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MENSAJE UNIVERSIANO A LA HUMANIDAD

 

bodha-cisne

 

Por el Ilustre Maha Chohan K.H.

 

Estamos de nuevo velando armas, y el mundo entero toma posición en trincheras de ideas preconcebidas, de doctrinas deterministas y dogmas rigurosos.

Doquiera vemos al hombre oponiéndose al hombre, en nombre de ideas hurañamente predicadas. Doquiera la fuerza que se erige en derecho y la libertad impuesta en nombre de la justicia. Empero cada quien da la medida de la justicia según sus propios intereses, y así vemos al mundo entrar en una era de tinieblas en la que la libertad se realiza por medio de la alienación más grotesca y absurda, y esta misma libertad es impuesta por la autoridad de la violencia o del más fuerte.

No se trata aquí de pegarnos una etiqueta cualquiera pues no pertenecemos a ningún partido político, y no preferimos absolutamente a ninguna iglesia entre todas las demás. Somos ante todo amigos de la verdad, y luego Servidores de la Humanidad entera. Nuestro Corazón está abierto y fecundo para todos y nuestra alma sirve incondicionalmente a todos los seres. Esto es, por lo demás, lo que nos autoriza a juzgar sin opinión preconcebida y actuar honradamente.

Por última vez, lanzamos un Llamamiento a la Conciencia de las almas probas, y afirmamos que al no tomar en consideración los intereses cósmicos y dando la espalda a los Principios Universales no se corre más que a la ruina moral más completa. Mientras no se tomen en consideración los Valores del Espíritu, zozobraremos en los meandros maléficos y desconsoladores de las ortodoxias engañosas y de las insolencias dogmáticas. Mientras el hombre no tenga conciencia de sus deberes Espirituales, deberá recurrir a la violencia para hacer valer sus intereses y hacer triunfar sus ilusiones. Sin embargo, su única cosecha será la miseria moral, la degeneración mental y el enloquecedor vacío espiritual.

¿Será preciso decir una vez más a la gente que es estúpido no buscar más que la satisfacción egoísta y no ver nada más que el derecho de la fuerza? ¿Es preciso repetir de nuevo que todos estos preparativos de defensa y de violencia en todo el mundo no lograran jamás resolver los problemas que agobian, atormentan y ensangrientan a la humanidad? Verdaderamente, la locura se ha apoderado del mundo, y la gente llamada civilizada cree actuar bajo la inspiración de Dios cuando impone de viva fuerza o agresivamente sus dogmas, su autoridad y su fe. En realidad, son unos agentes o unos elementos de satanismo, pues la Verdad se impone por sí misma, y el odio nunca ha producido otra cosa más que odio y aún más violencia.

Una suprema confrontación debe producirse, más estrepitosa y rigurosa a medida que pase el tiempo. Ha llegado la plenitud de los tiempos, pero las almas no son liberadas, desgraciadamente, y están amasadas con sentimientos culposos, fútiles ilusiones y pueriles aspiraciones egoístas.

Las almas no preparadas, pero sinceras, deberán sufrir, pues, los graves choques históricos con una terrible reacción íntima. El karma es inconmovible, y no podría haber promesa o esperanza más poderosa que las fuerzas del corazón. En el último momento se sueltan las ilusiones y se olvidan las querellas doctrinales, pues la muerte tiene eso de maravilloso, y es que nos introduce en el reino de las realidades incontestables. El último sufrimiento debe despertarnos en conciencia y debe romper en nosotros todas las ataduras egoístas.

¡El gran pecado del hombre, fuente y causa de todos los demás pecados, pequeños y grandes, es el egoísmo! Pero las experiencias mejores de la vida son las que nos liberan de estos sentimientos e ilusiones, que hacen de nosotros unos epicentros del universo y mandatarios Divinos. ¡Ah! ¡Estas almas innobles y asquerosas cuya vida no es más que un gran vicio perpetuamente renovado! ¡En la suprema prueba encontraran, ciertamente, en sublime confrontación, la Eternidad, las fuerzas sagradas que elevan, bendicen, protegen y emancipan!

