que no fueran puramente mercantiles, al mismo tiempo que un principio de control democrático y sociocultural.

EL ARTE DE LA ASOCIACIÓN.

Podría pensarse que la actual situación geo-política y geo-económica anima la carrera hacia el gigantismo y confiere una ventaja a los poderosos. Una ventaja bien admitida por quienes, temiendo la “proliferación de Estados” parecen estimar que los problemas del mundo son fruto de una falta de “liderazgo” y que, sin el peso de Estados Unidos, el mundo sería menos estable. Sin embargo, incluso los defensores de un mundo unipolar o de un marco interestatal rígido, se ven forzados a admitir la existencia y el papel de nuevos agentes en la escena internacional. Los primeros estudios de los resultados de las megafusiones podrían plantear preguntas análogas a las que pusieron fin a la moda de la diversificación de los años 80, y hacer aparecer el indispensable papel de los agentes pequeños (5) como el de los países pequeños en la dinámica mundial.

Igualmente los espacios lingüísticos, en especial los que agrupan a los Estados del Norte y del Sur, podrían constituir una de las geometrías variables mencionadas arriba. Hay espacio para alianzas prometedoras, por ejemplo, entre francófonos e hispanófocos con el fin de lanzar una iniciativa original, quizá ejemplar, susceptible de expresar concretamente  el valor y el dinamismo de la diversidad cultural.

Para probar e iniciar estos proyectos, se podría crear una asociación con vocación mundial, formada por un grupo  de personalidades de diversos orígenes, para confrontar el desafió central de la era planetaria, construir las redes de interdependencias para favorecer el ejercicio de la responsabilidad.

Los fracasos del AMI y de Seattle ponen de manifiesto que la nueva democracia que hay que construir no puede reducirse a consultas electorales ocasionales. También tiene que afirmarse en mecanismos permanentes que permitan a ciudadanos, cada vez mas numerosos, participar efectivamente en las decisiones que les conciernen – e escala local, nacional, regional o mundial – y de las que, durante mucho tiempo, han sido excluidos por los gobiernos que debían representarles. La ciudadanía, vivida durante mucho tiempo como una adquisición pasiva, debe ahora imaginar los medios para poder ser ejercida como un compromiso a diversos niveles.

La globalización no es un fenómeno predeterminado, y no significa ninguna fatalidad. Después de haber estado gobernada únicamente por el mercado podría abrir el camino a determinadas formas de democracia planetaria que condujeran, mediante fórmulas inéditas y múltiples, a reinventar el arte de la asociación (la ciencia madre para Tocqueville) al servicio del arte de la representación. En un mundo que seguirá siendo inestable e imprevisible, sería ilusorio pensar que la geopolítica y la geoeconomía se van a definir únicamente por la interacción entre los grandes bloques, o por la acción de una oligarquía.

Como no se puede esperar que la iniciativa de este cambio llegue de quienes tienen la impresión de gobernar el mundo ¿no debería ser esta la principal tarea que espera a los países pequeños?

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  1. Convencionalmente, hay que remontar el sistema internacional, basado en la soberanía de los Estados, al tratado de Westifalia (1648), que puso fin a la guerra de los treinta años.
  2. Citado por André Fontaine. Le Monde 3 de agosto de 1999
  3. David Hirst citado por Manuel Castells, L´ere de I´nformation (vol. II Lê Pouvoir de I´identité), Fayard, Paris, 1999
  4. Lanzada en entrevista  con Le Nouvel Oservateur (25 de junio de 1998 y 17 de septiembre de 1999), esta idea ha sido retomada por el congreso de la  internacional Socialista de octubre de 1999.
  5. En el Internacional Herald Trinbune del 27 de enero de 2000, William Ptaff señala los desastrosos resultados de algunas megafunsiones.

Tomado de LE MONDE DIPLOMATIQUE – abril 19 – 2000

APOYO MORAL Y ESPIRITUAL INCONDICIONAL A LA

ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS

Aunque de ninguna manera interesada en la política, la Alianza Universal ha contribuido considerablemente hacia la estructuración y desarrollo de la Organización de las NACIONES UNIDAS. Comprendemos, desde luego, que sólo una superestructura Internacional puede permitirse algunas medidas restrictivas entre las muchas naciones, así como de ayuda mutua en tiempos ya sea de caos político, discriminación racial, absolutismo religioso, y supranacionalismo o amenazas súper armadas. Además, todas las naciones deben ayudarse en la promoción de la Dignidad Humana y encontrando el curso moral correcto y los debidos designios Espirituales. Es por ello que la ALIANZA UNIVERSAL emite Mensajes especiales de Guía periódicamente a las naciones y gentes del mundo entero, y sostiene también una Meditación mensual por el fortalecimiento y mayor éxito del organismo de las Naciones Unidas.

