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Editorial: ARIEL No. 100. Luis E. Sierra Imprimir E-mail
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ARIEL No.100

Llegamos a la Edición No. 100 (CIEN), Volumen 10 de ARIEL, correspondiente a julio y agosto del año 2002. La primera edición de ARIEL se produjo en el año 1.939, lo que implica que ARIEL en su edición 100 cumple 63 años de estar en la palestra pública. Hace dos años, en abril del 2.000, celebramos el arribo a los 60 SESENTA años desde que le fue otorgada la Personería Jurídica a la SOCIEDAD ACADEMICA DE ESTUDIOS ESOTERICOS (UNIVERSIDAD ESPIRITUAL EN COLOMBIA) responsable directa de la difusión de este Órgano oficial de la misma y de la ALIANZA UNIVERSAL, su matriz, de la cual representa la Sección Educativa para Colombia y las Américas, si bien su radio de acción se extiende urbi et orbi.  Y fue en el mes de noviembre del mismo año 2.000 en que se inició la publicación de ARIEL en Internet, ediciones que se vienen efectuando ininterrumpidamente desde entonces, bimensualmente, y de las cuales pueden ser consultadas hoy en día en la web las diez impresiones efectuadas a la fecha en Internet, actualmente con artículos en español, inglés y francés, y con vínculo directo a la página en idioma inglés.

Muchos de los artículos publicados en las ediciones realizadas en Internet  los hemos dedicado a rescatar artículos de ediciones que llevan varias décadas de publicadas, que merecen su continua reedición en razón a que se trata de Principios Universales que, como tales, tienen vigencia en todas las épocas, para todas las razas, en cualquier coordenada de nuestro planeta, esto es, en síntesis, para el servicio permanente de la humanidad en general sin distingos convencionales o circunstanciales de ninguna índole.

Siguiendo con la misma tónica que ha caracterizado las últimas ediciones, dejemos que sean extractos tomados de la memoria de revistas ARIEL anteriores, los que sirvan de fundamento e inspiración a la celebración de este número, pero que sea el editorial de ARIEL No. 1, publicado en 1.939, el que sirva de introducción para la celebración del editorial de la EDICIÓN No. 100 publicada en el presente año 2002.

Luis Eduardo Sierra S.
Director

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Editorial ARIEL No. 1 (1.939):

"ARIEL" sale a la azarosa palestra del periodismo con los brillos de una juventud fuerte y ávida de triunfos trascendentales y con propósitos bien definidos.

No solamente tiene un Programa, sino Espíritu.

Su motivo y objeto de ser, es el despertar de la conciencia humana en el Nuevo Mundo, en la crítica actualidad que confrontamos, y su Espíritu es esa intimidad inefable, radiante de plenitud vital, recia en sus precisiones, de valores imponderables y posibilidades sublimes en lo genitivo del ser.

No viene a propugnar dogmas usados, ni a asumir actitudes ya vetustas e inoperantes, contra lo establecido, sino que representa, o mejor dicho viene a traducir y hacer comprensible el generoso y alentador verbo propulsor de la evolución étnica, esa vitalidad perfeccionadora que se agita con carácter de esencialidad en lo básico de nuestras realidades humanas.

Demás es que digamos que nuestro empeño es poner en evidencia, en términos radiantes, los rasgos que han de caracterizar a nuestra esperanza, rubricando así mismo con positivos ideales las aspiraciones que nos sirven de orientación.

Así, "ARIEL" pretende dar a conocer ese aliento formidable de innovaciones y positivas superaciones que radican en todo ser viviente. Pero aquí, va a darse a conocer como "Impulso Étnico", como "Misión trascendente en las Américas" frente al complejo devenir histórico, que necesariamente debe abstraerse de las valías que hasta ahora fungieron como determinantes del progreso humano, en razón de sus múltiples fracasos presentes.

"ARIEL", sepámoslo de una vez, es la fuerza inmanente, inmarcesible e invencible de la conciencia humana que, con arrebatos de genial y heroica sinceridad, se yergue por sobre los escenarios temporales, con ansias inarticuladas, con afanes infrustrables y avideces de triunfos eternos.

