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Editorial

 MENSAJE DE LA VOZ CÓSMICA,
CON EL CORAZÓN

Tomado de: Revista Ariel No.69, Vol.10, Enero de 1957
Artículo reeditado el 21 de Diciembre de 2002 en el libro “PAZ”,
Selección de Artículos del Pr. OM Lind Schernrezig

Los bombarderos ingleses y franceses están sembrando la muerte en el Cairo y otras ciudades de Egipto, mientras las fuerzas Israelíes invaden por otra parte el imperio faraónico que lucha por el derecho a la libertad democrática y a la dignidad humana.

Dícese que las Naciones Unidas van a reunirse para resolver el caso. Pero las pasiones soliviantadas y la violencia de las almas enardecidas por hondos odios y egoísmos e inspiradas en la ignorancia, el orgullo y la lujuria no se detienen con palabrerías. Nunca la lógica ha podido impedir que las pasiones y la ignorancia se exalten y siembren con perfidia su letal ponzoña, bien sea a traición o con desconcertante insolencia. En resumen, la humanidad no ha creado aún el soñado instrumento que impida la artera puñalada o el monstruoso atropello a las naciones libres, lo mismo que a los individuos amantes de la justicia, Dios y las funciones legales de la auténtica democracia.

Las NU, no han podido impedir las ignominias de Corea, Indochina, Europa Central y Grecia, como tampoco el espíritu guerrero de Israel. Tampoco logrará nada ésta vez, ya que no ha tomado asiento formal aún en la conciencia humana el Verbo Espiritual que implica primordialmente la DIGNIDAD HUMANA por una parte y la inmanencia de los eternos y universales VALORES ESPIRITUALES. Las Naciones Unidas sólo representan los intereses de Gobiernos, cuando debieran más bien representar mediante Delegaciones mixtas debidamente elegidas libremente por los pueblos, la esencia y nata de cada nación por encima de todo partidismo confesional o político temporal. Mientras no exista una agencia central prepotente que sintetice los intereses de la HUMANIDAD y los PODERES ESPIRITUALES auténticos, sólo habrá pugna de intereses sectarios y egoístas, o personales.

Lo que acontece en Egipto en estos graves momentos acusa algo más que una crisis de la civilización Occidental, denuncia más bien la profunda, degradante y monstruosa tragedia que define la proyección de las naciones y los individuos claves o históricos.  Lo que se ve a plena luz del sol revela en efecto que las almas y los corazones humanos distan de ser broqueles de dignidad Humana y vehículos de sublimes ideales o de valores Espirituales. El recurrir a la violencia sólo resulta de ingénitas deficiencias morales y de una impotencia intelecto-afectiva harto ignominiosa. Si cada cual sobrepone sus propios intereses doctrinales, clanescos o nacionales a los del género Humano, por otra parte, no debemos esperar sino el triunfo de las tesis y las fuerzas específicas en trance de enardecida exaltación, con lo cual se subraya cada vez más lo individual, lo separativo, lo divisorio del mundo...

Mucho se habla de democracia, de hermandad humana, de enseñanzas Divinas, y en fin de paz, pero nadie parece dispuesto a dar el ejemplo señero, o resuelto a convertirse en misionero sincero e impersonal.  Huelgan los comentarios.

No hace falta ninguna chispa. El volumen ruge desde hace muchísimo tiempo, y es en el corazón y en las almas humanas donde se combina y atempera el mecanismo siniestro de todas las calamidades de este mundo. Las guerras son permanentes, y la prueba de ello es que todas las naciones se arman, bien sea para defenderse, para mantenerse, o para extenderse. ¿Acaso alguien piensa en fomentar la paz, en articular el espíritu de Fraternidad entre los hombres, o en demostrar la significación trascendente de las enseñanzas Religiosas y del Amor a Dios y a la Verdad? ¿Acaso se procura enseñar a las masas a practicar la Amistad y a articular la dignidad Humana con un sentido espiritual de la vida?  ¡Ni por asomo!