El porvenir es sombrío, caótico y monstruoso. Es el precio de muchos siglos de conquistas del oscurantismo y de falsa virtud. La humanidad sufre las consecuencias naturales de ello, pero corresponde a cada cual atarse al destino humano únicamente según sus propios designios. Cada uno debe escoger en lo muy hondo de sí mismo, el destino preferido, más allá de las codicias personales y las lujurias egoístas. Es preciso en fin aprender a reventar las falsas amplitudes del alma y superar las tonterías, los tabús, los fetiches y las ilusiones embrutecedoras o hipnotizadoras... Corresponde a cada cual saber redimirse y ver claro en el fondo de la nebulosidad invasora que hace de este mundo un infierno.

Para mejor combatir los males que uno condena, es preciso, antes que todo, eliminarlos en sí mismo, tanto en derredor nuestro como en nosotros mismos. No es destruyendo las fuerzas contrarias como se resolverán los problemas del mundo o se evitarán las tragedias de aquí, pues la historia está aquí para demostrárnoslo; la fuerza nunca ha procreado otra cosa que autoridad unilateral, totalitaria, tiránica.

Tratemos, pues, ante todo, de resolver nuestros propios problemas sociales y económicos y volvámonos ejemplos vivientes de los Principios religiosos que predicamos. Esto valdrá mucho más que millares de cuerpos armados, millones de bombas atómicas y millares de templos elevados a Dios. Mientras no se actúe de otra manera, es la fuerza satánica la que se atrae y es Satán el que se sirve, pues la ignominia no consiste en el hecho de que se es fuerte y agresivo, conquistador, dominador, sino más bien en el hecho de que se actúa egoístamente, despiadadamente y sin principios.

La finalidad del hombre queda estéril si no está dinamizada por una conciencia proba, galvanizada por un corazón puro y proyectada por un alma noble y capaz de pensamientos generosos y compasivos ¿Para qué sirve tomar a Lenin o a Cristo como guía, si uno actúa como crápula? ¿A que viene alabar los Evangelios del Budha, el maravilloso Corán de Mahoma o la Ley de Moisés, si uno es y queda capaz de todas las infamias imaginables, si uno no está en condición siquiera de vivir las esencialidades que preconizamos como motivos de inspiración? ¿Para que sirve, en fin, hacer triunfar una doctrina u otra, una fórmula política u otra, un altar votivo u otro, una divinidad u otra, si no hemos sabido siquiera justificar nuestra fe o nuestras creencias honrándolas por medio de una vida honrada, sincera y digna?

Es cierto que las fuerzas se conjugan y que la violencia se ha vuelto la filosofía social y religiosa del día. Se cree mucho más en los resultados de la violencia y de la fuerza actuante que en los principios de una moralidad sana y simpática. La traición, el odio y la lujuria se han convertido en las virtudes capitales del día... Pero incluso los que mañana serán los dueños del mundo, ¿Habrán merecido el respeto y la admiración de los sobrevivientes? ¿Serán, además, capaces de ejercitar la autoridad honradamente y hacer valer su moral culposa e impotente?

Es preciso rendirse ante la evidencia de los hechos, por cierto, y el mundo entero zozobra en las tinieblas. Esto, tengamos el coraje de admitirlo, es la resultante de lavados de cerebro sufridos por la humanidad, y la ignominia prolífica del pasado sabiamente camuflada por dogmas absurdos y doctrinas angelicales de oportunistas tan intrigantes como malévolos!

Si hubiera sido más honrada y menos orgullosa, la humanidad hubiera tenido una oportunidad de ser mejor orientada, mejor educada, mejor servida. Si en vez de místicos bellacos y de fanáticos que discuten cuestiones bizantinas, y viciosos, el mundo hubiese conocido Apóstoles y Misioneros del Espíritu, y no unos servidores de doctrinas esclavizadoras y predicadores de ilusiones metafísicas, no estaríamos donde estamos hoy...

¿Y cuáles son las salidas positivas de mañana? Corresponde a cada cual escoger ahora. El mundo está bien dividido y las trincheras están cavadas. Cada uno se arma como quiere o como puede. Incluso los que rezan tienen la insolencia innoble de pretender poner a Dios a su propio servicio, cuando no son capaces siquiera, en esta fecha crucial de la historia, del menor gesto de compasión y de confraternidad humana.

