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LA CARTA DEL ATLÁNTICO Y LA O.N.U.

Por:     Luis Eduardo Sierra S.
Presidente Mesa Directiva Alianza Universal

“Nuestro primer paso, estamos convencidos, consiste en inspirar a la humanidad entera una confianza susceptible de servir de garantía y ser un manantial de respeto para todos.  Es necesario, urgentemente, reeditar y poner en vigor los magníficos preceptos de la Carta del Atlántico, bajo forma de Código Internacional de la Nueva Edad, y en fin, desenvolver una dinámica capaz de garantizar de una manera definitiva la plenitud del Hombre como célula, microorganismo y vehículo de las Fuerzas Universales”.

“Cuántas veces vemos grandiosos planes desplomarse ante la realidad, perdiendo toda fuerza moral y todo afecto espiritual. La famosa Carta del Atlántico, por ejemplo, no deja de ser uno de los más trascendentales documentos de la historia humana. Hoy en día, apenas se le menciona, y se le repudia o contradice en la práctica casi a diario. Lo propio sucede con la Ley Mosaica, cuyos Diez Mandamientos parecen haber sido promulgados para ser frustrados y menospreciados hasta por sus más entusiastas pregoneros. En cuanto al sublime Sermón de la Montaña, huelgan los comentarios, pues entre los que se ufanan de seguir y amar al Divino Maestro Cristo, no abundan los Kempis, Saul, Angelo Silesius, Poverello de Asis y el Cardenal Mercier”. 

“Y si se quiere justificar ésta horrible tragedia mundial (SUPER GUERRA MUNDIAL), póngase en vigencia sin tardanza la Carta del Atlántico, que sólo así habrá verdadera DEMOCRACIA en el mundo, y solamente así ésta brutal sucesión de guerras llegará a su término. Es más, suprímanse las FRONTERAS nacionales, finiquítese los tratamientos aduanales especiales, y adóptese una bandera Universal de Hermandad, Cultura, Paz, Dignidad y Respeto entre todos los hombres”.

“Llamamos la atención de todo el mundo a este respecto. ¡Debemos desde ahora crearnos un plan de guerra, para saber exactamente qué finalidad perseguimos. Si se convirtiese la Carta del Atlántico en esbozo de intenciones, en programa definitivo, por ejemplo, comenzando desde ahora a ponerlo en práctica y no dejarlo para más tarde como simple ilusión o lejana esperanza, el mundo, la especie humana entera ganaría grandemente, pues sabría a qué atenerse, por qué y con qué finalidad real. Después, hace falta preparar a la humanidad para viabilizar las conquistas morales y sociales esbozadas en la Carta del Atlántico, así como los reajustes ideológicos, económicos y Espirituales que se imponen y que venimos voceando”.

Pr.  Om Lind Schernrezig
 

En pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, el Presidente de los Estados Unidos en ese entonces, Franklin Delano Roosevelt, y el Primer Ministro Británico, Sir Winston Churchill, lograron la firma de la que se dio en llamar en su momento, agosto 14 de 1941, la “Carta del Atlántico”,  protocolizada abordo de un buque de guerra frente a las costas de Terranova.

Este encuentro es considerado el primero por establecer una nueva organización internacional. El compromiso establecía un "sistema permanente y más amplio de seguridad general" y la aspiración de "conseguir la máxima colaboración de todas las naciones en el plano económico", estipula la autodeterminación y descolonización de los pueblos en la posguerra, y compromete a los Estados Unidos para que dé su apoyo financiero y material primero e intervenga después contra el fascismo en otra guerra entre europeos.