Los hombres de almas rudimentarias y las naciones con un sentido indefinido de la vida y de las proyecciones históricas recurren siempre a las armas, por espíritu de conservación y por ignorancia, pues viven presas de miedo a su propia impotencia y a sus complejos, deficiencias, vilezas, crueldades y limitaciones de alma y corazón. La violencia, no lo olvidemos, denuncia debilidad, crueldad y abyección. La dignidad, que se asienta siempre en una ética deífica, se desarrolla más bien con serenidad de alma, nobleza de corazón, y grandeza de conciencia y fortaleza de carácter.

No es sembrando el odio, recurriendo a la matanza y señalando con ruinas la fuerza de nuestras razones que se resuelven disputas, consagra la prudencia y asegura el imperio de la ley. La maledicción de este mundo, en efecto, descansa en el hecho de que los hombres no saben ser hombres, y en vez de hacer valer lo humano de sí recurren a la suerte de las armas con una furia que sólo caracteriza a las bestias enloquecidas. Nadie parece percatarse de que las razones y los intereses de UNO no pueden nunca caracterizar a toda la Humanidad y que su imposición mediante la violencia, sólo demuestra la falla y negación de la dignidad humana y la ausencia y el desprecio de los genuinos valores Espirituales.

El ensañamiento de los poderíos anglo-franco-israelí contra Egipto marca hoy algo más que la violación del espíritu de las NU, pero marca el rapto infame y la emponzoñada destrucción del espíritu de Paz, de Religión y de Humanidad que tanto se pregona.  Así, ni se justifican ideales ni se honra a Dios, ya que sólo triunfa Mamon, el insaciable monstruo que se ceba en la matanza en la cual se sacrifican despiadadamente miles de ciudadanos cuyo único pecado consiste en querer vivir y en amar la libertad. Ya no hablan los Profetas de antaño, sino los siniestros cañones manipulados por hombres poseídos de satánicos designios. Dios dijo: «No Matarás», «Ama a tu prójimo como a ti mismo», «Quien me imita demuestra que me ama y que está conmigo», y «Serás medido con la vara que mides»; pero ¿qué les importa Dios a quienes más creen en la dignidad y el poderío de las armas?

De nada valen en estos momentos ni la protesta ni la oración. Cuando el derecho de la fuerza se escenifica con tanto desparpajo, quiéralo o no Dios, a espaldas de todo sentido de dignidad humana y de valores Espirituales, sólo queda creer en la ley de la jungla. Si la moral de las naciones consiste en tener derecho, matando, robando y haciendo triunfar la saña, la villanía y la sangre humana convertida en lodo ¿A dónde irá a parar la humanidad? ¿Qué será del mundo en breve? y ¿Qué puede hacer la Organización de las Naciones Unidas si no hay todavía una norma mediativa ni sanciones adecuadas, ni siquiera un Código de Honor, o una Ley Internacional?  El fait accompli de la violencia dirá una vez más al mundo su lección, y la historia revelará con posterioridad cómo se hace la grandeza o la gloria de los hombres que nada creen en dignidad Humana ni en enseñanzas Divinas.

Lo imperioso en la trágica hora actual es que las Naciones Unidas se conviertan en verdadero organismo mundial defensor de la humanidad, manteniendo un ejército para volar en función de socorro a cualquier lugar del mundo donde los pueblos son inmisericorde y salvajemente atacados porque reclaman su derecho a la libertad, a la dignidad y a la paz, y donde alguna nación depredadora haga la guerra a otra, no importa quien sea el monstruo agresor y el agredido. Si los Códigos de Ética no sirven para nada, ya que las naciones poderosas ignoran sus compromisos cuando sus intereses reclaman otra cosa, que haya un ejército mundial represivo, con poderío suficiente para anonadar a los agresores. En el caso de Egipto tenemos un verdadero GENOCIDIO, ya que los agresores atacan para exterminar, con flagrante sadismo y menospreciando todos los preceptos de religión, cultura y humanidad.  Nos horroriza y avergüenza al mismo tiempo la ignominia, comenzada por la traición y que seguramente acabará con siniestro desparpajo en comparación con la obvia indefensión de los Egipcios.