La organización de NACIONES UNIDAS es indiscutiblemente una institución operacional necesaria a través de la cual todas las naciones del mundo logran una mejor comprensión de sus propios problemas y puede encontrar soluciones de interés mutuo. Si no existiera, tendría que ser establecida. Sin embargo, debe implementarse con una función Mundial Legislativa y Ejecutiva así como con un Tribunal Mundial y una Fuerza Policíaca Mundial.

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Tomado de: Guía del Miembro
Original en Inglés
Textos completos a disposición de los interesados

África, un continente que afronta las siete plagas


Anualmente mueren 4 millones de menores de 5 años por malaria y, este año, 2 millones de personas perecerán de sida. Además, por cada 2 dólares que recibe en ayuda debe abonar 1 dólar a la deuda. Por eso fue un alivio el anuncio reciente de que los países más ricos del mundo (G-8) perdonarán la deuda de 14 países africanos.

Salud, una bomba de tiempo

"Una bomba de tiempo", según el informe Blair, es el problema de salud: el acceso a la medicina es privilegio de unos pocos y no uno de los derechos humanos.

En este continente muere más gente por enfermedades que en otras partes del mundo son casi inexistentes. En Nigeria, por ejemplo, se han diagnosticado más de 1.300 nuevos casos de polio desde el 2003.

Uno de los orígenes del problema está en que más de 166 millones de personas viven en condiciones paupérrimas. Y más de 300 millones de personas (un 42 por ciento del total de la población) no tienen acceso a agua potable.

Una décima de todas las enfermedades que sufren los niños africanos es causada por parásitos intestinales, que infectan a 200 millones de personas, cuyo tratamiento es menos de 25 centavos de dólar.

Otras enfermedades como la malaria matan cada año a más de 4 millones de niños de menos de 5 años. La mitad de ellos podrían salvarse si sus padres tuvieran acceso al diagnóstico y a las medicinas, que cuestan menos de 1 dólar por dosis.

Corrupción

"Usted tiene que rociarme", es la versión nigeriana del "¿Cómo voy yo?" y traduce "si no pagas, no hay negocio". Nigeria, según Transparencia Internacional, es el segundo país más corrupto del mundo, después de Bangladesh.

Pero el problema no es solo nigeriano. La Unión de Países Africanos, que reúne a los gobiernos de la región, admite que la corrupción le cuesta al continente más de 150 billones de dólares, la mitad de la deuda externa continental.

El combate de la corrupción es justo el único requisito que está haciendo el Grupo de los Ocho para condonar la deuda externa de los países más pobres del mundo.

Aunque la corrupción es ilegal en toda África, afecta todas las estructuras sociales. El "dash" o mordida es lo que busca el policía de tránsito en Lagos (capital comercial de Nigeria), cuando detiene al vehículo que luce mejor cuidado con cualquier excusa, pero deja pasar al destartalado y sin puertas ni retrovisor.

Pero también está en el Gobierno y en la empresa privada. Por ejemplo, esta semana fue destituido el vicepresidente de Suráfrica, Jacobo Zuma, por un escándalo de corrupción.

"El problema es que para nuestra cultura la corrupción no es un delito, es solo un abuso de confianza y hasta que no se cambie esa forma de pensar la corrupción seguirá", dice Fade Mbu, profesora de economía nigeriana, quien estima que la mitad del dinero que entra por petróleo en su país va a las cuentas privadas y no a mejorar las condiciones del país.

Cuatro décadas de guerras

Las guerras civiles, así como conflictos étnicos y religiosos, han dejado "un río de sangre en África del tamaño de Bogotá", según un funcionario de la ONU.

La metáfora parece una exageración, pero no es tal si se piensa que África ha experimentado más conflictos violentos en las últimas cuatro décadas que todo el resto del mundo.

En este lapso, muchas regiones han vivido guerras, desde los siete o más países envueltos directamente en el conflicto de la República Democrática del Congo hasta la crisis de Sierra Leona y la guerra entre Etiopía y Eri-trea, sin contar otros conflictos.

El saldo: más de 9,5 millones de refugiados y cientos de miles de asesinados. Algunos analistas consideran que si la escala de destrucción y combate de África en las últimas décadas hubiese ocurrido en Europa, le llamarían la Tercera Guerra Mundial.

El Comité estadounidense para los refugiados señala que aproximadamente 9 millones de personas ya eran refugiados y desplazados internos antes del 2001.

Darfur, en Sudan, es el caso más conocido, donde al menos 180 mil personas han muerto y otros dos millones han huido de sus hogares, por enfrentamientos entre el Gobierno, de corte musulmán, y los rebeldes.

Más de 4 millones de personas murieron en el Congo, mientras que conflictos locales en Nigeria dejaron al menos 10 mil vidas perdidas y más de 800 mil desplazados, entre 1999 y el 2003.

Según el informe de Blair, la violencia en África ha costado más de 2,86 billones de dólares solo en el mantenimiento de tropas de paz de la ONU hasta junio del 2005, a lo que se suman más de 7 billones de dólares en ayuda humanitaria entre 1995 y el 2001 en diferentes zonas de guerra.