"ARIEL", en la verdad mitopéica, representa la reciedumbre de los bravíos páramos, de los impávidos llanos y de los límpidos cielos de las Américas, traducidos en ideales de conciencia creadora, que en vez de hablar por boca de los Aconcagua, Chimborazo y Popocatepetl, o con gestos insólitos de los ingentes Mississippi, Orinoco y Amazonas, edita y estrena sus designios con ímpetus inviolables de un Washington, Bolívar y San Martín y busca fieles hálitos con los Rodó, Martí, García Calderón, Lincoln y Mecken, repitiendo las soberbias voces cósmicas de esos grandes hijos del Sol que fueron los Caupolican, Atahualpa, Quetzalcoatl, Hatuey, Moctezuma y Garcilaso de la Vega.  ARIEL es más aún que esto: es el Verbo Natural que, en genitivo despertar, se asoma con arrestos de conciencia innovadora e invicta en una humanidad harta de torpezas y que deja de ser arrastrada indolentemente por su pasado señero de incoherencias, incomprensión y fatalismos burdos y groseros. No es cuestión de casta privilegiada ni de exhibicionismo geográfico, o aún de racismo necio y funesto, o de sectarismo político-religioso, sumados, en fin, de aportes incisivos y negativos con sentido destructivo de todo lo generoso, sublimador y trascendente de la vida humana.

ARIEL es la conciencia humana en pleno despertar, y que se alista para una labor grandilocuente, divinal, en suelos de América, frente a las descomunales y suicidas descomposiciones de la dignidad, de la cordura y de la decencia humana en otras latitudes.

ARIEL es el alma magnífica que surge, en el Nuevo Mundo, ufano de vivencias de la Nueva Era.  Es el verbo de valores novísimos que se impone en el mundo a través de una conciencia en álgido y proteico despertar y saturado de sublimes realizaciones de sentido cósmico o universal (Ecuménico).

ARIEL, en afán rectilíneo y con vigor de titán, se yergue ante la historia, con arrestos de legendarios centauros y amazonas generados para una novísima Edad de Oro, de CULTURA ESPIRITUAL de la humanidad. Es la UNIDAD ESPIRITUAL, imbuida de magia CULTURAL superlativa, que enaltece y fija los más trascendentales derroteros evolutivos de la especie humana, de esa humanidad cuerda, serena y generosa que, libre de las taras y tendencias vitandas que pervirtieron sus destinos hasta ahora, busca sus genuinos destinos en la magnífica UNIDAD de la conciencia íntima que brota, sencilla y sublime, del sentido universal que se agita en las preñeces esplendentes de la Naturaleza.

ARIEL es un grito de triunfo de lo genuino y esencial. Es la gloria de nuestra propia sinceridad que vence los cursos históricos y unce el andar de la vida a los designios superiores del Universo.

ARIEL es la sierpe alada del simbólismo tolteca, el Dragón dorado de los asiáticos, el sol resplandeciente de nuestros gloriosos Incas o Emperadores-iniciados (Pontífices Nobles), el albo Cisne de las trascendentales mitologías ancestrales hiperbóreas, o la actitud triunfante de aquellos que saben vencer el destino, amordazar el pasado ignominioso y displicente, y desafiar a las incógnitas del porvenir.  ARIEL es algo más que un grito de independencia: es una gesta heroica de eterna actualización. Es fulgor invencible de valías superiores de la cosmobiogenesis humana.

¿Quién se atreverá a dudar del presente despertar Cosmo-histórico-humano de ARIEL, engendro de la eterna aspiración del ser a la superación consciente? - ¿Quién se resistiría a ser vehículo de ARIEL? .- ¿Quién se opondría al venero sublime de ARIEL? - ¿Habrá gente tan torpe e ilusa, tan zote y banal, como para eludir tan generosa y sublime génesis? Todo individuo ansioso de justificar sustancialmente su propia existencia anhelante de una genuina superación consciente debe aspirar a ser "órgano de manifestación de esa UNIDAD ONTOGENIAL, trascendente, que es ARIEL.

Y ARIEL, como órgano de publicidad, pretende ser sumamente exigente, pues su propósito único es sustancializar las sublimes enseñanzas de REALIZACION CONSCIENTE propugnadas por los Santuarios Esotéricos (Universidades Espirituales de oriente y occidente).

