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Artículo publicado en Ariel Nos. 70 y 71 de Agosto y Octubre de 1.957, con el cual damos continuidad a la serie de escritos relacionados con la Paz, que han servido de editoriales en las anteriores ediciones. En este artículo se puede palpar claramente como los seguidores de grupos “religiosos”, “filosóficos”, “fraternales”, “espirituales”, etc., al igual que los políticos, contribuyen al engendro de las guerras, cuando se asumen posiciones exclusivistas, sectarias y acomodaticias. Consideraciones y Propuestas imprescindibles de tener en cuenta. Asuntos vitales, más allá del Tiempo y del Espacio.

 

El Orden en el Caos Mundial

"El movimiento se demuestra andando, y toda acción revela sus propios principios básicos y sus valores preponderantes”  Mary O'Day
 

Digámoslo de una vez, hay un larguísimo trecho entre decir y HACER, tanto como entre pedir y CREAR. Existen demasiadas organizaciones y gentes que presumen de líderes y que son simples vendedores de libros, medallas, amuletos y títulos honoríficos y horóscopos o bendiciones Divinas, y que por ésta vía buscan la riqueza fácil.  A ésta gente, generalmente, no se le puede hablar de justificaciones Espirituales ni de fundamentos morales, pues nada entienden de ello, y tampoco tienen tiempo que perder; es para ellos fútiles explicaciones, ya que bastante preocupación tienen con sus empeños proselíticos y de hacer fortuna pronto y fácilmente. Esto, había que decirlo, y si nos atrevemos a hablar claramente de esto, corriendo el riesgo de recibir en recompensa los más groseros ataques de quienes así se comportan, son precisamente estos factores negativos los que más hacen de continuo por impedir el éxito del genuino sentido de toda Religión, que se oponen a la creación de una Gran Fraternidad Universal, y que combaten toda fórmula de Buena Voluntad o de COMUNIÓN ESPIRITUAL.

Muchas veces procuramos romper barreras, disolver prejuicios, aniquilar odios y franquear abismos de fanatismos incruentos. Decimos a nuestros vecinos: SEAMOS AMIGOS, HAGAMOS LAS PACES, VIVAMOS COMO HERMANOS.  Malhadadamente los charlatanes y los impostores de todas las condiciones y categorías no entienden este lenguaje. Hablan de buena voluntad, con tal de que sea en su provecho. Cuando pregonan ideales de Fraternidad, Paz o Caridad es para que los demás crean en sus magnificencias y les admiren, aunque ellos mismos nunca las practiquen.

Cuan fácil es, también, criticar y denigrar de otras personas en nombre de enseñanzas Divinas y valores Espirituales.  Pero quienes así proceden cambiarían pronto de táctica si supiesen que cuando se vive de veras según las genuinas enseñanzas Divinas y con los auténticos valores Espirituales no se tiene tiempo para ser vicioso, ignominioso, cruel o guerrero. He ahí la gran diferencia entre el SAGRADO DOMINIO UNIVERSAL y quienes lo antagonizan: mientras estos se complacen en sus doctrinas y teorías artificiosas, nosotros nos empeñamos en vivir según el ETERNO CONVENIO ESPIRITUAL, la Regla de Oro y las esencias de todas las Religiones.

No es de dudar, desde luego, que muchas agrupaciones poseen características muy sui-generis, especiales, que las obligan a trabajar separadamente. No hay nada de punible o de criminal en esto. También hay organizaciones que prefieren mantenerse dentro de líneas tradicionales que les son caras, y tampoco hay nada de condenable en esto. Creemos que es loable ser fiel a ideales. Lo que sí resulta a todas luces contradictorio y especioso es que grupos religiosos, fraternales, espiritualistas  místicos, caballerosos o filosóficos prefieran trabajar solos y exclusivamente para sí, y rehúsen cooperar con otros de idénticos orígenes, métodos y aspiraciones inmediatas o ulteriores. El sectarismo proselítico y los exclusivismos fanáticos se pronuncian de manera especiosa, en efecto, cuando se niegan a vivir de acuerdo con sus más pregonados principios o ideales.

