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EXPERIENCIAS DE LA CONCIENCIA

MÁS ALLÁ DEL TIEMPO Y EL ESPACIO

Libro del Pr. OM Cherenzi Lind

(Dedicatoria y Capitulo 1)

experiencia-conciencia

Dedicatoria

- A tí, lector sincero,

- A todos los Estudiantes y experimentadores que anhelan comprender mejor el aspecto misterioso de la Vida, y que no quieren ser simples juguetes de supersticiones o víctimas de ilusiones ancestrales y doctrinas tradicionales, buscando sobre todo los desarrollos y los Valores del Espíritu, regeneradores y enaltecedores.

Maestro K.H.

AL LECTOR

Toda obra profunda es recia, vigurosa y arrolladora.

La verdad parece siempre inverosímil, cuando no se está preparado para comprenderla, y es práctica corriente de la humanidad condenar, anatematizar y mofarse de lo que no entiende y por ende no puede aceptar, o que no admite porque no le conviene en sus grados de complaciente ignorancia. Maestro K.H.

" Cuando estéis listos para comprender mis enseñanzas, os acordaréis de ellas ". K.H.

" Yo encarno el Verbo Eterno y Universal. No os pido creer en todo lo que digo, sino de no dejar de atender a lo que enseño y propugno, pues tarde o temprano os veréis obligados a aceptar la Verdad que me empeño en haceros comprender. Mis palabras quedarán grabadas en vuestro corazón y yo iré viviendo en vuestra Conciencia a medida que vayáis aprendiendo a realizar lo que señalo, inspiro y encarno ".   K.H.

 

EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA

 

La conciencia es el substractum vital de nuestro ser, que determina nuestra vida, pero que permanece para la mayoría de los seres humanos en condiciones estáticas, somnolente y obnubilado.

Los múltiples sistemas religiosos y filosóficos que hubo en el mundo trataron mucho de la conciencia, pero como término vago y sin fundamento, o simplemente como instrumento teológico y metafísico, para facilitar sus doctrinas y valorar sus sofismas o vitalizar sus dogmas.

Sólo entre los Budhistas del Oriente se consideró en cierto modo a la Conciencia como algo autónomo, independiente y superior a la mente o psíquis. Pero no es sino desde las famosas experiencias e interpretaciones geniales del Dr. Sigmund Freud que se empezó a vislumbrar a la Conciencia como algo ajeno al sensorio y al psiquismo, y también superior.

Es obvio, nos hallamos confrontados con un descubrimiento maravilloso que viene a revolucionar todos los conceptos y la propia actitud del hombre frente a la vida, y en fin podemos decir que existe una verdadera psicología o ciencia de la psíquis, o mente inferior o alma.

Cuando el filósofo francês Descartes proclamó su famoso: Cogito, Ergo Sum (pienso, luego existo), pudo haber hecho la más asombrosa afirmación de todas las edades, pero no lo fué porque sólo se refería a un incidente filosófico sin trascedencia y sin parar mientes en el fondo de su aserto. Nosotros con ocasión de estudiar a Descartes en una Universidad alemana, inconformes con los argumentos cartesianos, dijimos a nuestra vez: SUM, ERGO COGITO, significando con ello que existíamos porque pensábamos. Hoy en día, díríamos EGO SUM QUI COGITATUM, o sea: soy conforme pienso. Pero soslayando el tema filosófico, podemos enfrascarnos en la consideración de la conciencia, que es lo que nos interesa, primordialmente, aquí.

La psicología académica o escolar es una ciencia que no se preocupa del alma (mente inferior) y sólo se concreta al estudio de los fenómenos íntimos del ser en tanto que tengan aspectos anímicos, relaciones somáticas o conecciones con el sistema sensorial, y los demás procesos y fenómenos inasibles, incontrolables, los tiene por imponderables, misteriosos y ajenos a su campo de intervención. En cuanto a las facultades del alma, o sea la psiquis o mente inferior, por más que sean básicos en la casi totalidad de los aludidos fenómenos psicosomáticos, las ignora. Viene a ser como una factória que desprecia su propia maquinaria, o un chofer que se mofa de su motor. No debe extrañarnos, por tanto, si cuando se habla de conciencia o de subconciencia, ella se aparta y deja a los profanos, para que ellos se distraigan con el desentrañamiento de estos misterios.

Pero con el advenimiento del psicoanálisis, se contrajo un pernicioso vicio. Ya antes de Freud se hablaba de lo inconsciente como de un oculto depósito del alma, para episodios vividos, ideales olvidados, afectos incumplidos, recuerdos desvanecidos, resabios instintivos, fósiles de ansias ya extinguidas y ruinas y pavesas de pasados naufragios pasionales. Otras escuelas establecieron regiones selectivas y áreas oscuras de la conciencia. Mas la interpretacion freudiana es típica, pues se funda sobre todo en los instintos concentrados, especialmente el sexual, que propone que germinan secretamente y silenciosamente en espera de una oportunidad propicia de madurez para exteriorizarse; instintos de agresividad siempre vigilantes; apetitos e impulsos innatos hereditarios que, como fieras en su cubil, dispuestas al acecho, aptas para el ataque y ansiosas de conquistas rapaces, se hallan contenidas ahí y parcialmente domadas por las restricciones sociales, los prejuicios, los miedos y la sanción de los códigos. Y donde radica lo grave de esta interpretación es en su carácter casi exclusivamente pansexual, y en el hecho de circunscribir estas condiciones a la subconciencia, cuando podía haber especificado esta por otra parte admirable y precisa concepción como función inframental o propiamente de las regiones del instinto de nuestra personalidad. Al mencionar la subconciencia, dió a entender que había una Conciencia, y por ende otra substrática.

