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“My last will is my present work and my Sacrifices constitute my Living Gospel” Maha Chohan Koot Hoomi Lal Sing

Barcelona, a 2 de julio, de 1966

CHURCH WORLD SERVICE
Sr. Don Santos Molina
Madrid – España

Distinguido Señor,

Muy agradecido por su visita de anoche, que considero satisfactoria para la mejor comprensión del problema que confronto y particularmente provechosa para futuras actuaciones.

Abundando en las consideraciones referente al Museo, tal vez sería más conveniente contemplar su introducción en Norte América mediante la garantía de una organización debidamente establecida, la cual garantizaría que nada en absoluto de su contenido es NEGOCIABLE, como en efecto así es. Ahora, debemos ser objetivos, ya que este Museo es sui generis y fundado en una dinámica cultural implícita.  En otros términos, todo en él es de inestimable valor, como bien lo dije ya, por ser más de carácter pensante y representativo que una simple colección de recuerdos del pasado. Es, a más no poder, en extremo actual, inspirador y de incitación al pensamiento excelente. Considerado desde este punto muy particular es invalorable. Por esto mismo he dejado implícitamente sentado que no habría suficiente dinero en Norte América ni en parte alguna de este mundo para comprar aún la idea básica de este Museo. No es que se trate de elaborar con fantasías, sino más bien de enfatizar la significación cultural que este conjunto de paneles, archivos y documentales arcaicos comporta.

Sería por demás lamentable que este Museo no pudiese entrar en Norte América por el simple hecho de presunción de negociabilidades. Los comunistas en La Habana, antes de ponerme en prisión, también pretendieron “negociar” conmigo, pero les dije que ninguna proposición podría tentarme. Esto me valió dos años y medio de torturas y confinamiento, y casi me cuesta la vida. De todos modos yo hubiera preferido la muerte antes de entregar el Museo, y ellos lo entendieron así ya que comprendieron sobre todo que el principal valor del Museo no eran los archivos únicos ni los documentos arcaicos o prehistóricos, ni tampoco sus colecciones de paneles explicativos, sino más bien el pensamiento animador que estaba detrás. En efecto, sin mi espíritu el Museo carece de valor y no sería sino un simple montón de papeluchos. En efecto, aquí, las cosas no tienen valor por sí, sino por lo que revelan y hacen decir.

Ahora, tal vez lo que más provoque confusión en este asunto sea el nombre de “Museo”. A lo mejor si le cambiamos el nombre genérico todos los problemas se esfuman. ¿Por qué, en efecto, no lo llamaríamos simplemente “Anales Tradicionales de todos los Pueblos”? De hecho, no sabría ser otra cosa. Pero lo malo surge, evidentemente, cuando se trata de valorar las cosas culturales puras en términos de dólares y centavos. Mi espíritu está bien por encima de tal prosaísmo,  y no aspira sino a la eternalización de los valores imperecederos que constituyen el patrimonio cultural y los acerbos espirituales de la humanidad.

Es en extremo mortificante para mí que este Museo o acumulación de archivos y paneles de síntesis cultural sobre aspectos distorsionados, cuando su única finalidad es de carácter educacional y eminentemente espiritual en lo que contiene de enaltecedor de lo fundamentalmente humano (y no descartamos lo genuinamente Divino que es inevitable e indiscutible).

Me horroriza pensar a estas alturas que esta obra, de la cual soy tan sólo el espíritu animador y el coordinador, tenga que verse de nuevo asediada por tremendos hándicaps. Los comunistas creyeron que liquidándome podrían disfrutar de mi obra, hasta que razonándolo bien vieron que perdonándome la vida habrían podido apropiarse de todo y moscovitarlo sin dificultades mayores. Pero no contaban con mi manera de ser. Supe decir “no” hasta el fin. Más ahora surge de nuevo el problema, y antes que se infle demasiado este espectro, quisiera subrayar de manera categórica y definitiva que todo este Museo o acumulación de cosas, archivos, etc. es exclusivamente de carácter educacional o cultural, y carece en absoluto de valor mercantil. Por otra parte, tal como se encuentra todo esto, tras del caos creado por mi odisea en la Cuba comunista y sobre todo después de que los comunistas han pasado por ahí, sólo puedo decir que es un simple montón de archivos, paneles, estudios y libros mezclados, del todo, volverá ciertamente a ser lo que era, más sin mi intervención y la de mis colaboradores cercanos todo esto es tan sólo un montón de papeles que invitan al trabajo sesudo. Claro está, tal labor es de inapreciable valor, y en tal ocurrencia, es obvio que habría que tasar ante todo a las personas que laboran en la confección del tan mentado Museo o lo que fuera. Es del caso repetir que no habría suficiente dinero en Norte América para adquirir este patrimonio de la humanidad.

En otras palabras, y esto en conocimiento de hechos además de contar con las debidas garantías consiguientes, ¿Por qué no hablar tan sólo de un “Museo Privado”, o únicamente de “una exhibición privada de una organización cultural, educacional y espiritual”?

Se me hace difícil expresar condensadamente mi pensamiento, pero confío que lo esencial queda expuesto. Sería desorbitarse de la esfera exclusivamente cultural, religiosa y espiritual que nos caracteriza si debiéramos dejarnos arrastrar por otros géneros de consideraciones.

Esperando que esta aclaración lo ayude para resolver toda posible complicación de orden ajeno o debido a inaceptables soslayamientos, quedo de Ud. como siempre muy Af. y s.s.

Pr. OM Lind
Avenida Príncipe de Asturias 21, 6ª 2ª
Barcelona. España

Post Data: Lo que más me perturba es que Ud. Afirme que los archives, o Museo, que constituyen la obra de vida y mi permanente forma de vida, dedicación vocacional, y prolongación de mi personalidad se le asuma como un problemas enteramente diferente y separado. Esto es un terrible drama para mí, porque significa que mis pertenencias personales están siendo realmente separadas de mi personalidad.  Mis papeles, libros y artículos investigativos constituyen parte de mi ser vocacional y profesional, sin los cuales no soy absolutamente nada, excepto un cuerpo ambulante o un impresionante zombi. Usted está haciendo aún más difícil mi problema de refugiado y exiliado al considerar mis asuntos privados y medios de estudio como artículos comercializables y tasables.

Además, si debo pagar alguna especie de derechos de aduana por cada pedacito de pergamino, trapo prehistórico, o carta o documento importante que poseo, esto sería una buena carga sobre un pequeño como yo pues no habría suficiente dinero en  Fort Knox para pagar al tío Sam. Esto más bien dista mucho de las condiciones de penuria del refugiado y exiliado que soy, si no olvidamos que estoy viviendo una tragedia terrible y de que estoy sobreviviendo más o menos debido exclusivamente a la asistencia de Iglesia de muchas partes del mundo. Pero estoy completamente seguro que todas las organizaciones religiosas, humanistas, culturales y espirituales que me apoyan resentirán que se me otorgue tal tratamiento.