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EDITORIAL

Tomado de la Revista Alborada de la Nueva Era

Santiago de Chile de 1963

Uno de los servicios a que está llamada a prestar esta modesta revista de la Confederación es de una significación y alcance humano de la mayor importancia: el de poner ante los socios de las diferentes Organizaciones-Miembros, una constante exposición de las enseñanzas, inquietudes y anhelos de los demás socios de otras Organizaciones-Miembros. Y es de gran trascendencia este servicio que presta nuestra revista porque cumple uno de los más caros ideales de los Grandes Hombres que han sido y son los Inspiradores de la Humanidad, los que portan la antorcha del progreso moral y espiritual de ella. Este ideal es que haya entre los hombres comprensión, simpatía y fraternidad. Este anhelo de esos Grandes Seres se refiere muy especialmente a los hombres que practican diferentes cultos, a los que han captado diferentes aspectos de las manifestaciones de las Fuerzas Superiores del Universo, a los que buscan la Verdad por diferentes caminos.

Por mucha animosidad que abrigue un hombre, que no esté fanatizado, contra los que creen algo diferente a él, no dejará de rendirse ante el conocimiento de que ellos sienten, anhelan y buscan lo mismo que él, y que se emocionan ante lo mismo que le afecta a él; y sobre todo al cerciorarse que aquellos incomprendidos buscan en la vida los mismos bienes superiores que él, y que aún usan los mismos medios. Realizan que toda la diferencia consiste en las palabras, hecho este que no puede ser, de ninguna manera, causa de desprecio u odiosidad.

Por este motivo instamos a los Dirigentes de nuestras Organizaciones-Miembros que exhorten a sus asociados  a que lean y mediten los artículos de otros hermanos que aparecen en la revista. Estos hermanos Dirigentes harán con ello una muy buena obra en pro de la Fraternidad que complacerá gratamente a sus Maestros y Guías.

No esperamos que el sentimiento de fraternidad estable y sincera nazca por generación espontánea, porque no va a nacer. Es hijo del amor, de la simpatía entre los hombres, y este noble sentimiento tampoco nace sólo porque sí o porque se exija poseerlo, este nace al calor de la comprensión, y la comprensión nace del esfuerzo por allegarnos a lo íntimo de los demás, especialmente de los que abrigan anhelos afines a los nuestros. Cuando comprendemos a otro ser humano, sentimos algo muy afín a la solidaridad, es como si compartiéramos con él afanes e ideales, haciendo causa común con él. Esta clase de fraternidad sí que es estable y natural; no necesita prédica ni argumentos; más aún, no se puede evitar ni con amenazas ni con promesas.

De esto tenemos miles de ejemplos en los países donde se ha tratado de borrar el ideal de libertad; especialmente entre los alemanes de Alemania Oriental, donde tantos exponen y han perdido la vida por ayudar a sus compatriotas que comparten con ellos el ideal de libertad, a escapar a otros países donde creen vivirán libres.

Este sentimiento de fraternidad es una de las manifestaciones más nobles del ser humano porque acusa, aunque sea inconscientemente, una demostración de la unidad espiritual de los seres humanos, es una especie de instinto de conservación ampliado, que abarca a otros seres que hemos llegado a comprender.

El directorio de nuestra Confederación no puede menos que sentirse profundamente agradecido de los hermanos que cooperan con sus colaboraciones en nuestra revista que es de ellos; y ojalá despierte en todos la comprensión de la magnífica y útil obra que significa colaborar con sus trabajos.