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BOLETIN UNHCR

No. 6, Diciembre de 1975

ALTO COMISIONADO DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LOS REFUGIADOS

INTERDEPENDENCIA

(De las observaciones hechas por el Alto Comisario en su discurso de presentación de su

INFORME ANUAL  a la ASAMBLEA GENERAL de las NACIONES UNIDAS)

(Traducción juramentada)

 

En su trigésimo año de existencia de las Naciones Unidas, se ha dado especial importancia al concepto de “INTERDEPENDENCIA”. Sea en los debates sobre la paz o la seguridad, la ley del mar o del espacio, el medio ambiente o las relaciones económicas, entre los Estados, hemos oído este refrán, y hemos llegado en cierta medida a actuar de acuerdo con él.

Yo me he preguntado a mí mismo lo que este concepto interdependencia significa para los Derechos Humanos y, más específicamente, respecto de los Refugiados y Personas Desplazadas.

El Refugiado es el producto de nuestros errores, su sufrimiento una acusación contra nuestra conducta como pueblos y naciones. En un sentido demasiado real, los conflictos de nuestro tiempo han compilado una enciclopedia de su sufrimiento. Exista para nuestra EDUCACION y como una ADVERTENCIA.

En las Naciones Unidas, y en las acciones de los Estados, los conflictos son frecuentemente tratados como acontecimientos públicos, como crisis internacionales. Se olvida, a veces, que hay una dimensión humana e individual en ellos. Sin embargo la esencia de la interdependencia descansa en el reconocer las consecuencias de nuestras acciones sobre los demás, como seres humanos individuales. Cuando fallamos en tomar estas consecuencias debidamente en consideración, precipitamos las situaciones de los Refugiados, destruyendo en este proceso, precisamente esta interdependencia a la cual rendimos homenaje.

Hay algo especialmente desgarrador en esto, por cuanto entonces nos apesadumbramos ante estos refugiados, y, de nuevo juntos, buscamos remedio a sus desgracias.  En esta dicotomía entre lo que profesamos y nuestras acciones, hay algo que disturba. Progresamos, y tal vez, aún sobrevivimos, por la universalidad de nuestras aspiraciones. Juntos, mucho ha sido cumplido, pero no lo bastante. ¿Dónde hemos fallado más? ¿Dónde nuestro lazo con la humanidad y nuestra interdependencia como seres humanos se han demostrado más frágiles?  --  Indudablemente en la protección legal a los refugiados. Con gran consternación nuestra hemos continuado siendo testigos de actos de “refoulement”, secuestros, y aún de asesinato. Ha sido durante mucho tiempo un postulado del A.C.N.U.R apoyado por los gobiernos, que la función de la protección es el más destacado de nuestros valores. Sin embargo, entre las políticas y la manera de resolver las cosas, la voz del refugiado es a menudo sofocada o manipulada. Todos nosotros comprendemos, naturalmente, que los Estados deben ser guiados por los intereses de la seguridad nacional y de la política extranjera. Pero ninguno de nosotros debe aceptar que estos intereses sirvan como un pretexto (alibi) para denegar un asilo cuando es justificadamente buscado, o subvertir los Principios contenidos en la CONVENCION de 1951, relativa al status de Refugiados y el PROTOCOLO de 1967.

Si vuelvo sobre este tema una y otra vez, es porque no hay escapatoria. Las violaciones, si no hay protesta, se vuelven norma. Ni los Estados Miembros ni Yo, personalmente, podemos acatar en conciencia semejante norma. El dilema para el Alto Comisario para los Refugiados ha sido que podemos utilizar solamente dos armas: la persuasión y la protesta. Obviamente, si los Principios que juntos profesamos han de ser servidos con fidelidad, necesitamos pleno soporte de los Estados.

Necesitamos también una aceptación más amplia de la CONVENCION y del PROTOCOLO. Aquí parecemos atrapados en una paradoja, mientras que nuestras  actividades de asistencia han rodeado el globo, y han sido acogidas en los Estados donde antes nunca habíamos trabajado, sólo hubo una sola nueva accesión al PROTOCOLO en el pasado año, a pesar de las llamadas personales individuales que yo he dirigido a cada uno de los Estados no signatarios. Insto a los Gobiernos a que consideren de nuevo estos instrumentos. No puedo más que sobre enfatizar la necesidad de armonizar nuestras acciones a través de la LEY HUMANITARIA UNIVERSALMENTE ACEPTABLE. Estos instrumentos serían entonces doblemente valiosos: para los Refugiados, naturalmente, pero no menos a los Estados que los acepten.

Hay otras áreas de nuestra actividad en las cuales el concepto de interdependencia necesita un examen. Siempre se ha admitido que un país de primer asilo tiene una particular responsabilidad onerosa cuando las víctimas de las luchas entran “en masa” en su territorio. Cuando mediante la repatriación voluntaria, ya por medio del establecimiento (recolocación) en otros países. Pero hay un punto más allá del cual los Estados soberanos no pueden ser persuadidos ni adulados. El hecho de no reconocer esto provoca una frustración que infecta ambos gobiernos y refugiados y no hay más que un paso entre la frustración y el desorden.

En estos últimos meses, y con más frecuencia de lo que es siempre factible, me han pedido que asiente millares de refugiados y personas desplazadas de un continente a otro. Importantes elementos en cada situación varían, pero con todo el escenario sigue el mismo patrón: el país de primer asilo está profundamente preocupado por la amplitud y las circunstancias del influjo y perturbado por sus implicaciones sobreañadidas, internas y externas. AUNQUE permita que millares de personas permanezcan en su suelo, espera que un gran número se vaya a otra parte. Millares de personas no tienen por este motivo más que un status provisional,  - - Sin trabajo ni permiso de residencia. Reconozco el profundo problema de los países de primer asilo, y quisiera subrayar mi profunda gratitud para con ellos y para los países de nuevo asentamiento. Pero también quiero abogar, como prueba de nuestra interdependencia, por una mucha mayor acomodación – sobre una base regional – para resolver tales problemas, y una mucha mayor suavidad – UNIVERSALMENTE – de puertas abiertas.

Seguramente que la política y la prudencia sugieren que LOS SERES HUMANOS NO SEAN TRATADOS COMO CARGA CONTAMINADA, A GUARDAR EMPAQUETADA, PARA EMBARCAR POR EL ALTO COMISARIO DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LOS REFUGIADOS, QUIEN ACTUARIA COMO SERVICIO DE RECOGIDA DE BASURAS.

Príncipe Sadruddin Aga Khan

Alto Comisario para los Refugiados