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Cálmese, ponerse de mal genio le cuesta caro al organismo

(Tomado de: EL TIEMPO.COM, mayo 18 de 2007. EFE)

 

La ira y la agresividad serían nocivas para la función de los pulmones, según un estudio de la Universidad de Harvard (E.U.). La ira frecuente y sin control causa malestar psicológico y un desgaste emocional nocivo para el sistema inmunológico. También aumenta el riesgo de sufrir problemas cardiovasculares, entre otros.

Si usted se irrita con facilidad, piénselo dos veces antes de estallar. La ira, al igual que la ansiedad y la tristeza, forma parte de las denominadas "emociones negativas", debido a su impacto en el equilibrio mental y a los efectos que produce en el organismo.

La persona iracunda tiene sentimientos de irritación, enojo y rabia, y enfoca su atención en los obstáculos externos que le impiden conseguir sus objetivos o en los que responsabiliza de su frustración.

Además, se ve asaltada por una sensación de impulso incontrolado y la necesidad de actuar física o verbalmente de modo intenso e inmediato.

En el plano fisiológico, la ira activa el sistema nervioso, eleva la frecuencia cardiaca y la presión arterial, y a la vez reduce el volumen sanguíneo y la temperatura periférica.

También hace aumentar la tensión muscular y la secreción de adrenalina, eleva los niveles de energía y prepara al organismo para esfuerzos intensos. Debido a ello, y a las crecientes evidencias científicas sobre el impacto negativo de la ira en el organismo, es mejor "contar hasta diez" antes de perder el control.

Según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Atlanta (E.U.), el mal carácter elevaría el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular o ictus, mientras que el control de esta emoción puede ayudar a mejorar la salud cardiovascular.

Los expertos estudiaron a 14.000 adultos y se comprobó que aquellos que tienden a enfadarse fácilmente corren mayor riesgo de desarrollar un infarto cerebral, incluso con niveles altos de colesterol HDL ó 'bueno'.

El estudio -en línea con trabajos anteriores que han asociado una personalidad agresiva con el riesgo de enfermedad cardiovascular- muestra que enfadarse con uno mismo eleva ligeramente el riesgo de ictus, pero a medida que aumenta el mal carácter las posibilidades de sufrirlo crecen tres veces entre los menores de 60 años.

Además, las personas malgeniadas pueden tener mayor aumento de la presión arterial, la vasoconstricción y de sustancias que favorecen la formación de coágulos sanguíneos, y en su cuerpo se descargan hormonas como la adrenalina, que pueden dañar las paredes de los vasos.

Por otra parte, la ansiedad y la ira suelen ser el precedente y la causa de ciertas enfermedades físicas, sobre todo trastornos cardiovasculares, y en especial si aparecen juntas y se mantienen en el tiempo, de acuerdo con expertos en trastornos emocionales.

Según algunos estudios, estas emociones negativas pueden incrementar la vulnerabilidad ante una enfermedad, comprometer al sistema inmunológico (defensas orgánicas) o elevar los niveles de grasas. También provocan una elevación en la percepción del dolor. La ansiedad y la ira han sido relacionadas con otros problemas de salud en adultos mayores, como la enfermedad cardiaca y el asma.