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P A Z

MOTIVO ESPIRITUAL

México, Navidad de 1.940
(Artículo publicado en ARIEL No. 20, Enero de 1941)
 

“Yo propugno el Verbo de Paz, pero hay que saber imponer la Paz entre quienes están preparados sólo para la guerra”.    K.H.


Todos amamos y buscamos la PAZ, pero pocos de nosotros estamos en condición de apreciarla, o aún de lograrla y mantenerla.

La Paz es imprescindible para el progreso humano. Miente atrozmente quien diga lo contrario. Pero no es posible hablar de Paz entre fieras y malignos espíritus que sólo saben imponer sus bajas pasiones y sueñan con brutales designios de cínica impostura o de siniestro egotismo.

En los actuales días de maledicencia y abyectas ambiciones totalitarias y en plena navidad, se vuelve a hacer repicar las campanadas endebles y burdas de la Paz religiosa, y se pretende imponer una tregua “simbólica” a las falanges combatientes. Nada más irrisorio y falaz, que demuestra la hipocresía de los modernos tutores acaparadores de la Gracia Celestial.

Mientras predominen en el mundo la ignorancia, el dogma aservilador, la falacia diplomática y la impostura mística, bajo disfraces más o menos pudientes y pujantes de religión y política, la verdadera PAZ no será posible entre los hombres. Porque la Paz no es algo que se “impone”, que se “compra” o que se “espera”. Hay que ALCANZARLA,  por derecho propio.

La única PAZ posible, en el mundo, es la que proviene de la Dignidad, la Justicia y la Honradez, condiciones íntimas que derivan de la verdadera CULTURA y de una inconfundible estructuración íntima del ser en un sentido Espiritual. Todo lo demás es simple canto de sirena disfrazada, que encubre un grotesco cinismo y una encanallada conciencia, si no un instintivismo elemental y mal educado (incultivado).

Por otra parte, todas las palabrerías de Paz resultan inocuas y extemporáneas cuando quienes las profieren sólo tratan de servir sus propios intereses y tienen como única mira sus egotistas afanes. Todo concepto de Justicia unilateral resulta tan burdo como desquiciador; y si de Tolerancia se trata, habría que hacerla responder a designios de Honradez cabal, y sin estrechas aspiraciones sectarias ni audaces dogmas.

La única Paz posible, pues, es la Totalmente DEMOCRATICA o Democráticamente Total, pero en modo alguno podría ser Totalitaria a secas y sin más visión, aspiración y fundamento que el áspero y audaz empeño Totalitarista, que solamente toma en consideración las necesidades y las aspiraciones materiales y simplemente animales del ente humano.

Con referencia a los grupos contendientes de la hora actual, que ensangrientan la entera superficie del globo y parecen haber soltado al demonio de sus ancestrales instintos, bien sea por derecho o por necesidad, y sin tratar de ser partidarista por mero prurito personalista o tendencia sectaria, diremos que en las condiciones actuales, la única manera de restablecer la Paz entre los hombres sería  estableciendo un régimen de vida respetuoso entre los contendientes, de mutuas garantías y de absoluta dignidad, sin alardes de superioridad racial dudosa ni de hipotética grandeza cultural, o de derechos económicos, sociales, religiosos o étnicos imaginarios o de simple “bravata”....

Desengañémonos. El modus vivendi humano ha llegado a un impase definitivo, o bien se procede a una enmienda categórica de procedimientos, costumbres y fundamentos, o la DEBACLE se acentuará y el caos se entronizará cada minuto más y más. Las proporciones gigantescas, monstruosas, de esta Segunda Guerra Mundial, lo demuestra ahora en términos fatídicos.

Pero la destrucción no es un procedimiento recomendable. Tampoco lo es el tutelaje avasallador e irrestricto de naciones indefensas o hartas de enfrentarse a enemigos sempiternos de la Paz y del derecho de los demás....

La Paz a cualquier costo tampoco es un procedimiento loable ni conveniente. Las naciones “neutrales” hasta ahora pueden decirlo....