Las realidades de hoy en día no deben tener mañana, y tal vez es lo mejor de esta trágica locura del momento.

¿Por que no decir de una vez por todas, en un supremo grito del corazón: “SALVESE QUIEN PUEDA”? Por mi parte prefiero decir a cada uno que no es en las trincheras políticas o religiosas donde hay un porvenir digno para el hombre. No es tampoco en el triunfo de la fuerza insolente y actuante que se encontrará el alcaest maravilloso que debe dar al hombre la felicidad, el respeto y la justicia que el mundo entero reclama. Es el caso decir que un rincón en la jungla es hoy una magnífica garantía contra las infamias de la civilización. Un pedacito de cielo abierto, ahí donde uno pueda respirar libremente, vale más que toda esta acumulación de siglos de odio, de fanatismo y de ignorancia triunfante!

Durante más de tres años, la AGHARTA dio a conocer su Mensaje al mundo; yo mismo he pasado por todos los sacrificios para hacer comprender este Mensaje. Somos testigos de la persecución, de la humillación, de las campañas difamatorias, en fin de las escandalosas acusaciones de que he sido objeto, precisamente con el objetivo de hacer zozobrar mis intenciones y privarme de autoridad moral. Las fuerzas odiosas y malévolas se han coligado para hacer triunfar el verbo satánico del odio; y la mentira fue en todo momento el arma predilecta de estos famosos servidores del Diablo..., emborrachados de Dioses y de virtudes celestes incomparables!... Todos hemos visto teósofos y comunistas, cretinos y místicos, politicastros y mercaderes del Templo, haciendo causa común para combatirnos, con los swamis sin vergüenza y los “pastores” sapientes que se daban la mano.

Hoy, después de la gran prueba, no nos queda más que decir a los que nos han comprendido que a ellos corresponde escoger. Nosotros nos retiramos de la arena de las monstruosidades maliciosas y envilecedoras, y dejamos el escenario histórico a nuestros enemigos encarnizados: los teósofos y los comunistas, los místicos avatares de la injuria y de la insolencia sin límites. Veremos si son capaces de hacer mejor que nosotros... por cuanto es lo que ellos quieren. Si ellos nos han maltratado tanto, y tanto nos han calumniado, no es más que porque no quisieron perder las prebendas y sus intereses adquiridos. Ahora les dejamos el honor del triunfo con su odio desbordante y sus maléficos designios camuflados de sabiduría divina y dones celestiales...

Es inútil insistir si la gente no quiere liberarse. Hemos cumplido nuestra Misión Liberadora. Las fuerzas de la evolución se impondrán a pesar del inmenso drama de las almas agonizantes que rechazan las voces bendecidoras y protectoras de lo invisible.

No nos declaramos vencidos. Nos retiramos de la liza porque no podemos ni queremos rebajarnos recurriendo a las mismas armas que nuestros enemigos. Las fuerzas del Espíritu son mucho más potentes por cierto, mas ¿Por qué hay que imponer a los demás un destino que no merecen, no comprenden y no quieren? Nuestra Misión se cumplió con el esfuerzo generoso y compasivo, pero no podemos imitar los que nos atacan y persiguen...

¡Nos mantendremos, pues, aparte, y velaremos así sobre los que tienen derecho a nuestra protección y a nuestra asistencia. Continuaremos, como siempre, bendiciendo a las almas sinceras, mientras el mundo de las fuerzas abyectas sigue su destino!

Siempre hemos creído que valía más decir francamente la Verdad; honrarla, en fin, dándole el lugar primordial en nuestra vida y actuando tanto como sea posible de acuerdo con los Principios fundamentales que la gobiernan en el Universo entero. Sin embargo, este método nos ha traído muchos sinsabores o contratiempos, pues a la gente no le gusta que se le diga la Verdad. Dicen amarla, pero detestan el hecho de que se la recuerden cuando se desvían. Entonces, vierten sobre los intrusos todos los venenos escondidos en el fondo de su alma inculta y vulgar, y se desatan con todas las villanías imaginables; lo calumnian a uno, odian, y destruyen por todos los medios. Eh aquí cual fue nuestra suerte, desgraciadamente, durante nuestra epopeya de sacrificios para esta humanidad doliente y malsana!