Aparecemos con esa humildad propia de los más grandiosos acontecimientos, porque no nos revestimos de falsos prestigios ni necesitamos de oropeles para darnos a conocer, ni depender de otros elementos que nuestros propios recursos. "ARIEL", pues, como publicación, será borrosa quizás, en sus comienzos, como esas penumbras inciertas de amaneceres preñados de reservas, pero ha de volverse en seguida todo claridad, como los principios que encarna.

ARIEL es todo un Evangelio, como lo presentiría Nietzsche, como el grandioso Budha Siddhartna Sakkiamuni, como lo buscaba el Jesús de Galilea, como lo pregonaría Víctor Hugo, como lo profesaría Amado Nervo y como lo soñaría el Washington con alma de Gengish Khan del porvenir. Es el Apocalipsis laico previsto por Renán, propuesto por el Budha y ansiado por los soberbios Atahualpa, Caupolican, Hatuey y Quetzalcoatl........! Este evangelio nuestro, maravilloso y formidable, pudo haber sido postulado por un Kaiserling o por un Berdiaeff, de haber tenido ellos alma de Neruh con vigor de un Spengler y corazón de Massarik; pero que no alcanzará postulación efectiva sino con individuos de conciencia plenamente despierta, de corazón sencillo y puro, de mente (Inteligencia, Pensamiento) capaz de Aristocracia Moral y de Espíritu verdaderamente Noble, en el más trascendente sentido Natural y Universal.

"ARIEL", de hecho, no es para almas timoratas, corazones serviles y espíritus valetudinarios. Se impone, aquí, la emancipación del dogma y de las doctrinas estereotipadas en la psiquis traumatizada por las tradiciones, pues el uno promueve la FE que FANATIZA, y las demás crean complejos que complican la vida.  Tenemos que volver a la vida real, a las consistencias morales y filosóficas que dignifican al ser, y vitalizan con actitudes de positiva cordura y de genuina superación consciente.

Los conceptos y los ideales limitados y truncos, tienen que ser por fuerza pequeños, mezquinos, raquíticos.  Muchos de los males humanos estriban en esto, precisamente.  Y por sobre todas las crisis que destruyen todo sentido dignificante en la vida, y provoca episodios dantescos dentro de nuestra accidentada actualidad histórica, se halla la CRISIS DE LA CONCIENCIA.  Por ésta, en efecto, se ha hecho posible el estúpido y bárbaro drama de China, reeditado en Etiopía, Palestina, Siria,  España y otras partes, así como las ignominias de Rusia y de la Europa Central, y, en fin, ese morboso marcialismo que se ha entronizado por doquier en el mundo hoy por hoy.  ¿Qué es de las pomposas religiones y de las cacareadas filosofías de los Pitágoras, Budha, Jesús, Santo Tomás y Apolonius de Tyana?  ¿Cuáles han sido sus frutos prácticos? ¿Cuál es el sentido operativo frente o dentro de estas tremendas FOURNAISES? ¿Cuál será el fin de todo esto?

"ARIEL" viene a evocar, a proponer si cabe, y a infundir en lo posible, este glorioso sentido de la SUPERACION CONSCIENTE que es el  pagano tributo invencible de la inteligencia universal sutilizada en el superior tipo humano.

Tal es nuestro programa y nuestro espíritu!

Y con nuestra invitación a la cooperación edificante dirigida a todos los que simpatizan con nuestras miras, saludamos a todos los espíritus que, por otras sendas y con otros medios igualmente aceptables, buscan la edificación de un mejor destino humano.

Pr.  OM.  Cherenzi-Lind

 

Extractos de otros ARIELES:

ARIEL ha entrado plenamente en sus labores, y este sexto número sale con nuevos brillos, pues ha merecido la mejor de las acogidas y nos ha traído múltiples voces de aliento y felicitaciones delicadas que quisiéramos merecer siempre.