Por ejemplo, ¿Qué podemos pensar de una Fraternidad que no quiere ser fraternal con otras Fraternidades? O de ¿Una sociedad de Buena Voluntad que cultiva la difamación, el odio y la suspicacia hacia otras organizaciones y personas que no giran dentro de su exclusiva órbita? O de ¿Iglesias que se dicen universales pero que excomulgan, atacan, injurian de lo lindo, a gentes de otras Iglesias? O de ¿Escuelas Místicas que maldicen de cuanto no sea de su conveniencia o en favor suyo? O aún de ¿Un grupo Espiritualista que pregona el Amor Divino y la Fraternidad Universal, pero que considera enemigo vitando y que alimenta odios demoníacos hacia grupos que se caracterizan por su independencia de criterio?  Acaso ¿No sería justificarse ampliamente, o demostrar mejor la propia sinceridad, si todas las Religiones, Fraternidades y Filosofías se uniesen para constituir un Frente Moral común y una Cruzada Espiritual a escala universal? ¿No sería tal gesto demostración de cordura encomiable y de admirable generosidad de corazón?

No pedimos más que esto. La verdadera BUENA VOLUNTAD, sincera FRATERNIDAD, COOPERACIÓN MORAL y la COMUNIÓN ESPIRITUAL que demandamos no implican sumisión ni esclavitud, sino simplemente una mejor demostración de sinceridad y de dignidad propia.  Además ¿Acaso no se demuestra, obrando así, una capacidad intelectual más amplia y una disposición de indiscutible inspiración Divina o Espiritual? ¿Acaso hay otro modo para acabar con el CAOS MUNDIAL y las monstruosidades que son el comunismo, el fanatismo, la explotación del hombre por el hombre, y la ignorancia que roe a las almas?

No deja de ser enigmático el hecho de que pululan hoy en día y surgen cada día más grupos espiritualistas y se construyen nuevas iglesias de distintas fes en todas las latitudes, sin que por ello mejoren ni la cultura ni la suerte de la humanidad.  Es como si la prosperidad de las organizaciones religiosas, fraternales y filosóficas de todos los matices y rangos de significación no tuviesen sino una influencia mínima en el concierto trafagoso de las fuerzas competitivas del mundo. Cabe preguntarse, en verdad, si ¿La prosperidad de los organismos exclusivos y los reductos y cenáculos de almas especializadas en un género de fe o culto carece de relación con el nivel cultural y la suma de dignidad humana de las colectividades?

Hoy en día, en efecto, existe un imponente número de organizaciones religiosas, místicas, espiritualistas, filosóficas y culturales en todos los países donde existe libertad democrática, pero a juzgar por los hechos diversos diarios, las guerras y el constante incremento del vicio, no podríamos decir que son impresionantes por sus resultados culturales, morales y espirituales. De hecho, en siniestra formalidad paralela prosperan igualmente que éstas organizaciones las manifestaciones de violencia, los antros de vicios, los opresores políticos, la monstruosa incisividad comunista, la miseria desesperante y también la desfachatez insolente de quienes gustan hacer alarde de sus mal habidas riquezas y de sus prejuicios sociales. De ahí que, en ulterior análisis, inquirimos dónde se encuentra la prueba del progreso y en qué mejoran tanto la cultura como la salud moral y la felicidad espiritual de nuestra especie.

Acaso la evidente falla o inoperatividad de los idealismos religiosos, místicos y espiritualistas a que aludimos más arriba sea debido a su falta de sentido práctico, o porque no son educacionales sino simplemente proselíticos. Tal vez sea debido su escaso progreso  al hecho de que reposan más sobre la fe y sobre doctrinas abstractas y metafísicas que sobre la necesidad de resolver problemas mundiales y satisfacer íntimos imperativos categóricos del ente humano. También es obvio que su mayor falla reposa sobre el hecho de que están divididos y se hostilizan, calumnian y combaten mutuamente, a trueque las fuerzas criminosas se respetan y respaldan incondicionalmente las unas a las otras.