Sida, el arma más letal

Esta escalofriante pandemia en África tiene a más de 26 millones de seres humanos infectados (el 57 por ciento son mujeres). Pero otros 25 millones ya murieron por esta causa. Por esto, la expectativa de vida en el continente está por debajo de los 40 años (en Latinoamérica el promedio es 72 años). El Informe Blair sostiene que se necesitan 25 billones de dólares al año 2015 para atender el problema.

El estudio sobre enfermedades infecciosas, del Instituto de Ciencia y Tecnología del Reino Unido en África, dice que en Suráfrica el 25 por ciento de la población está afectada por sida. Según el Informe Blair, en Botswana cerca del 40 por ciento de su población está afectado por el sida.

Zambia es otro de los casos graves. Aunque no hay un cálculo de cuántos niños puede haber en prostitución (la pobreza hace que los padres vendan a sus hijos), se afirma que el 71 por ciento de los niños que trabajan en esto tienen ya problemas de sida.

De otra parte para el 2010, en ese país, uno de cada tres niños nacerá huérfano por tener padres con sida: en total, serán 18 millones de menores en esta dramática situación.

Pobreza

En Etiopía son identificados como "los que cocinan agua". Esta es el área del mundo donde más pobres hay. De los 42 países que tienen menor desarrollo, 29 son africanos.

Más de 340 millones, 40 por ciento de los 850 millones de habitantes de África, viven en pobreza absoluta: con menos de 1 dólar por día.

Este es el único continente donde la producción económica por persona ha declinado consistentemente desde 1980, cuando se estimaba que el ingreso anual por habitante era de 752 dólares. Hoy ese ingreso ha bajado a menos de 365 dólares anuales.

Argumento que ha utilizado Tony Blair para pedir a sus colegas de los ocho países más poderosos del mundo perdonar la deuda externa a 14 países africanos. El informe de Blair se pregunta qué hace a la gente pobre, con la respuesta inmediata de que es la ausencia de un crecimiento económico en las décadas recientes.

A 21 años de la hambruna que mató a millares de personas en Etiopía, alrededor del 34 por ciento de la población está desnutrida, más del doble de la cifra para el resto del mundo en desarrollo. El hambre mata más niños que todas las enfermedades infecciosas del continente (sida, malaria y tuberculosis) juntas.

Además, el promedio de la expectativa de vida en África es de 46 años, comparado con 63 años en el sur de Asia, mientras que en Latinoamérica es de 72.

El acceso a agua potable ha caído debajo de los niveles del resto del mundo en desarrollo: 58 por ciento en África en el 2002, comparado con el 84 por ciento en el sur de Asia.

La esclavitud

"Le compro esos muchachos", es una oferta nada inusual en África. La esclavitud sigue siendo una realidad del siglo XXI: se estima que la esclavitud se practica en al menos 49 de los países africanos.

Unicef estima que son millones de afectados por el tráfico humano, la actividad económica más lucrativa en África occidental, excluyendo armas y drogas.

En Nigeria se estima que hay más de 15 millones de niños esclavos. En Sudán, los bandos en conflicto secuestran a niños de las tribus enemigas para usarlos como carne de cañón en el frente de batalla.

Se cree que uno de cada dos rebeldes se han hecho combatientes a la fuerza. El año pasado fue detenida una mujer y el chofer de un bus cuando viajaban por una carretera marginal en el norte de Nigeria, con 60 niños provenientes de países vecinos como Benin y Chad. La mujer admitió que los había "comprado", pero que su objetivo era "darles una mejor vida".

Con frecuencia son los padres los que hacen la venta de sus hijos, que ante la promesa de obtener unas cuantas monedas aceptan que sus hijos sean usados como sirvientes en la casa de gente rica y en plantaciones agrícolas. Las niñas son vendidas a menudo para uso en servicio doméstico o prostitución. En Mauritania y Níger la gente de clases sociales bajas es vista y tratada como potenciales esclavos.

La época de los "dinosaurios", como se llamaba a los dictadores de largo término, no está del todo erradicada. Aunque hoy ese tipo de gobiernos son una minoría –más de dos terceras partes de la África subsahariana cuenta con elecciones multipartidistas, algunas más libres que otras–, la democracia del continente está lejos de ser perfecta.

En Zimbabue sigue en el poder Robert Mugabe, un ejemplo de gobierno dictatorial y de corrupción desmedida, de esos que contaron en los 70 con el soporte o "mirada blanda" de E.U. y Europa.

Y en Nigeria se cuenta que en el 2003, cuando fue reelegido por segunda vez Olusegun Obasanjo, este les pidió a sus copartidarios que le garantizaran 2 millones de votos en su ciudad natal. Y así se registró en los resultados electorales, aunque la ciudad cuenta solo con un millón 800 mil habitantes.

Tomado de:
MARÍA VICTORIA CRISTANCHO
Para EL TIEMPO
Desde LAGOS (NIGERIA)

Birmania
Una de las figuras más destacadas y admiradas hoy en el mundo