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       Universidad Mundial
Científico - Espiritual

Sección Educativa:
ALIANZA UNIVERSAL
Centro de Conciencia Espiritual
ESCUELA DE ALTA SABIDURÍA (BODHA)

 

 

Lección Cuento

Serie Especial

El Hijo Pequeño de la Tierra Extraviado

(Original en francés)

Ocurre a menudo que los Discípulos se olvidan completamente de las Enseñanzas rehabilitadoras y se extravían en los meandros de su propia fantasía o incluso en las tinieblas insondables de los vicios no dominados aún.

Érase una vez un buen discípulo que había acudido al lado del Maestro, cerca de Narabanchi. Había cruzado los mares y los desiertos, domado las peores angustias con el fin de alcanzar esta meta, que era también, de alguna manera, la realización de su Ideal. Una vez llegado cerca del Maestro, Ali-baba – era el nombre de este discípulo—demostraba sin cesar su ansiedad para merecer la atención y las luces del Maestro de Narabanchi.

Ali-baba había abandonado la gran ciudad, su residencia confortable, su posición desahogada, su trabajo fácil y su ritmo de vida burguesa y sin complicación. Durante toda su vida no había conocido nada más que el tipo de esnobismo puritano de las grandes familias civilizadas que hacen de la hipocresía una religión, del ceñuelo un culto, del artificio una ciencia, y cuya filosofía consiste en jugar con lo abstracto y hacer malabarismo con las palabras. Ali-baba encontraba precisamente lo opuesto a todo esto al lado del Maestro, pero su profunda sinceridad le obligaba a admirar la vida simple, humilde pero trascendental, que se desprendía de esta atmósfera inesperada.

Ali-baba estaba sin embargo conturbado pues su fondo simple y puro no podía hacerle creer que el Maestro fuese capaz de exigencia desprovista de importancia. Él tenía, de hecho, la idea común de los civilizados para con los Maestros de Sabiduría. Para él, un Maestro no era más que un arquetipo de abstracción metafísica, una especie de ídolo encarnado en las nubes de los santuarios, en fin, un prototipo de la fantasía de los charlatanes mistagogos de todos los tiempos. Inclusive se figuraba que los Maestros viven del aire y de loas místicas. Sin embargo, que choque debían de provocar en él las circunstancias reales, ya que en vez de un ídolo abstracto o de un ser de extrema complacencia, se encontró cara a cara con un hombre de carácter viril, dinámico, valeroso, como un volcán en erupción, siempre fogoso en sus ímpetus, siempre imperativo en sus designios.

Ali-baba no salía de su asombro. La verdad es que el Maestro verosímilmente tenía por misión domar las almas, esclarecerlas y encaminarlas hacia las Alturas del Espíritu por todos los medios: a veces mediante la vida serena, a veces mediante la meditación profunda, así como mediante la acción en el mundo.

El Maestro no vacilaba en decir en ocasiones: “La vida espiritual no es ni una abstracción ni un sueño. La vida perfecta no radica más que en el esfuerzo creador y en el pensamiento dinámico que revelan una voluntad fulgurante digna del Ideal que sirve. La Iniciación a la vida espiritual es la acción práctica del alma esclarecida por la pureza de corazón e inspirada por la nobleza del Universo condensado en forma de Ideal. El Discípulo digno de su Maestro es un alma capaz de todos los heroísmos y que sabe conjugar todas las enseñanzas rehabilitadoras en un ímpetu permanente de ennoblecimiento personal”. El Maestro de Narabanchi hablaba así a Ali-baba que manifestaba una vocación para tales realizaciones puesto que ya se había evadido de la existencia árida, cruel, malsana y llena de mentiras de la vida civilizada.