En efecto, los elementos religiosos, fraternales, místicos, filosóficos y espiritualistas, de ser verdaderamente sinceros e interesados en hacer triunfar sus ideales humanistas y sus enseñanzas Divinas, debieran UNIRSE o por lo menos respetarse y ayudarse mutuamente, de manera incondicional, ya que el éxito y el bienestar de un grupo redunda en garantía y mejores condiciones para los demás. Malhadadamente, presenciamos a menudo el trágico hecho de que las distintas Religiones se hostigan, odian y combaten las unas a las otras, olvidando sus más elementales principios éticos como sus preceptos filosóficos fundamentales, y las fraternidades se comportan como si no creyesen que la fraternidad sea posible, al mismo tiempo que vemos grupos místicos, filosóficos y espiritualistas difamarse, negarse, destruirse y desquiciarse en fútiles contiendas de interpretaciones doctrinales o de posturas místicas, en vez de UNIRSE para demostrar mejor las bondades de sus respectivos empeños. Es obvio que no saben todavía que las instituciones terrenales, llámense Yoga, Iglesia, Orden Mística, Escuela de Magia, Sociedad Espirita, Cenáculo Masónico, Relicario Chino, Centro Rosa Cruz, Cátedra Espiritualista, Sagrario Hindú, Sociedad Tibetana, Clínica Invisible, no dejan de ser sino simples medios para un fin y no un fin en sí, y por tanto todos son igualmente buenos y respetables en la medida en que sus componentes sean sinceros y honorables.

Lo que debe primar por sobre las instituciones, a la luz de la sagacidad, son los principios Espirituales y las normas éticas. Para tener una idea exacta de lo que significan nuestras palabras no tenemos mas que notar a la organización llamada Naciones Unidas: fracasa y es menospreciada porque tiene una Carta Magna del Hombre pero no la respeta ni funciona de acuerdo con ella. Por otra parte, vemos las distintas naciones en sus relaciones mundiales subsistir a base de componentes de conveniencia, que son recursos políticos sin parar mientes en ningún Código Moral, y como no se atienen a ningún Estatuto básico o constitutivo van a la deriva del acaso, para acabar en los desfiladeros de las guerras económicas y de barbarie. Así mismo, muchísimas organizaciones religiosas, místicas y espiritualistas, al igual que fraternales, naturistas y metafísicas prosperan sin tener rumbo espiritual fijo ni bases morales seguras, siguiendo la corriente de los acontecimientos peregrinos o trágicos del mundo y también sin positiva trascendencia ética ni carácter genial. En vez de vivir, subsisten y vegetan al acaso. Es precisamente por ello que cuando se les propone vivir en consonancia con un Código Moral bien definido, se encogen de espaldas, muy seguros de sí, diciendo que lo conocen de memoria, y cuando se les propone un Convenio Espiritual Eterno o Pacto de Conciencia se asustan muy ignorantemente, demostrando con ello su incapacidad moral y su vacuidad Espiritual.

Bien sabido es, así mismo, que las naciones republicanas no sufren tiranías, cambian de gobierno ahora cada cuatro o cinco años, modificando de paso sus credos y métodos de acción, pasando a veces del estado democrático al más nefando despotismo, y tales cosas nunca sucederían si las naciones funcionasen de veras de acuerdo con un permanente Código Estatutario de Ética. Tampoco ocurrirían hechos como los recientes en Hungría y Suez o como los actuales en África del Norte que se empeña en librarse de férulas y yugos extranjeros, si las naciones viviesen de acuerdo con los elementales preceptos morales que recomiendan en sus Códigos de Justicia y que enseñan a la niñez en las escuelas. Si la moral fuera cosa practicada de veras, no habría nunca ni guerras ni robos, ni crímenes: pero tal vez sea demasiado exigir de los hombres civilizados que se comporten respetuosamente y con dignidad.