No obstante estamos todavía en esta proposición inicial de nuestra acción en el mundo y para todos. Creemos firmemente que hace falta exponer la Verdad, cueste lo que cueste. Los acontecimientos actuales nos dan la razón por doquier, y nada impedirá la realidad de ser lo que es, salvo nuestra propia entrega en un sentido diferente. Para cambiar el curso de los acontecimientos, en fin, es preciso tener el coraje de cambiar de orientación, de postura moral, de posición espiritual. En nuestro caso, se trata de rehabilitar la Humanidad y dar al mundo una nueva Civilización. Eh aquí en qué ha consistido siempre nuestra tarea, y no nos hemos apartado de ella, incluso cuando fuimos calumniados y perseguidos por los peores elementos de este mundo infectado. Nunca nos hemos dejado desanimar y aún tenemos todavía el coraje de proclamar que, a pesar de todo, tenemos la razón a la luz de los hechos. Si el mundo no se corrige y no cambia de forma de pensamiento, de actitud mental, el porvenir será de los más trágicos posibles.

Naturalmente siempre habrá gente para creer en las bobadas de los ariscos líderes de los dogmas esclavizadores y en las idioteces de los explotadores del mundo. No pretendemos enrolar a la gente, aunque se trate de su bienestar. Que cada cual aprenda a ver la Luz Eterna, con su propio corazón. Nos retiramos de la escena del mundo civilizado, no porque nos declaremos vencidos, sino únicamente porque las fuerzas actuantes, triunfantes incluso, deben tener su día de triunfo, y nosotros no podemos nada contra ello si las almas profanas aman este género de servidumbre y de superchería mística.

Si a la gente le gusta ser engañada, explotada y envilecida, es asunto suyo. No tenemos el derecho de oponernos de viva fuerza a las imbecilidades humanas por cuanto no creen en otras cosas, y no podrían apreciar tampoco la Verdad. No tenemos que adoptar esclavos, ni hacer víctimas inconscientes.

Hemos cumplido con nuestra Misión civilizadora, y ahora debemos retirarnos y esperar mejores oportunidades para actuar de nuevo. Cuando las almas hayan aprendido a escrutar los Misterios de la Vida y escoger la dignidad individual ante todo, cuando la gente ame la muerte tanto como a la vida y sea capaz de morir por el ideal de su vida, únicamente entonces nos será dado volver a esas almas para hacer que se beneficien de las Enseñanzas Sagradas.

Nos alejamos del mundo, pero no negamos nuestra ayuda y nuestra protección a la Humanidad limpia y honrada. Quedamos al servicio de la Conciencia y de los Valores del Espíritu.

Nuestros enemigos, los Teósofos, los Comunistas y todos los trastornados psicóticos y fosilizados de la mística incongruente estarán contentos de saber que nos retiramos. Así no tendrán más oponentes, y podrán hacer del mundo lo que ellos quieran. Veremos entonces lo que harán de la humanidad... Pronto veremos los frutos últimos, infernales, de sus obras hipócritas y maléficas en forma de nuevas guerras, engendros de destrucción en plena acción y, en fin, veremos triunfar su odio despiadado, sus pasiones grotescas y sus innobles egoísmos no saciados desatarse satánicamente sobre el mundo...

¡Ah! Qué magnífico será ver los Swami Sidesvarananda, los J.C. Jinarajadasa, los Krishnamurti, los Emperadores de AMORC, los Pontífices de los dogmas de última hora y los Ministros de Dios que nos han condenado, excomulgado y calumniado, actuar en plena libertad! Qué bello será ver las fuerzas negras actuar solas sin nuestra oposición! Entonces las almas verdaderamente sinceras podrán juzgar y comprender el por qué nos han combatido tanto y por qué se nos odia tanto todavía! El mundo aprenderá, en fin, a distinguir entre lo que nosotros defendemos y los que se glorifican mientras hacen de la humanidad entera su presa preferida...