El anuncio hecho al mundo por Roosevelt y Churchill fue dell siguiente tenor:

  1. 1.           Que sus dos países no aspiraban a ningún incremento territorial, o de ninguna otra clase.
  2. 2.           Que no deseaban ninguna modificación de territorios que no estuviese de acuerdo con la voluntad libremente expresada de los pueblos interesados.
  3. 3.           Que respetaban el derecho de todos los pueblos a escoger la forma de gobierno que prefiriesen y que deseaban que los derechos soberanos y la autonomía fuesen devueltos a aquellos a quienes se les hubiese quitado por la fuerza.
  4. 4.           Que deseaban, dentro del marco de las obligaciones existentes, dar la posibilidad a todos los países, grandes o pequeños, vencedores o vencidos, de tener acceso, en un pie de igualdad, a los mercados y a las materias primas mundiales, necesarios para su prosperidad económica.
  5. 5.           Que deseaban fomentar la más estrecha colaboración entre las naciones en el plano económico, a fin de mejorar en todos los países las condiciones de vida de los trabajadores y asegurar el  equilibrio económico y la seguridad social.
  6. 6.           Que una vez abolida la tiranía de la Alemania hitleriana, esperaban ver instaurada una paz que permitiese gozar a todos los pueblos de la seguridad dentro del límite de sus fronteras y que diese a los hombres de todos los países la garantía de una vida liberada del temor y de la necesidad.
  7. 7.           Que esa paz debía permitir que todos los hombres pudiesen atravesar sin dificultades los mares y los océanos.

La Carta no tardó en ser firmada por la U.R.S.S. y por gobiernos en  el exilio de países ocupados. Posteriormente la Carta del Atlántico y su contenido fueron ratificados por las 26 naciones aliadas contra el Eje Roma-Berlín-Tokio, el 1 de enero de 1942. En ese documento se utiliza por primera vez el nombre oficial de Naciones Unidas sugerido por el propio Roosevelt, cuya Carta fundacional entra en vigor el 24 de octubre de 1.945.

Del surgimiento de las Naciones Unidas dice el Pr. OM Lind:

“La ONU es un ensayo valioso, pero no debemos pensar que obtenga frutos inmediatamente. No obstante, es necesario que se la ponga en condiciones de Exito, a base de mucha Paciencia, Vigilancia, Confianza mutua y buena Cooperación. Pero debemos precavernos de que la ONU evolucione en un sistema de régimen internacional. La Carta de la ONU, tendría que significar en la letra como en el espíritu, el completo sentido de la Carta del Atlántico, y sobre todo debemos evitar toda ruptura entre los existentes grupos, quienes, como todos sabemos, no tienen mucha confianza en la ONU, desde el momento en que se afanan activamente en preparase para la guerra. Debemos trabajar para la comprensión y verdadera UNIDAD. Quizás la mejor forma de proceder a este respecto, sería proscribir la política de Potencias o de Grupos que solamente significan Soberanías Nacionalistas en términos Imperialistas, que no repercuten, en general, favorablemente en pro de la Paz”.

Un año después se celebró la Conferencia de Moscú, donde la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Inglaterra, China y Estados Unidos reconocieron la urgente necesidad de establecer una organización internacional. Esta declaración llevó a que las cuatro grandes potencias se reunieran en Dumbarton Oaks, Estados Unidos, para analizar las propuestas. Se aprobó la estructura, fines y métodos para la organización pero hubo desacuerdo en el método de votación del Consejo de Seguridad propuesto, que sería el órgano que habría de tener la mayor responsabilidad en cuestiones relativas al mantenimiento de la paz y la seguridad. Era el año 1944. Finalmente en la Conferencia de Yalta, febrero de 1945, el problema quedó resuelto. Roosevelt, Churchill y Stalin se reunieron por última vez. Stalin aceptó la postura británica y norteamericana de limitar los privilegios de las potencias en lo que a procedimientos se refiere.

Respecto a las reuniones en Dumbarton Oaks y Yalta, y ante el curso que tomaban los acontecimientos y la inutilidad de la guerra, el Pr. OM Lind Schernrezig nuevamente se pronunciaría en los siguientes términos:

“... ya entramos francamente en un periodo en que se hace imperativo dar sentido de PAZ a la GUERRA. No se ha justificado ésta guerra en modo alguno, e inclusive el bello idealismo voceado en el ínterin ha quedado un tanto desvirtuado, si hemos de creer en lo que ocurrió en las Conferencias del Cairo y Yalta, y en la palabra de Mr. Anthony Eden respecto de la Carta de Atlántico”.