Así, vemos muchas organizaciones que presumen de religiosas, fraternales, idealistas, místicas, filosóficas y espiritualistas, capaces de odiar y matar por sus creencias y hablar desaforadamente de sus principios de Amor, Caridad, Buena Voluntad, enseñanzas Divinas, así como de su sentido humanitario; no obstante si se les propone reunirse para una Comunión Espiritual, para una Consagración de Ideales o para constituir una Legión Cósmica de la Divina Regla de Oro, se yerguen altivamente con poses de suficiencia y pregonan su independencia.  No conocen, desde luego, lo que son las bendiciones de la Comunión Espiritual, ni la magia de la cooperación, ni mucho menos lo que es deletrear las fórmulas de sus propios idearios pregonados. Pueden hablar efusivamente del Amor, de la Caridad, de la Paz, de la Fraternidad humana, de la Ley Divina, o de la  Buena Voluntad... Pero no saben vivir su fe ni pensar honradamente, ni mucho menos practicar la rectitud.  Lo peor del caso es que tampoco se encuentran unos y otros en feliz coincidencia de Voluntad inteligente y bondadosa, ni en conjunción de nobles ideales de auténtica Espiritualidad, como si en realidad cada cual creara su especial Verdad, su exclusiva Ley Divina y su suprema Espiritualidad para consunción propia de ciertos individuos o interna de cada clan o secta. De ser así, cabría decir que asistimos en estos trágicos momentos a la exaltación de la ilusión y de la obcecación, en vez del florecimiento de sublimes realizaciones debidas a genuinas enseñanzas Divinas y auténticos valores Espirituales.

Hay también los Movimientos de última hora que se dicen de FRATERNIDAD MUNDIAL, BUENA VOLUNTAD UNIVERSAL, ALIANZA IDEALISTA, ORDEN DE SERVICIO, UNIÓN FILOSÓFICA, COOPERATIVA RELIGIOSA, PAZ MUNDIAL, CÁTEDRAS ESPIRITUALISTAS, etc. que tienen de sus propias concepciones unas ideas absolutamente concéntricas y unilaterales, por cuanto cuando se les invita a expresarse en una cooperación verdaderamente UNIVERSAL prefieren ignorarnos, ya que no entienden la Fraternidad, la Cooperación, el Amor o la Espiritualidad sino en función de beneficio suyo exclusivo. O se es con ellos, o ellos no están con nadie, así se resume su magnífica filosofía de la vida, y su religión es: O ÉSTAS CONMIGO O ESTAS EN CONTRA MIA, Y EN TAL CASO DEBO DESTRUIRTE.

Hemos tenido ésta experiencia muchísimas veces en el pasado con semejantes organismos sui-generis, y por ello hemos aprendido a descartarlos por completo al comprender que sus ideas son más bien excesivas, egocéntricas y supraegoistas.

Como quiera que hemos hablado ya del SAGRADO DOMINIO UNIVERSAL, conviene aludir aquí con especial énfasis a lo sustancial y positivo de lo genuinamente Divino y Espiritual, ya que no cabe continuar con infructuosas fantasías y superfluas doctrinas. Lo que se justifica éticamente y en buena característica Espiritual, únicamente, merece ser tomado en serio a éstas horas en que el mundo entero está dividido y ensangrentado por los "ismos" más contradictorios y los cultos más antípodas. Desde luego, el HOMBRE es la medida y base de criterio para todos los valores, y aún lo Espiritual y lo Divino carecería de validez ponderable si no satisficiera ante todo las necesidades de nuestra especie, ahora mismo.

El supremo ideal inmediato de este mundo es, por tanto, la dignificación del hombre. Aprendamos, por encima de todo, a dignificar el hombre en todas partes, sin parar mientes en su credo religioso, su raza o su nacionalidad, que todo esto es secundario y adjetivo. Lo sustancial de la vida es la valía del hombre por sus ideales vigentes, sus instituciones rehabilitadoras y sus credos y cultos ennoblecedores.  Y si las Religiones, las Fraternidades y las Filosofías no saben cumplir su Misión Divina mejorando el destino humano deben ser descartadas por inoperantes y carentes de sentido vital.

