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LA GRAN TRAGEDIA DE LA DUDA, DEL ODIO, DEL MIEDO Y DE LA IGNORANCIA

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El hombre moderno, aunque concebido originalmente imbuido de grandeza inefable y de poder ilimitado, se ha vuelto un “homo civicus” que vive atormentado por sus propias deficiencias, envenenado por sus propias dudas, en fin viciado por sus propias ilusiones. Es la triste figura moribunda de un romántico alucinado que sufre el peso horrible de la impotencia de su corazón y de las pasiones materiales que lo agobian. Es el hombre encadenado y aservilado por su propio egoísmo.

Asistimos al triunfo histórico del egoísmo humano. Por dondequiera, el mundo se ve reclamadoy convertido en un escenario de pasiones humanas por lo menos embrutecedoras, que ponen la inteligencia del hombre al índex mientras que el antropomorfismo grotesco y estúpido del “homo sapiens” toma ventaja en contra del potencial vital y de las mejores cualidades naturales innatas en él.

Esta afirmación es la conclusión de nuestras observaciones de las condiciones que afectan al hombre de hoy día, y de todo lo que reviste las características de la civilización material actual. Es verdad que esta civilización está en plena descomposición y, por qué no admitirlo, reclamar ser substituida por una mejor. Pero apresurémonos tambien a realizar que todo este fárrago que se admira y honra bajo forma de cultura o civilización, no es más ni menos que un producto del hombre y es por ello que el hombre debe sufrir de manera categórica las trágicas consecuencias.

¿Qué digo yo? El hombre actual adquirió un sentido de civilizado absurdo que da un nuevo carácter y tambien tan grave a los cuatro símbolos del Apocalipsis. La entera humanidad está verdaderamente enferma de simbolismo, pues para el hombre, todo se ha vuelto mero simbolismo, un lirismo sin transcendencia que obsesiona las almas y estimula la hipocresía de las gentes. Se habla fácilmente de Paz, de Virtud, de Honor, de Fraternidad, de Divinidad y de Verdad, pero nada de todo esto aparece efectivamente en la vida del hombre. Todo no es más que una vana presunción, vagas ilusiones, y suntuosidad de la inteligencia. La Paz es utopía, la Virtud es ficticia, el Honor es vano, la Fraternidad es lírica, Dios es de concepción fantasiosa y la Verdad es exclusivamente imaginaria. El hombre prefiere utilizar su inteligencia en favor de lo absurdo, o bien su naturaleza adquirida reclama una perversión de todas las formas del pensamiento y una disecación de todos los Principios Universales. Los monstruos apocalípticos de nuestros días, a pesar de todas las presunciones denuestro modernismo exaltado, son la duda, el odio, el miedo y la ignorancia.

La gran tragedia del hombre actual, en fin, consiste en conocer demasiado y no saber nada, haber desarrollado una ciencia creadora magnífica sin haber, siquiera, desarrollado su propia conciencia, haber desarrollado una civilización material y mecánica en competición con la naturaleza universal sin haber tomado conciencia de élmismo, ni perfeccionado sus capacidades morales y, en fin, haber creado unas místicas y metafísicas superlativas sin haber descubierto el verdadero sentido de la vida y la Esencia Espiritual de los Valores Eternos. Es por ello que es víctima de sí-mismo, sufriendo al infinito la gangrena de la duda, la lepra del odio, los venenos del miedo y el demonio actuante de la ignorancia.

Se duda de todo, pues la Fe ha perdido su encanto y la razón siempre quiere predominar en imperativo categórico, sin jamás lograrlo. Se odia porque no está uno más a la altura de las magníficas largas caminatas del Espíritu ni en medida de confrontar una dignidad siempre subestimada porque es incomprendida.

