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 DONDE LA IGNORANCIA ES UNA MALDICIÓN PARA LOS PROCESOS VITALES

Nuevamente, ¿para que lamentarnos de las complejidades mundanas si vamos a estar perplejos por ellas a toda hora? ¡No deberíamos buscar nuevas formas de apegos, sino más bien, nuevas formas de Liberación!. Nuestra necesidad básica es la autorrealización, o mejor comprensión de nuestras necesidades y más exacta aplicación de nuestras propias potencialidades, pero no a través de la auto-presunción y auto-justificación. El individuo no es nada por él mismo, excepto cuando SIRVE a otros, ¡porque el Servicio es el gran medio de fortificarse, purificarse, elevarse y expandirse a sí propio!. La auto-presunción no es más que el método e ideal de insensatos que creen que ganan algo incrementando sus conquistas individuales o su personalidad. La auto-ilusión es un mal muy común entre los hombres, particularmente entre aquellos que harían casi cualquier cosa para conseguir ilimitado PODER, AUTORIDAD, RIQUEZA, y todo eso acontece en un mundo que gira en torno a la lujuria, la codicia y el odio. Ellos harían, de hecho, cualquier cosa, excepto suicidarse, a fin de satisfacer sus designios egoístas, producto de la ignorancia, la falta de sinceridad y la obstinación.

Es sumamente difícil convencer a las almas mundanas y corazones vacíos que las conquistas terrenales son vanas; que la victoria engendra odio (Dhammapadha 201); que un carácter desenfrenado desemboca en toda clase de vicios; que nada conduce tanto a la soledad y a la aflicción como el egoísmo; que no hay necesidad de glorificación, perfume o pompa, cuando abrigamos pensamientos puros y amorosos; que miles de victorias sobre los campos de batalla no se equiparan con lo que vale un simple control por un minuto de nuestro propio temperamento y pasiones; que la sabiduría es una riqueza mayor que todo el oro y diamantes del mundo juntos, que un acto de justicia vale más que todos los imperios del mundo y que la compasión es la más efectiva de todas las virtudes. Sin embargo, mientras el hombre tenga el poder de herir con su lengua, sus ojos, sus manos o su mente, no es ni Espiritual ni Iluminado, y sus religiones siguen siendo indignas, y engañoso su retoque político.

Las cualidades de la vida de una persona deberían ser evaluadas por sus propios buenos pensamientos y su felicidad. Cualquier individuo carente de buenos pensamientos e infeliz es una evidencia viviente del fracaso de sus ideales, ya sean religiosos o políticos, metafísicos o místicos, agnósticos o contemplativos. La vida del hombre vale exactamente lo que representan sus ideales en términos prácticos, no lo que signifiquen o propongan. Incluso los más elaborados discursos, en boca de celestiales patricios, son fútiles si no les dan una inmediata forma de realidad.

Precisamente ¿cuál sería la manera de vivir aceptable por todos los seres humanos, cualquiera sea su raza, credo o nacionalidad, que traería las condiciones indicadas en este tratado? Mera creencia o Fe no es suficiente, porque no modifica la naturaleza humana ni mejora el carácter y comportamiento del hombre. Por consiguiente, es imperativo que los individuos estén capacitados para las más altas realizaciones y mejores formas de vida. La comprensión mental es una gran parte de esta conquista sobre las realidades de la vida, y la comprensión de sí mismo es indudablemente la mayor parte de la sabiduría. Con todo, el hombre tiene que ser transformado a la vez en su estructura y el mecanismo biológico y psicológico, y tiene que estar capacitado para los aspectos rehabilitadores de la función de la vida y la aniquilación de su Karma, extraer las energías Universales, comulgar con los seres más perfectos en los planos superiores de la existencia y cumplir las mejores misiones de la Vida en su más puro sentido espiritual.

Si juzgamos por lo que ha llegado a ser el mundo, no podemos menos que lamentarnos por el destino humano, porque su estado enfermizo e indignidad es un monumento al egoísmo y a todas las pequeñeces, maldades, barbaries y satanismo como jamás ha existido! Esto es lo que algunas personas, emborrachadas en sus malabarismos intelectuales y murmullos místicos, llaman cultura y civilización! 

Tomado de: The Supreme Justification of Life. Maitreyanm. Por Koot Hoomi Lal Singh.