Llegamos por ésta vía a la proclamación del sentido trascendental del sacerdocio religioso-espiritual de los Tiempos Nuevos. En efecto, el sacerdocio es un servicio, una misión rehabilitadora. El máximo sacerdote, por ende, es aquel que sabe ser tan amplio como los principios Espirituales y tan sublime como las esencialidades de la religión (de todas las Religiones); y que no se reduce a limitaciones sectarias o circunscripciones doctrinales.  Se es sacerdote de Dios, de la Verdad, y no de una u otra organización terrestre. No olvidemos que el Espíritu existía antes de Jesús, Abraham, Shri Krishna, Budha, Lao Tseu, Zoroastro, Blavatski, Allan Kardec, Filmore, Mary Baker y todos los creadores de Religiones e Iglesias, porque es eterno y es por añadidura universal porque está en todas partes y ninguna organización religiosa o espiritualista ha logrado jamás adueñarse de EL (llámesele Espíritu Santo, Verdad, Alma Universal, Pralaya, Purusha o Brahma) o ser su exclusivo dispensador. Es obvio, a la luz de éstas consideraciones indiscutibles, que el supremo sacerdocio es aquel que es más Espiritual, o sea el que se ejerce en función de servicio impersonal, no sectario y no egoísta, en el absoluto olvido de la personalidad o de lo terrenal y circunstancial, ya que es primordialmente una dedicación devota a lo esencial o vital del Hombre, a Dios.  Este sacerdocio supremo consiste en estar por encima de todo al Servicio de Dios, de la Humanidad toda y de la Verdad; de ahí que se caracterice por su universalidad. De hecho, el empeño por lograr tan sublime propósito es, precisamente, lo que más justifica la existencia del SAGRADO DOMINIO UNIVERSAL.

Siempre hemos propugnado que es un gran privilegio y una felicidad inconmensurable el poder entregarse íntegramente al SERVICIO de la Verdad, es decir a Dios y a lo esencial del Hombre, por encima de todo personalismo, así como de todo exclusivismo de carácter sectario o partidista. Esto mismo, desde luego, puede concretizar el ideal supremo de todas las Religiones y Filosofías Espirituales, cuando la universalidad pregonada o ansiada es genuina. De ser así, todos los sacerdotes religiosos deben de coincidir en sus empeños e ideales, y entonces el SAGRADO DOMINIO UNIVERSAL no puede ser una simple fantasía, un mito o una utopía irrealizable. Además, ¿Acaso es indispensable repetir aquí que existe solo un Dios, UNA Verdad y UNA Humanidad?

La feliz coincidencia de las sublimaciones Espirituales puede llevarnos de entusiasmo a creer en una Religión Universal única. No es del caso, empero, exagerar o confundir lo real. Es más, en lo esencial todas las Religiones son idénticas y la multiplicidad de sistema Religiosos, Fraternidades y Filosofías no es dañino para nadie; los hombres inteligentes pueden muy bien SERVIR a Dios, la Verdad y la Humanidad, a su modo, y considerando que al injuriarse, excomunicarse o matarse, los unos a los otros, demuestran precisamente sus fuerzas y propensiones antirreligiosas, antifraternales, antifilosóficas y antiespirituales. De hecho, lo que más importa aquí no es si se debe catequizar y conquistar a los demás, por considerar nuestra FE superior a la suya, sino más bien demostrar con dignidad y conciencia la superioridad de nuestra capacidad de BUENA VOLUNTAD y SERVICIO mediante nuestra FE, sin incurrir en complejos místicos patológicos, ni pujos siconeuróticos. Si logramos captar simpatizantes y fieles por espíritu de imitación, por la magia del ejemplo admirable, creemos que es la mejor manera de justificar una iglesia, un credo, o un sacerdocio.

Pr. OM Lind Schernrezig
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