Pero en el desenvolvimiento de su teoría, basado en sus propias experiencias, como quedó demostrado más tarde por sir James Frazer al revelar su método de la PSICOSOLUCION, el Dr. Sigmund Freud dió a entender que su sistema de psicoanálisis no era sino un intento de penetración de la Conciencia, y que apenas lograba presentarse en la antesala de la misma. Luego, admite que la conciencia es una función, un mecanismo, ajeno, autónomo y superior a la mente y el cuerpo físico; pero por otra parte, al señalar tan notablemente la región de la subconciencia, da a entender también que, una o dos cosas, o la subconciencia subyace en nuestras intimidades ahogando a la Conciencia, lo cual es una ironía, o que el psicoanálisis circunvala las regiones íntimas del ser, soslayando la Conciencia, para ir a dar con la subconciencia, en los bajos fondos de nuestro ser, cosa que no deja de ser confuso y un tanto metafísico.

Nuestra objeción aquí, pues, se refiere más bien al término empleado, pues creemos en realidad que el genial Sigmund Freud se refiere a las regiones del instinto de nuestra individualidad, lo inframental de nuestro ser, cuando habla de lo subconsciente. Y conviene tomar bien en cuenta ésto, pues hemos de eludir siempre el hablar de SUBCONCIENCIA, y cuando mencionemos ésta palabra, lo mismo que " INCONCIENCIA ", será siempre de modo casual y peyorativo.

El genio de Freud consistió en demostrar el papel vital de ciertos complejos de emotividad trágica, desviaciones inconfesables, confusiones dramáticas, enrredos del líbido erótico derivado de deseos largamente reprimidos, choques morales que lesionan como crueles cilicios, que, al madurar en sus depósitos íntimos se rebelan y tratan de exteriorizarse en las manifestaciones comunes del mecanismo psicofisiológico, pese a las imposiciones de la Conciencia. Aquí otra vez, la doctrina freudiana menciona la Conciencia cuando en realidad debiera aludir a la Mente, pues en momento alguno el psicoanálisis ha demostrado haber penetrado ni comprendido jamás las reservas de la conciencia.

De acuerdo con el procedimiento de Freud, la liberación de estas inhibiciones y la deshabilitación de estos complejos se logra por medio de sueno hipnótico o por el artificio del lenguaje simbólico en ensueños y pesadillas. De ahí que el psicoanálisis, que nos habla de fenómenos psicógenos o anímicos y catarsis o alivio mental, antes que sondear las capas profundas de la individualidad y esclarecer el origen causal de los complejos reprimidos, de los conflictos de represión, para reintegrarlos a un equilibrio normal y estable, solo roza, como lo intenta, las capas más profundas de la personalidad, pero no penetra el mecanismo de la Mente, ni intima con la Conciencia, ni mucho menos alcanza a la presencia del Espiritu.

Breuler llama el sistema de Freud Tiefepsychologie, "psicología profunda"; Breuer describe el psicoanálisis como una exteriorización anímica. Adler ve en las neurosis um medio de expresar las ansias de dominación, un tanto morbosa. Para Jung, el mecanismo íntimo o inconsciente es el sentido de la vida de cada cual. Pero Freud no toca a lo mental, puesto que se basa en simples funciones automáticas y reservas íntimas agenas e inferiores a los interéses mentales. Con respecto a la conciencia y lo Espiritual, no hay porque ni mencionarlos aquí puesto que el propio Freud es implícito al respecto : trata de elementos de la subconciencia, psicógenos o anímicos.

Desde luego, el psicoanálisis es una exploración psíquica, y requiere el análisis perspicaz y paciente de las asociaciones de ideas que va revelando el paciente, y sobretodo un dominio completo del mecanismo afectivo del individuo referido, además de una comprensión cabal de los procesos psicológicos. Es un método en extremo complicado y delicado que sólo puede dominar el psiquiatra observador y ducho, seguro de sí y capaz de infundir confianza. Los sedicientes psicólogos que pululan en clínicas y montan sanatorios a costas del psicoanálisis son simples farsantes, además de médicos fracasados, indignos de tratar a enfermos, puesto que ellos mismos son anormales temibles y peligosos.

No se llega a percibir la conciencia sino por medio de los experimentos por el método de la PSICOSOLUCION. Desde entonces, ésta ha dejado de ser un concepto abstracto o una función teórica, para convertirse en lo que es realmente: un mecanismo espiritual.

Pero la Conciencia no se penetra así como se quiera, ni cabe creer que se despierta y que se la hace actuar con sólo quererlo.

Para despertar la Conciencia es preciso, antes que todo, saber lo que es.

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