Se sufre el miedo en todo sentido y bajo todas las formas, en todos los dominios, porque uno es preso de lo desconocido que nosotros mismos somos, así como de la inconciencia que roe todo nuestro ser y pone en evidencia la inmensidad de nuestra impotencia individual. Es el miedo que domina la política; es el miedo que da razón a la religión moderna, que hace de la moral una condición de coacción y de amenazas y de sufrimientos perpetuos; es el miedo que hace que el hombre da paso atrás ante sus propios ideales para dejarse caer en las peores infamias de la vida. Y uno es tan ignorante de lo que es la vida que uno está limitado en todas las posibilidades de su ser. La impotencia vital y moral es la prerrogativa del hombre civilizado, como si sus facultades creadoras del Espíritu debiesen ser sometidas al más grosero materialismo y condicionadas por una insuficiencia de probidad y en fin por la ausencia de dignidad.

Sé, en lo que me concierne, que todo esto es absolutamente verídico. Sin embargo, yo mismo no podría sustraerme a los asaltos de sus monstruos apocalípticos puesto que sus turbias condiciones hacen escuela actualmente. Sé, por encima de todo, que debo sufrir la duda de todo el mundo así como el odio, el miedo y la ignorancia que la dominan, la inspiran y la animan.

Pero el momento ha llegado en el cual debemos cesar de hacer personalismo. Recordémonos que también los seres no son más que símbolos aunque vivientes y con atractivo potente, cuando son dignos de méritos que se les reconoce. Es preciso comprender bien que los humanos son unas formas que pasan, así como las ideas; pero los Principios que agitan y que caracterizan los Valores del Espíritu son Eternos. Aprendamos pues a buscar esta Esencia fundamental, Divina, de las Enseñanzas y de los hechos. Y no nos detengamos en consideraciones fútiles e inestables o a glorificar unas formas aparentes y fugaces, cuando podemos descubrir más bien el verdadero sentido de la vida, la Verdad, el Secreto de la Dinámica que da un sentido al realismo de la vida.

Aprendamos a dudar, sí, pero a dudar solo de nosotros mismos, pues somos nosotros los que proyectamos sobres los demás y sobre los acontecimientos de la vida el descredito que les damos. Es tambien en nosotros mismos que forjamos las realizaciones que nos permitirán comprender mejor las Verdades y las Potencias de la Realidad.

¿Por qué el odio? ¿No sabemos acaso que no se odia sino por desprecio de nosotros mismos? No se odia sino lo que se sufre dentro de nosotros mismos y por nosotros mismos. El odio es nuestro propio veneno que se expende fuera de nosotros mismos. Odiar es desbordar de estupidez y de malos humores que nos corroen. Se odia en fin porque se sufre de la Grandeza, la Luz y la Potencia de los demás. Odiar es el arte más personal del espíritu demoniaco. El miedo impera en todo el mundo como una tempestad invisible que surge bajo forma de terror. Se tiene miedo porque uno es débil, limitado, impotente y en fin esto nos vuelve crueles e indignos. Es así que se opera el contagió monstruoso de la tragedia íntima del hombre.El hombre que se domina a si-propio nunca es la víctima del miedo; no tiene miedo de él mismo ni de los demás, y nada en el mundo le puede producir temor porque su conciencia lo rehabilita, lo ilumina y lo vitaliza para hacer frente a todas las circunstancias. El miedo es la característica básica del hombre sub-desarrollado que es víctima de los demonios, de sus propios vicios y defectos.La ignorancia es el pecado kármico, natural y espiritual del hombre. Es la suma total de las desgracias de nuestra vitalidad original y tambien la causa de todas las tragedias que carcomen al hombre. El hombre es el denominador común de las realizaciones humanas que surgen del uso de su potencial innato. No nos podemos sustraer pues a la conclusión del hecho de que nuestra ignorancia es el producto de nuestro propio trabajo íntimo. La ignorancia es la marca original del hombre cuya conciencia no tomo todavia su arranque transcendental que le es debido, y si somos víctimas no sabría ser sino nuestra culpa.

Pr. OM Lind Schernrezig