Los graves trastornos y amenazas del momento tienen profundas raíces históricas. La filosofía y los regímenes de fuerza que están ahora en plena floración no son más que proyecciones de fórmulas y métodos idénticos seculares. No se puede acusar a nadie de originalidad en nuestros días, pues las tiranías, las imposturas, los dogmas, los procedimientos y los líderes del presente, provienen ellos mismos de condiciones y de enseñanzas idénticas basadas en la violencia, las virtudes simuladas, la hipocresía desvergonzada, los tabús arrogantes y totalitarios y los tótem dictatoriales. Cada uno se impone a su manera, cada uno se refuerza y se glorifica como puede, y si las doctrinas de odio de clases o de sectas no bastan, se recurre a la amenaza velada del castigo (el infierno) monstruoso y eterno o bien a la difamación, el “frame-up” (coup monté), o francamente incluso al gangsterismo camuflando sus horrorosos intereses por medio de plegarias elevadas a Dios o haciendo firmar algún Pacto de Estocolmo. Y si las cosas se complican demasiado, se fulmina una “excomunión”, se fabrica una “insurrección popular”, se inventan las calumnias más absurdas o se utilizan unas bombas atómicas con salsa de hidrógeno...!

No estamos ya en la edad de la inteligencia honrada y exacta. No se intenta ya comprender. No se trata ya siquiera de descubrir la bondad, la dignidad ni la sinceridad de la gente. No se cree ya en los valores del Espíritu y en las efusiones del corazón, por cuanto se prefieren las realidades más evidentes, sonoras y coloridas... El sensualismo, más que el sensorialismo, ha adquirido derecho de prioridad, e incluso mientras la gente eleva loas al cielo o alaban su género de democracia bien se nota que lo que prevalece aquí, en este mundo, es el derecho de la fuerza organizada o la capacidad del más ratero, del más rapaz o del más crapuloso! ...

He aquí unas realidades que ni los existencialistas, ni los católicos, ni los comunistas, ni los teósofos, ni los rumiadores de metafísica antigua supieron evitar. Y lo que es más grave es que estos inspiradores de más de veinte siglos de historia humana no han logrado todavía justificar sus alucinantes ortodoxias, sus incisivas ilusiones, sus indiscutibles dogmas y sus teolomaquías cosmológicas por medio de una absoluta limpieza de corazón, de una verdadera libertad mental, de una vida honrada y de una dignidad espiritual incontestable. Y la prueba es que siempre están dispuestos a odiar, maldecir, matar, destruir, difamar, mentir y calumniar, en nombre de su doctrina de paz, de justicia, de amor divino... Glorifican la humanidad, pero sin dejar de explotarla y envilecerla!. Glorifican a Dios, pero no cesan de utilizarlo como medio de vicio, de crimen, de expoliación o de guerra. Hablan en nombre de Cristo, pero no cesan de traicionar sus enseñanzas y sus principios... Otros alabarán su TEOSOFIA, pero no son capaces del menor gesto sincero de bondad o del pensamiento generoso...

Doquiera es el reino de las fuerzas maléficas y envilecedoras. Doquiera unos homo sapiens orgullosos que pregonan sus orígenes divinos y sus lazos celestes, pero ni siquiera saben que el pensamiento negativo, la calumnia y la mentira constituyen una traición moral, síquica y espiritual, y que destruyen en nosotros las mejores fuerzas. No saben, en fin, que el corazón y la conciencia son estériles cuando el alma (la mente) se alimenta de vicios y se revuelca en los paraísos artificiales del pensamiento deshonesto.

¿Cómo sorprenderse ahora si el mundo se encamina hacia una guerra total? ¡Que digo! El mundo está en plena guerra desde hace ya mucho tiempo. La cristiandad está en guerra contra las religiones prehistóricas..., el comunismo está en guerra contra el cristianismo..., la civilización está en guerra colonizadora contra los pueblos ingenuos..., la Iglesia Católica está en guerra contra el Protestantismo..., el proletariado está en guerra contra el capitalismo..., las altas finanzas están en guerra contra los productores de riqueza!..., la gente está en guerra con la moral y los Principios Universales... ¿Qué hay, pues, de extraño, en que las fuerzas cósmicas actúen o reaccionen sin que lo sepamos, y que incluso los individuos no sepan como comportase ante las necesidades vitales que los aguijonean? ¡Ah! Si las iglesias y los partidos políticos valiesen un poco más... lograrían por lo menos dar equilibrio y paz al alma!