“La política secreta y unilateral de Yalta es antidemocrática, y los sistemas de votos circunstanciales, como se ha preconizado en Dumbarton Oaks, son criadero de futuros fracasos. ¿Por qué no se toma de ejemplo a la Liga de las Naciones de Ginebra, que fracasó por los exclusivismos y por la insolencia de las potencias mayores? ¿Por qué no se tiende más bien al  mutuo respeto entre todas las naciones, dejando a cada una como entidad absolutamente independiente y soberana, sin injerencias ni interferencias de ninguna especie? Y  en fin ¿Por qué no se pone en vigencia en su totalidad el espíritu y la forma de la Democracia tal como se preconizara en la Carta del Atlántico? ¿O es que ya no hay necesidad de semejantes Evangelios Políticos?”

La Carta de las Naciones Unidas y el Estatuto de la Corte Internacional, sus propósitos y principios y todo el articulado, podrían resumirse hoy en día en un maravilloso catálogo de excelentes postulados e intenciones, pero totalmente divorciados de la práctica, si nos atenemos a los hechos, al estado de las cosas sobre el planeta. Las Naciones Unidas sólo lo están por conveniencias o para perpetuar poderes hegemónicos y exclusivistas; el flagelo de la guerra campea en muchas naciones; los derechos fundamentales del hombre, su dignidad y el valor de la persona humana sólo figuran en el papel, al igual que los propósitos de promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de libertad, tal cual lo pregona la Carta. Las finalidades de practicar la tolerancia y convivir en paz como buenos vecinos, uniendo fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional son hechos desvirtuados por la cruenta realidad del presente; la autodeterminación de los pueblos es otra farsa.  No hay duda que los políticos han sabido sacar provecho de sus tretas para mantener un status quo que va en contravía de los objetivos y fundamentos de las Naciones Unidas.

Valga recordar aquí que cuando voces de distintos países, en el año 1966, enviaron peticiones y requerimientos tanto a Washington como a sus respectivos gobiernos al igual que a la Sede de la ONU en New York, postulando el nombre Pr. OM Lind Schernrezig para el cargo de Secretario General de la misma, ante la vacancia que se produciría por la salida del Dr. U. Thant, una vez localizado el Pr. Lind en una pequeña aldea en Alemania y al preguntársele su opinión respecto a las gestiones que se venían haciendo para su nombramiento, afirmó:

“Ahí sí que están condensados todos los problemas del mundo. Llegado el caso, no creo que podría resistir a la tentación de poder hacer tanto bien para la humanidad como ansío hacer, es decir como este mundo necesita imperiosamente. Más yo no soy un individuo político ni me interesan las glorias mundanas. Cómo irían a solicitar los servicios de una persona como yo que no sabría juguetear con los problemas humanos sin resolverlos con implacable tenacidad”

Con todo, es preciso tener en cuenta que varias de las realizaciones de las cuales puede enorgullecerse hoy en día la ONU han sido tomadas de las propuestas y dinámicas de la ALIANZA UNIVERSAL. Recurramos nuevamente a las sabias frases del Pr. OM Lind Schernrezig sobre todos estos asuntos de vital trascendencia:

