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EL MAESTRO K.H. SE DIRIGE A SUS DISCÍPULOS

Editado en: The Spiritual Call – L´Apple Spirituel – La Voz Cósmica
Fasc. 10, Mayo 25 de 1973. Órgano Oficial del CENTRO DE BODHA DE EUROPA. Paris, Francia. Edición en Español y Francés

Mis Queridos Discípulos,

Henos aquí de nuevo al trabajo y realizando nuevos esfuerzos en dirección hacia vuestro ideal.  Yo soy feliz de ello y no deseo más que vuestro adelanto y vuestro éxito en vuestra vida de Discípulos de sabiduría.

Nosotros estamos íntimamente UNIDOS, a pesar de la distancia geográfica y del tiempo que parece separarnos.  Nos volvemos a encontrar sin cesar en el seno de la COMUNIÓN ESPIRITUAL, y teniendo por base, la sinceridad de nuestros corazones y la fortaleza de nuestras almas.  Vosotros estáis, los unos en Francia, otros en Suiza, otros en Italia, España, Bélgica, Holanda y otras partes del mundo,  pero en realidad, no somos distintos ni estamos separados en el REINO ESPIRITUAL, y vosotros debéis sentir bien esto en vuestros corazones, en el curso de vuestras silenciosas meditaciones o en vuestros momentos de intensa expansión espiritual.

Para llegar a esta rehabilitación, a esta elevada realización, es preciso, en primer lugar, buscar su propia identificación con las fuerzas que uno considera como las mejores, o sea aquellas que responden a las necesidades más intimas del alma y del corazón; aquellas que nos elevan, nos purifican, nos fortalecen y nos vitalizan en todos los sentidos.  Estas fuerzas a su vez serán atraídas por nosotros y se cumplirá entonces un fenómeno, una fusión más exactamente de las fuerzas afines.  En el Dominio Espiritual, el fenómeno de las fuerzas en acción se efectúa de una forma contraria al que se opera en el dominio material.  En el dominio Espiritual, las fuerzas afines se atraen y funden.  En el dominio material, son las fuerzas contrarias las que se atraen.  Sin embargo, en el dominio espiritual, las fuerzas contrarias se rechazan y en el dominio material son las fuerzas semejantes las que se repelen.  Esto da la clave de muchos fenómenos y misterios de la Naturaleza y el Discípulo prevenido debe estudiar muy de cerca estas cosas.  No obstante, él debe estudiar no con un egoísta deseo de conocimiento, sino antes bien, para aprovecharlo para ayudarse a evolucionar en el curso de su vida y de su iniciación.  Como finalidad el estudio de los fenómenos de la vida no debería ser utilizado jamás, más que para el perfeccionamiento del individuo y de la vida social y material de los humanos.

Para integrarse a las fuerzas bienhechoras espirituales, es necesario dedicarse en primer lugar, como ya lo he dicho varias veces, a la relajación, a la concentración de la mente y a la meditación diaria, corta pero fuerte e impregnada de una voluntad bien determinada y poderosa.

Es preciso no perder de vista que este proceso, esencia misma de la iniciación, implica la coordinación de tres fases: Pensamiento, Sentimiento y Acción.  Se trata para vosotros, de pensar bien, de tener en vuestra mente buenos propósitos y deseos positivos, creadores y dinámicos.  Luego no guardar en vuestro corazón sentimientos contrarios a estos buenos pensamientos elevados, nobles y generosos, después no olvidar de buscar en la acción el comportamiento de uno mismo de acuerdo con estos pensamientos y estos sentimientos, ardientemente, pacientemente cultivados en vosotros mismos.  Ninguna de estas tres fases debe ser descuidada bajo pena de anular las otras dos.

Sin embargo, detrás, o mejor dicho, por encima de estas tres fases que son pensamiento (Mente), Sentimientos (Corazón) y acción (ser físico), tenemos otra cosa que determina nuestra condición total: es la Conciencia.  Para comprenderme mejor daré un ejemplo: Nosotros tenemos un árbol.  Tiene raíces, un tronco y hojas.  Además produce una flor, frutos y en el fruto se halla la semilla que podrá dar lugar al nacimiento de otros árboles.  Si un árbol es árbol, no es ni porque tiene raíces, ni porque tenga hojas y un tronco.  No es tampoco debido, únicamente, al hecho de que produce flores, frutos y semillas.  Por encima de esta condición de ser, hay una voluntad, una condición de presencia, de CERTIDUMBRE, es lo que nosotros llamamos la CONCIENCIA.  El árbol es árbol porque el ha querido, quiere y querrá ser árbol.  El tiene una conciencia de ser árbol y no importa cualquiera que sean sus condiciones, nada le impedirá ser árbol.  Se le puede cortar las hojas, las ramas o bien arrancarle sus frutos; constantemente, tanto como se le permita la vida, se reproducirá el mismo y será árbol, a pesar de todo.  Esto es CONCIENCIA DE SER, voluntad de ser o certeza de presencia, de que hablamos.