ARIEL, ya lo hemos dado a saber de diversas maneras, es una publicación, o mejor dicho, un CUADERNO DE ESTUDIOS, que tiene por objeto conducir a los estudiosos sinceros hacia derroteros de positivo engrandecimiento, precisando datos y formulando Principios, como no se dan a entender - ni se crean - en las diversas formas corrientes de actividad humana, y mucho menos en los centros docentes. Y con la simpatía que hemos suscitado y el entusiasmo que se sume a nosotros desde todas partes del país, así como del extranjero, nos disponemos a entrar de lleno en nuestras actividades, como quienes tienen la certeza inconfundible de que su obra es magnífica y sublime, y que no pueden fracasar. Así, nos proclamamos los paladines y decididos de la causa de la CULTURA INTERNA así como de los IDEALES ESPIRITUALES de una humanidad superior.

Es verdad que hemos merecido cierta crítica de parte de algunos fanáticos que no ven con buenos ojos nuestros progresos, por no estar a la altura cultural y moral de las verdades espirituales que propugnamos, pero ante tales voces impávidas que surgen en las espesuras bravías de los sectarismos, nos erguimos con gestos ARIELIANOS desafiando a la incultura, y decimos, con acento virgiliano: a pesar de todo, VENCEREMOS.

ARIEL no es militarista ni enemistado con todo lo existente, ni pretende hallar faltas por doquier, pero sí se opone a que subsistan en el mundo sistemas, hermenéuticas e ínfulas fundadas en la más tenaz y letal hipocresía, en la charlatanería irresponsable y maligna o en la impostura mística o práctica de toda índole. La especie humana tiene derecho a la VERDAD, y ya es tiempo de que se acabe con las férulas dogmáticas y los trampolines doctrinales. Un nuevo orden de cosas debe sobrevenir, ahora más que nunca, pues no es posible que la audacia explote a la ignorancia, que los improvisados y los pazguatos imperen sobre los infelices o que la incultura gobierne sobre la indolencia y la inconciencia.

ARIEL no es una publicación fanática ni partidista, y está dispuesta a servir los mejores intereses del público estudioso y amante de la Verdad. Ningún personalismo puede desviarnos de nuestra noble ruta,  pero creemos que es igualmente infame tolerar la hipocresía, la impostura y la malevolencia. Y cuando se descresta al público con charlatanerías consumadas que se refuerzan con una vulgar difamación contra los genuinos valores, consideramos deber nuestro el salir en defensa de los PRINCIPIOS.

Por ser ARIEL luminaria tribuna excepcional del pueblo, o sea de la Humanidad, es sustancialmente orientadora, rehabilitadora, emancipadora y enaltecedora. No es ni plataforma ni trampolín para intereses convencionales, ni podría estar jamás al servicio de fuerzas contradictorias, negativas o destructoras. Es más, busca por sobre todo defender los valores sagrados de lo genitivamente humano y Espiritual, y por ahí responder a los imperativos Divinos, que son universales y eternos.

Goethe clamó por "Luz, más Luz". La humanidad hoy por hoy clama por dignidad, más libertad, más justicia y más paz. ARIEL está incondicionalmente al servicio de ésta Humanidad magna del pueblo que sufre.

ARIEL, alta tribuna y auténtica universidad del pueblo se disocia de todo género de infamia o de violencia. Quiere que el hombre, genéricamente hablando, sea digno de la mejor suerte y sea objeto en todo momento y en todas partes de las mejores enseñanzas religiosas así como de la genuina democracia en la práctica. Los valores Espirituales y morales no deben constituir una cínica burla, ni servir de pretexto para ninguna forma de salvajismo.

ARIEL se empeña, de hecho, en promover el mejor destino posible para el hombre, pues el hombre no es sólo lo más interesante de la vida sino la criatura más sublime de Dios.  El gran Lincoln hubo de decir una vez: "Los humildes, los que sufren y los desheredados de la suerte deben ser bien amados de Dios, pues ha hecho tantos de ellos".  Quien sabe si esto fue dicho con ironía pero el hecho es que Dios está de veras en todas partes, está sobre todo el PUEBLO, en ese magma humano que pugna tenazmente por evolucionar y por acercarse a la perfección Divinal.