La agonía de Egipto, brutalmente sometida al más horrendo genocidio de todos los tiempos, se agiganta a nuestros ojos porque es un insulto a la Conciencia Universal y una monstruosa antítesis del espíritu de la tan pregonada democracia. Imita, sobre todo, demasiado bien, los métodos de los regímenes totalitarios, odiosos, de sobra conocidos de las épocas más oscuras de la historia así como al comunismo que con razón tanto se condena y anatematiza.

Y que conste, solamente una voz digna se ha dejado oír, además de la nuestra, contra esa enorme monstruosidad de Israel, Francia e Inglaterra, y es la del Gral. Eisenhower de América.  Pero hay que movilizar la conciencia de la humanidad, para que se acabe para siempre la posibilidad de tales procedimientos. ¿Con qué moral podrán las naciones mañana hablar de democracia, humanidad, paz, fraternidad si ellas mismas no viven de acuerdo con sus decantadas doctrinas? ¿Qué derecho al respecto pueden tener quienes no saben respetar Leyes Internacionales, ni enseñanzas religiosas, ni principios Espirituales? o ¿Es qué retrocede la humanidad varios siglos, para glorificar de nuevo el derecho de la conquista armada, la gloria de la fuerza anonadadora y la magnificencia del crimen como supremo argumento?

La humanidad está de luto.  Han raptado, violado y pisoteado la Diosa Paz. ¿Qué futuro le espera a la humanidad ahora? ¿Cuál será la próxima víctima de los cañones del odio y del dios de la violencia?

Por Dios, ¿Hasta cuándo va a prevalecer tanto horror y tantas infamias entre los hombres?, Santo Dios, ¿hasta cuándo se va a invocar lo sagrado para cubrir la hipocresía y justificar lo demoníaco de los hombres que no han aprendido a ser dignos de sí o capaces de vivir las enseñanzas Divinas?

Si lo que acontece en Egipto es posible hoy, ¿Qué será de mañana?  ¿Cuáles serán las próximas víctimas?  ¿Vale vivir así, sólo para morir vilmente asesinado por un vecino más armado y más odioso?

Septiembre 30, 1956.

 

Noticias de última hora anuncian que los rusos están imponiendo su paraíso comunista en Hungría por la fuerza de sus tanques. Deben creerse con plenos derechos, naturalmente, después de la destrucción de Egipto por Israel, Inglaterra y Francia.

Si queremos rescatar a pequeñas naciones de las garras del infame comunismo, tengamos por lo menos dignidad moral y cordura suficiente para actuar. Si queremos vivir en paz en este mundo, procuremos que haya más democracia y menos ostentación de villanía destructora. Si queremos vivir dignamente, sepamos dar ejemplos inspiradores, no motivos de horror, espanto, miedo y angustia.

Si queremos de veras demostrar nuestra valía y nuestras magnificencias, que sea con justicia, cordura y respeto a la dignidad del hombre.

Octubre 2, 1956

* * *

Post Data:.................. Este escrito que es más bien un llamamiento Desesperado para la movilización de la conciencia de la Humanidad, fue hecho antes que los acontecimientos se precipitaran. Se ha visto ampliamente justificado, empero, por los acontecimientos, ya que las naciones agresoras han rehusado las decisiones de las NU, y han continuado asesinando civiles egipcios por millares, destruyendo ciudades enteras, y sigue todavía la carnicería. La perspectiva ofrecida por este nuevo género de endemoniada furia no deja ya lugar a la menor duda: cualquier nación del mundo está ahora a la merced de las iras, de la vesania y de los intereses de cualquier nación con suficientes disposiciones para la conquista y la destrucción o ávidas de glorificación y deificación por medio de la guerra.

Esto sucede en pleno siglo XX, después de dos grandes guerras mundiales, y pregonando las maravillosas enseñanzas de Jehová y Cristo. ¿No resalta acaso que el crimen y la demencia pretenden dictarle al mundo, a toda la humanidad, una ley civilizadora digna de monstruos trogloditas?  Los hechos no mienten.

Pr. Om Lind – Schernrezig