“La ONU debe dejarse fiscalizar por los grandes núcleos sociales humanos internacionales, pues solamente así habrá la posibilidad de no dejar a esta ONU caer en las nefastas componendas de la Diplomacia Secreta o en los inhumanos, antidemocráticos, cretinos, inmorales y antiespirituales sistemas de Poder que ahora se están concertando. Si los Pueblos no pueden fiscalizar lo que se hace en nombre suyo, ¿Qué garantías tienen de que los representantes de sus gobiernos ocasionales no harán de las suyas?  Y cuando los gobiernos son indignos o tiránicos, o dejan de cumplir su misión inicial, ¿A cuenta de qué principios morales podrán los Pueblos esperar una representación honrada y propia, adecuada, en la ONU? Si el mundo civil no tiene derecho a supervisar a la ONU y a fiscalizar sus actividades, ¿en nombre de qué principios esta ONU podrá imponerle normas y obligaciones?  Si la ONU no es capaz de honrar la CARTA DEL ATLÁNTICO y dar fe de las CUATRO LIBERTADES que sirvieron de fundamento para la victoria, ¿Qué clase de Democracia le espera al mundo, y qué clase de respeto espera la humanidad sincera y pensante, legalmente inoficial pero terriblemente oficiante cuando se trata de arrebatar sus derechos naturales a quienes la tratan sin ciencia ni conciencia?”

“A pesar de que la guerra ha terminado, oficialmente, hace dos años (57 años), el mundo está aún sin PAZ, y las Naciones, pequeñas y grandes, que pelearon durante algunos años (contra las fuerzas viles de la agresión, del imperialismo traidor y totalitarismo abyecto) adhiriéndose al programa llamado CARTA DEL ATLÁNTICO, y ganado una guerra terrible en nombre de la Democracia, no han sido capaces todavía de llegar a un acuerdo, ni a convenir las condiciones de PAZ que han de ser impuestas a la naciones vencidas.”

“Hoy en día, ya no cabe hablar de Victoria, pues lo que ha triunfado hasta ahora es la fuerza bruta. La post-guerra ha sido de villanas conjeturas nacidas de la ambición, de consignas surgidas de la avaricia y de bastardas lujurias de poder. En parte alguna se practica de veras la Democracia; se ha postergado la Carta del Atlántico, que diera sentido misionero a la Victoria Aliada; se ha vuelto a cultivar la diplomacia secreta, los brutales sistemas de Colonias, la explotación económica de los pueblos más débiles por los más grandes, y en fin, los nacionalismos se han recrudecido a la vez que cada sistema u organización ideológica se ha vuelto más intolerante, recalcitrante y opuesto a conceder a los demás los derechos pregonados de Paz, Libertad, Fraternidad y Dignidad que reclaman para sí. ¿Quosque tandem?”

“La CARTA DEL ATLÁNTICO y las famosas CUATRO LIBERTADES tan decantadas en momentos de inminente desastre, quedan hoy olvidadas, pues las naciones con sus designios de Poderío, sus bastardas pasiones hegemónicas y sus necias ilusiones de Soberanía, dejan entrever su manifiesta intoxicación de "falsa grandeza", celebrando su Victoria de manera poca digna y edificante, si no un tanto abyecta”.

“La DEMOCRACIA ha sido resumida en ecuaciones fundamentales tanto en la "Carta del Atlántico" como en las "Declaraciones de Teheran y Moscú" y en las Cuatro Libertades rooseveltianas, fundamentos que subyugan por lo novedoso de sus postulaciones y poderosísimos por lo oportuno de su recordación, que lanzan un inmenso índice acusatorio al pasado, en que la humanidad ha vivido pregonando sus diversos Decálogos religiosos sin jamás ponerlos de veras en práctica. Estos recordatorios magníficamente postulados en momentos de extremo peligro, deben servirnos por siempre jamás de brújula en todos los asuntos mundiales, deben sobre todo constituir la base de todas nuestras proyecciones ideales, pero de manera práctica, a fin de que no se queden de despistadores señeros de menguados ideales y falsarias filosofías oportunistas”.

Volveremos sobre estos particulares en nuevas ediciones de Ariel, en las cuales incluiremos los textos de Mensajes y comunicados enviados a lideres y dirigentes del mundo entero y a las mismas Naciones Unidas, no con el afán de critica, sino de promover y difundir principios que deben ser tomados en serio por la especie humana si aspira a unas condiciones de vida más dignas y más acordes con el sentido genuinamente humano y universal.