ARIEL es el espíritu juvenil que busca la Verdad con su corazón, y viendo al mundo debatiéndose en tanta miseria moral y vacío espiritual se apresta a crear un mejor mundo para la humanidad. ARIEL es autor de una Nueva Era que le augura a la humanidad un porvenir de genuina paz, justicia y libertad, porque está ufano de logros rehabilitadores, y para la solidaridad es el más preciado de los dones, y el servicio impersonal el distintivo de su nobleza espiritual y la forma más practica y más sublime de la religión. SER, en las dimensiones mejores de la vida, ES SERVIR.  Y a buen seguro que servir es saber amar a Dios y al prójimo tan bien y tanto más como se ama uno a sí propio.

ARIEL, que está siempre en la vanguardia en asuntos espirituales, y que es portavoz abanderado inevitable del progreso humano, se contenta hoy por hoy en subrayar los hechos salientes de la triste época caótica y sanguinaria actual, pero no puede dejar de señalar también que el verdadero remedio redentor y misionero eficaz, seguro, para todos los males del mundo, está también a la vista y al alcance de quienes anhelan un mejor modo de vida y tienen interés en ver materializarse las Enseñanzas Divinas de las épocas pretéritas sin escatimar esfuerzos ni sacrificios para ayudar generosamente en la realización efectiva y práctica de tan ennoblecedores ideales.

ARIEL no es solamente una publicación sino más bien un Verbo Señero y rehabilitador. De ahí que en medio de la batahola planetaria ingente de los actuales tiempos, se mantiene incólume y con la dignidad de un resplandor sereno de amplitud cósmica. Asiste a los combatientes de todos los bandos por igual, y se empeña en servir desinteresadamente a todos sin distinción de bandos, fe o nacionalidad.

Esta publicación, ya lo hemos asentado y demostrado por más de 19 años  (63 años: 1939 - 2002) de constante bregar cultural, representa más que una figura mitológica, ya que realiza el verbo simbólico en forma sustancial. Para nosotros, en fin, ARIEL es el alma de la especie humana que se emancipa de la materialidad y se eleva hacia las alturas Espirituales y Divinas.

ARIEL es indestructible, pues es la propia conciencia de la humanidad. Su resplandor constituye la única proyección de dignidad posible.

ARIEL es el espíritu humano invencible, que pese a todas las vicisitudes y contra edades logra sobreponerse y se manifiesta siempre más vivo y potente, consciente de sus íntimas capacidades y de su misión universal rehabilitadora de la especie. Es, de hecho, la divinidad del hombre por excelencia, en su condición más nata e imperecedera.

ARIEL se sobrepone a las circunstancias negras del mundo, y venciendo sus propias limitaciones y torpezas, despierta, sacude sus dolores y se yergue para demostrar que el espíritu de la vida es eterno, incontestable, ajeno a todas las morbosas influencias avasalladoras y esclavizadoras. ARIEL puede ser combatido, negado y atormentado, pero nunca abatido ni vencido.

ARIEL vive la enseñanza moralizadora que le sirve de motivo, norma y justificación, y así se explica que volvemos a la lucha, seguros de encarar nobles ideales y recobrar a plenitud nuestros derechos en causas rehabilitadoras pregonadas de sentido cósmico y de divinales bondades.

ARIEL no puede ser encadenado, porque es el alma humana que necesita de la libertad para vivir lo mismo que el ave necesita aire. Es ICARO que triunfa de sus propias inquietudes y sufrimientos, y también Prometeo en divina esencia eterna que da sentido a la vida y colma sublimes ansias de autorehabilitación y de inextinguible afán de regresar a la Patria Celeste, suprema meta de la existencia.

ARIEL es el ideal humano hecho carne humana. Es el alma, en fin, que rehúsa ser aniquilada en su paso por las edades negras, negándose a toda sumisión impuesta y a toda explotación. No hay dogma ni tiranía capaz de aniquilarla, y su existencia es un perpetuo desafío a las fuerzas abyectas y malignas.

ARIEL es el espíritu de libertad y de la vida plena. No queremos desmerecer los principios que hemos invocado y a los cuales nos hemos consagrado.

Al volver a la palestra pública ARIEL quiere significar su regocijo con su efusivo saludo al gobierno, al pueblo y a la prensa en general.