Otro ejemplo muy significativo, es la experiencia de Luther Burbing que habló durante numerosos años a un cactus, repitiéndole cada día la misma fórmula, que era más o menos así:  “Tu ya no estás en el desierto.  Tu estás ahora entre buenas manos y debes abandonar las espinas”.  Lo regaba y cuidaba todos los días con gran amor y al cabo de algunos años, el cactus en efecto, no tuvo más espinas... Esto explica una vez más y lo demuestra, que las plantas, como los seres vivientes, tienen conciencia.  El cactus tenía igual que Luther Burbing, un campo magnético y por esto mismo se estableció entre ellos un intercambio, una colaboración.  Había una afinidad de fuerzas entre ellos y esto demuestra bien que en el campo espiritual las fuerzas afines se juntan, porque ellas se parecen.

Es evidente que los campos magnéticos de inducción pertenecen a un orden de cosas extraordinarias.  Se sabe por ejemplo que el imán no es más que una piedra ferruginosa o bien un trozo de acero templado.  La cualidad que constituye el imán no son pues los elementos constitutivos de la piedra o del metal, tampoco la simpatía en las personas depende del compuesto humano.  Se trata más bien de cualidades transcendentales, adquiridas o existentes solamente en principio en toda la naturaleza.  Es el caso de la conciencia, que existe en efecto, en todas las formas de la vida, pero que queda dormida o inoperante en tanto que ella no ha sido despertada y puesta de manifiesto.

Esta conciencia o cualidad fundamental de la vida pertenece, en propiedad, a todos los seres y a todas las formas de la Naturaleza, y ella obra a su manera como en el caso del imán o del árbol.  Es también el origen del poder del átomo y en fin de las virtudes de cada elemento físico – químico.  El árbol obra como un árbol, a causa de su conciencia de árbol, de una forma automática.  En los seres más organizados, en los animales por ejemplo, esta misma conciencia funciona bajo forma de instinto.  En el hombre este mismo instinto animal es muy activo y a menudo poderoso, pero gracias a las condiciones más elevadas de la especie humana, esta misma conciencia presente en todas partes en el Universo, adquiere condiciones y cualidades de orden espiritual y es lo que nosotros llamamos INSPIRACIÓN, GENIO, y BODHA o Conciencia Espiritual.

La conciencia obra en todas partes; solamente que en ciertos elementos o individuos está obstruida, sea por los óxidos en los metales, sea por las pasiones y vicios en el hombre.  Esto debería esclareceros el problema fundamental de la espiritualidad.  Las pasiones, los vicios, las torpezas y todas las formas arrogantes y odiosas del fanatismo, son proyecciones debidas a condiciones internas o íntimas, sea del corazón o del alma, y estas no desaparecen por el hecho de que se les niegue o se las perdone, o bien porque se les quite momentáneamente importancia, por medio de una “absolución” circunstancial o por medio de indulgencias.  Además, se sabe muy bien que todos estos efectos nefastos de la Naturaleza humana persisten, se repiten, en tanto que ellos existan en forma de causas radicales en el fondo del ser.  El individuo es pues responsable de todos sus actos, sentimientos y pensamientos, pues si hace imposible la acción de su conciencia, no despertando y resplandeciendo de una forma adecuada, solamente es él culpable, el actor inconsecuente o desatento hacia la naturaleza, en fin, es él mismo que no toma en serio el mecanismo Divino que opera en las Regiones Esenciales de la vida.

La conciencia está aquí dentro de nosotros mismos, como en todas partes del Universo, pero debemos esforzarnos en destruir todos los obstáculos que se presentan para su pleno desarrollo y proyecciones realizadoras y creadoras.  Sepamos en fin, que si el árbol quisiera un día obrar como los humanos, ignorando su conciencia de árbol o rechazándola, no podría desarrollarse más bajo la forma de árbol, pues él perdería las características esenciales.  Es el mismo caso para el imán, si le fuera posible renunciar a estas condiciones vitales.  Desgraciadamente, para el hombre, le está permitido, por sus condiciones de evolución, gozar de una voluntad determinatriz, pero su desgracia no radica en esto, sino en el hecho que él mismo rechaza su conciencia vital y se obstina en ignorar sus vicios, así como las características vitales o Kármicas nefastas.

Que cada cual saque de esta lección las ventajas que le convenga.  Es preciso obrar con una profunda sinceridad, una decisión total y definitiva de alcanzar el fin escogido.  No hay otras magias, ni otras ciencias sagradas ni de poder divino en el seno de la naturaleza universal.  Tengo interés en recordaros todo esto, pues vuestro porvenir espiritual, vuestro futuro como iniciado y vuestras proyecciones de almas sapientes dependen en absoluto de esta comprensión o mejor de esta REALIZACIÓN.  Os invito pues, a poner en valor vuestras mejoras fuerzas y a no dejaros influenciar por ninguna fuerza opuesta a estas mejores aspiraciones de vuestro ser.  Conservaos fuertes y cultivad siempre las fuerzas que os ayuden a vivir mejor.  Os ofrezco la asistencia de mis mejores pensamientos y la protección de mi bendición integral.

MAHA CHOHAN