Un bando y otro tienen a su haber tremendas culpas que cargar. Nadie está exento de responsabilidades en esta brutal refriega homicida, que no respeta nada y parece obligada a destruirlo todo. Ciertamente, el pasado nos ha legado muchos falsos principios y una cantidad innumerable de abyectas practicas, bajo el cubierto de “Civilización”, y convendría arrasar con todo lo que los recuerde y permita proliferar. Pero mientras la humanidad sea la misma, estructural y básicamente (con sus atavismos morbosos y tradiciones mórbidas y fatales!), ningún cambio de ideología o de postura mística logrará, ni todas las bravatas totalitarias lograrán jamás modificar el status moral ni las condiciones sociales de la humanidad en general.

Desde luego, el problema actual exige una solución étnica, para que tenga sentido ético y viabilidad sociológica. Pero por ahora se impone, como paso previo, la imposición categórica de un modus vivendi que signifique un statu quo imperativo e inapelable. El caos mundial requiere para su metamorfosis saneadora, una especie de moratoria universal, en la cual entren en juego todas las capacidades de la dignidad humana. Las palabrerías sentimentales y las requisitorias pontificiales nada valen en este caso. Necesariamente, hay que darle al mundo una nueva condición de vida, que suprima los errores y las deficiencias del pasado, que erradique las falsedades y las brutalidades del presente, y que haga imposible los brutales procedimientos que están ensayando los totalitarizantes de todos los matices en distintas latitudes del mundo.

La tal “moratoria universal” que juzgamos imprescindible en los actuales momentos de crisis humana, consistiría, en breves palabras, en:

  • Devolverle a la entera humanidad el sentido de la dignidad y el honor, mediante una legislación multilateral entre todos los países del mundo, garantizándose el derecho a la vida consciente sin imposiciones brutales o contrarias al prestigio merecido ni al honor debido, y haciendo viable en todo sentido y por todas partes el respeto a la vida ajena y a los bienes legítimamente obtenidos.
  • Prohibir e impedir toda mezcolanza entre la Religión y la Política, que siempre resulta motivo o causa de hondas escisiones entre los asociados y crean tradiciones, sectas o procedimientos antagónicos nada dignificantes para la especie humana en general.
  • Dejar a los núcleos étnicos escoger el sistema de gobierno que solicitan o buscan, sin intervenir en sus desenvolvimientos y garantizar así mismo a todos los grupos de hombres honrados y sensatos que buscan su autonomía social y gobierno independiente y soberano por medio de la acción culta y honorable.
  • Que todas las potencias del mundo suscriban el compromiso moral ineludible de sostener un tipo de intercambio económico mundial único, destruyéndose ipso-facto todas las barreras aduanales y proclamaciones tradicionalistas de política que sostengan un sentido unilateral o egotista, de estrecho nacionalismo o de nacionalismo a secas, que sectariza a base de dogmas o que proclama derechos a expensas de otras colectividades o de los asociados de otras colectividades o naciones.
  • Poner un punto final a todas las tradiciones nacionalistas y religiosas o de carácter político, a fin de proceder a una reconstrucción moral de la humanidad sin vanos principios o encanallecedoras ideologías.
  • Que se enarbole como principio humanista: LA DIGNIFICACION DEL HOMBRE, no importa cuál sea su origen por nacimiento o por sus antecedentes étnicos o de confesión religiosa, procediendo siempre, en todas partes del mundo, con medios de cultura y a base de la libre, espontánea y consciente avocación en dicho sentido. Toda persecución por motivo religioso, político, racial, o tradicional, será considerado en todas partes como actos de brutalidad y susceptibles de intervención universal.
  • Que se supriman los ejércitos y las escuadras de guerra, procediéndose a utilizar todos los fondos disponibles en todos los países para fomentar la educación, la cultura en general, abarcando los desarrollos físicos, una atención social y médica esmerada, y la elevación del estándar de vida.
  • Proscribir toda ideología y todos los implementos que incitan a los individuos entre sí o que no sean de incontestable utilidad constante para el engrandecimiento dignificante y el progreso en todo sentido de la humanidad en su totalidad.

Consígase esto, y lo demás vendrá por añadidura. Por de pronto, no habrá vencedores ni vencidos en la actual contienda universal, y la humanidad se habrá salvado, aunque la rapacidad, la vanidad y el egotismo del pasado habrán quedado inutilizados y por siempre jamás maldecidos.

Pr. OM Lind Schernrezig