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Barcelona, a 23 de marzo de 1964

Mr. Luis Roque
Executive Secretary
Inter-Américan Commission on Human Rights
PAN AMERICAN UNION
Washington
, D.C.U.S.A.

Distinguido Señor:

Su amable comunicación de fecha 10 de marzo está en mis manos. Me llegó en un momento más bien confuso, ya que mi Visa de Visitante se está ahora terminando aquí, y estoy sufriendo un renovado fallo del corazón. Tuve un infarto cuando estuve prisionero en la Habana hace tres años, y se me negó toda atención medical, tal cual lo expuse anteriormente.

He gastado una buena cantidad de dinero solicitando una Visa de Residencia en casi cada país cristiano en el hemisferio occidental, pero hasta ahora aún no he encontrado ni uno solo dispuesto a ofrecerme la referida Visa de Residencia, o Permiso de Residencia Permanente. Mi pasaporte cubano es mi peor enemigo, ya que numerosos países se amedrentan con él, y dondequiera merezco los tratamientos reservados a la gente indeseable, comunista o entidades antisociales. Mis dos años de aprisionamiento en Cuba no tienen ninguna importancia, ni las circunstancias que rodearon mi liberación de este infierno. Todo lo que escucho es “tiene que ser usted comunista, usted viene de Cuba”, o ¿“Cómo podemos saber si no es usted comunista”? Otros países simplemente me patean fuera tal cual un desecho o alguna clase de parásito cósmico. Esto es una situación de la más desesperada.

No siento, por cierto, el coraje como para tocar a las puertas de ningún país comunista, ya que yo sé lo que infaliblemente habría de ocurrir. Sería pronto deportado a Cuba, o aprisionado como un carácter indeseable. Ese es el sino de los refugiados hoy día, y hay numerosos centenares de miles como yo, errando en este mundo, incapaces de encontrar un pedacito de este planeta de Dios con bastante cristiandad como para ofrecerles un trato cristiano. ¿Es qué no hay verdaderamente ninguna solución a un tal y tan trágico problema?

¿Es qué el Buro de Refugiados de las Naciones Unidas y la Comisión Inter-Americana para los Derechos Humanos no pueden hacer algo? – Sólo pido el derecho a vivir tanto como Dios quiera, y de ser útil a la humanidad en lo que cabe en mis propias posibilidades. Aún me considero como un hombre capaz, y capaz de dar tanto más, que sea en África, Asia o en las Islas Pacíficas ¡No me importa dónde! Con tal que sea un pedazo de tierra donde pueda yo disfrutar el derecho de vivir, de acuerdo con estos maravillosos principios de que alardean tanto cristianos y demócratas como la gente culta. Nunca hubiera soñado, por cierto, el dejar Cuba, si hubiese sabido que hubiere tenido que gastar más de dos años para  encontrar un país donde pueda tener yo el derecho de tener una residencia, como todos los otros seres humanos.

Es indudablemente maravilloso entretenerse respecto a los Derechos Humanos. ¿Pero dónde están estas ubicuas maravillas de la civilización moderna? ¿Es qué no hay bastante espacio de tierra en las regiones del Pacífico, en África, o en las Américas para gente como yo, dónde les pueda ser dado una mejor suerte que la que me ha sido dada en estos prolongados años? Miseria, tristeza, continua angustia, recurrente ansiedad, persecuciones, permisos denegados… notificaciones de policía de que el tiempo ya pasó y hay que irse y atravesar otra frontera… amenazas de acción drástica a menos que se salga tal cual se ha sido notificado… necesidad… y todo esto siempre bajo el apremio de las circunstancias, y sin el derecho a trabajar mientras uno está con visas temporales. ¿Cuánto ha de durar una tal infernal y antihumana condición, en una época en que los principios cristianos y democráticos son tan proclamados?

Su comunicación en referencia difícilmente constituye una esperanza. Es meramente una promesa. Mientras tanto la vida tiene sus exigencias que no pueden ser postergadas. No hablo sólo para mí, sino en nombre de los miles y tal vez millones de gentes que sufren las ignominias insertas a la condición de ser un refugiado, un exilado. En otros tiempos, el infame tratamiento era para una sedicente raza maldita; hoy el ser marcado como refugiado o exilado es casi lo mismo que ser comunista o un carácter antisocial ¿Quousque tandem?

¿Sería conveniente, o posible, que alguien como yo aparezca ante la Comisión de los Derechos Humanos? No me importaría hacer el viaje aunque tenga que ir nadando. Por lo menos hablaría como un ser HUMANO que sabe más bien poco en cuanto a estos dichos Derechos Humanos en la práctica, como Ud. bien puede comprender, a pesar del hecho que leo tanto respecto a ellos en la prensa diaria.

Fracaso en comprender por qué mi caso habría de ser tan difícil de tratarse. Toda mi vida he sido anti-comunista y un devoto de las morales y principios cristianos, pero ahora percibo que he tenido que estar sufriendo alguna pesadilla ¿O es que tengo una actualmente?

Sea lo que sea, ¿Por qué la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos no trabaja en conexión con la Comisión de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas? ¿Han de ser los mismísimos “Derechos Humanos? O es que los Derechos Humanos son meramente bonitos principios a recordar a manera de barniz cultural en las conferencias internacionales?

Espero que Dios pueda ofrecerme una buena oportunidad algún día para tener mi historia a través de los continentes por la prensa y la televisión. Mi historia es intensa y más bien inconcebible. Sin embargo es la misma historia de todos los refugiados y exilados. La diferencia conmigo consiste en el hecho que tengo el valor de LUCHAR y volver a la lucha y decir lo que tengo que decir. Con todo, no me gustaría haber sufrido tanto y luego perecer durante la ordalía mientras defiendo mi causa humanitaria, ya que sería una terrible vergüenza que haya sido enteramente por nada.

Hoy estoy en España ¿A dónde saltaré el mes próximo? – Las Comisiones Internacionales de los Derechos Humanos parecen deseosas de tratar y ocuparse de un terrible problema como el mío, no por lo que respecta a mi interés, solamente, sino por el de todos los otros como yo; pero dos años han transcurrido y estoy aún esperando por una solución a este desgarrador problema? ¿Podría este problema ser mayor que cualquier otro? Pero ¿Será tan difícil, o perentoriamente imposible, ser un poco humanos? O ¿Será que las naciones son fundamentalmente antihumanas, anticristianas, antinaturales?

Confío que esta comunicación sea llevada ante la atención de la Comisión Inter-Americana de los Derechos Humanos, a fin de que tal oportunidad pueda demostrarse valer la pena y lo suficientemente práctica para realmente crear Derechos Humanos para refugiados y exilados como yo mismo.

Esperando esta tan esperanzadora ocasión de la próxima Octava Sesión a principio de abril de este año, sólo puedo decir que rezaremos duro a fin de que Dios pueda inspirar a estos hombres al efecto de ser más cristianos y mejores seres humanos, como un paso previo hacia la inmediata solución del problema de los refugiados y exilados. Sería un gran alivio para mi vivir tanto como para gozar de estos Derechos Humanos, al igual que realizar que yo he contribuido en algo a aliviar la horrible tragedia de estas pobres desventuradas e indeseadas gentes que no tienen siquiera el derecho de leer la famosa inscripción a la entrada del Puerto de New York, que otros refugiados fueron lo bastante felices para leer y apreciarla.

Confiando saber pronto de usted, quedo,

Sinceramente,

Pr. OM Lind
Misión Espiritual y Cultural Universal
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