Sin embargo Ali-baba no se adaptaba muy bien al carácter práctico y efectivo de las Enseñanzas del Maestro. Era más bien propicio a los ensueños trascendentales e ineficaces de una beatitud ortodoxa y a las fogosidades sentimentales de estas almas emborrachadas de fantasía que fueron la gloria de la época romántica de Henri Murger y de Alfredo de Musset. Tal vez no era mas que un hipnotizado del yoguismo de literatura barata que se cultiva en las orillas del rio Sena …

El hecho es que Ali-baba se dejó ir a la deriva de sus propios ensueños insubstanciales. El Maestro, en numerosas ocasiones, tuvo que hacerlo volver a la realidad, pero siempre inútilmente.

Ali-baba, aún siendo sincero Discípulo olvidaba, seguramente, la famosa anécdota de los Tres Pequeños Hijos de la Tierra. Lo que él no sabía hasta ahora es que el Maestro de Narabanchi era el gigante en persona de esta leyenda, la cual era en realidad un pedazo de Historia vivida ¡Y cual no fue su sorpresa cuando un día el Maestro le manifestó su decisión de someterle a una serie de obligaciones!

Entonces Ali-baba perdió el gusto para sus ensueños. Era como si hubiera caído de las nubes. Debía levantarse temprano por la mañana, quitar los excrementos y toda la suciedad del patio, limpiar la vajilla, fregar el suelo, hacer los mandados bajo la lluvia y acostumbrarse a lavar sus propias ropas, así como a realizar unos esfuerzos que eran una afrenta directa a su dignidad de snob parisiense. A menudo se decía a sí mismo: “pero no he venido aquí para hacer esto ¡¿Y que tiene que ver la limpieza de la casita del perro con la verdadera Espiritualidad!?”

Ali-baba entonces perdía el valor de vivir, pero su sinceridad lo mantenía al lado del Maestro. No comprendía nada más y se sentía hostigado por todas partes. Se decía a sí mismo que el Maestro, no obstante, no podía ser injusto. A veces se preguntaba si no vivía una pesadilla. Había llegado inclusive a preguntarse por qué había dejado su bello Paris, este paraíso de los idealistas, sin saber ni siquiera que tendría que tropezarse con estas amargas realidades de un mundo que se revelaba cada vez más bárbaro. Ocurrió, incluso, que Ali-baba llegó a preguntarse si el Maestro de Narabanchi, con todo su prestigio de Sabio, no era más bien Satanás en persona …

Un día el Maestro de Narabanchi llamó a Ali-baba y le dijo: “Conozco sus pensamientos y tal vez usted me creerá si le digo que mi interés es ayudarle a alcanzar sus propias metas. Lo que usted no comprende es lo que no se ha tomado suficientemente en serio, y lo que le parece demasiado duro ahora, será más adelante para usted los hitos dorados de una etapa que debían de haberlo conducido a la supremas realizaciones del Espíritu. Pero si la vida a mi lado le parece demasiado dura, sepa que está usted libre para seguir cualquier otro rumbo. Usted ha venido a mi libremente, y mi intención es que sea usted más libre aún cada minuto que pase. Pero mire usted, la libertad tiene su precio y uno no se beneficia de ella más que en la medida en que se es capaz de hacerla efectiva.”

Ali-baba como Pequeño Hijo de la Tierra comprendió y continúo realizando su tarea diaria, silenciosamente …

K.H.

***

  • Porque alcanzar la verdad es impregnarse de ella, identificarse con ella, devenir parte integrante de la Seidad Universal, mediante la anulación del “yo individual” y del “nosotros colectivo”. En suma: es fundirse en la Unidad de la Esencia Primordial, mediante la destrucción de las capas múltiples parasitarias y nefastas del ser que forman el egoísmo y las protuberancias que velan, oscurecen y obliteran el Espíritu en nosotros. La tarea del Discípulo es importante por cuanto engloba toda la alquimia trascendental a escala Universal, como la gota de agua que por derecho natural y por necesidad se reúne con el océano inmanente de la Vida. Extractos de ‘Cartas al Padre’ por K.H.
  • No hay nada más poderoso que un corazón puro. K.H.
  • Todos los grandes inventores, sabios y reformadores son tratados como locos hasta que triunfan. Entonces se vuelven héroes, santos y Devas adorados. Stefan Zweig