Pero desde que los dogmatismos se han puesto de moda, se hace cada vez más y más difícil vivir libre y conocer la felicidad, pues uno está sometido a algunas consignas o tabús y es para nunca acabar con las tiranías totalitarias. Se habla de democracia, de liberación o de redención, pero en realidad los individuos no son más que esclavos de los organismos que ejercen la autoridad en su ambiente... y sobre ellos mismos. En el momento actual, en pleno Siglo XX, la humanidad no es ni más feliz ni más privilegiada en ningún sentido que las poblaciones primitivas y atrasadas... por cuanto ahora, sin permitir ni siquiera asegurar la felicidad, la libertad, la dignidad, la justicia y, en fin, una existencia sin el yugo abominable del miedo, se nos garantiza quimérica y utópicamente todas estas condiciones todavía ilusorias. Cuando no nos las garantizan en las Cartas Constitucionales, lo hacen en el curso de encendidos discursos políticos o por medio de dogmas categóricos y de biliosos sermones religiosos! No obstante, en realidad, el hombre común, el hombre cósmico, el individuo que vota y que paga los impuestos no conoce ninguna de estas maravillosas condiciones.

En este mismo momento, el mundo entero se apresta para luchar sanguinariamente, para destruirlo todo ¡incluso el planeta!, en nombre de ciertos dogmas y de ciertas fórmulas políticas o religiosas. Sin embargo, ninguna de ellas supo hasta ahora aportar a la humanidad ni esta LIBERTAD, ni este BIENESTAR, ni esta DIGNIDAD, ni esta JUSTICIA económico-social que hacen posible todas las filosofías y todas las conquistas espirituales. ¿Por qué razón, en nombre de qué ideal, y para qué realidad vamos a matarnos, después de haber disputado tanto y tan inútilmente? ¿Acaso es que los unos y los otros tienen unas conquistas positivas que defender en el sentido individual de la palabra? ¡La realidad es que se pelea y se mata sólo por promesas y por ilusiones, y cada cual ignora la realidad del otro, que no es mejor, por cierto, desgraciadamente!

No se trata, pues, más que de explosiones de pasiones y expansiones de vicios y de intereses groseros. Los unos no son peores que los otros, ni tampoco mejores, pero si la gente se conociese mejor no sería víctima de las ilusiones y de las promesas con que se les lava el cerebro, mientras se envilece su conciencia y se pudre su corazón con dogmas y doctrinas insensatas!

El alma humana es sencilla y razonable, pero es preciso dejarle la oportunidad de vivir íntimamente en plena conciencia, sin ninguna clase de imposición mística o física.

Los pueblos, los individuos, necesitan LIBERTAD y BIENESTAR ante todo. Pero no se puede morir por algo por lo cual no se ha vivido... y que no se ha conocido, a no ser bajo la forma de promesas políticas y religiosas...

¿Qué decir, en fin, de la realidad de los hechos? Incluso si el hombre común no conoce las condiciones que tanto suelen pregonarse, no es difícil percatarse del hecho de que mientras se producen los Pearl Harbour, los heroísmos de Berlín, la epopeya de Seúl y, en fin, los paros generales en cadena, en nombre de ideales quiméricos... el dinero pierde más y más su valor por doquier. El mercado negro prospera en todas partes, y los líderes se enriquecen monstruosamente. Ante tales hechos, ya no se sabe si es preciso admirar más el heroísmo inútil de los combatientes y la angustia infinita de las víctimas civiles o la falta de honradez de los “profetas” y de los apóstoles de las ilusiones perpetuamente renovadas y siempre prometidas, más nunca cumplidas!

Antes de destruirse en querellas mortales o de extenderse en epopeyas crueles e insensatas, irracionales, ¿No sería mejor contemplar serenamente la realidad y decidirse a vivir como Hermanos?

Ciertamente, si nos atacan hemos de defendernos. Pero nadie atacaría a nadie si cada cual fuese honrado y sincero, si todos los individuos se decidiesen a vivir racionalmente. Mas por encima de todas las consignas y las fórmulas falsamente ponderadas, la dignidad se impone y no es el momento de dejarse confundir ni asustar. Nadie puede remediar nada si todos los pueblos no se deciden a vivir en paz, honrada y dignamente. He aquí, pues, la gran rehabilitación que se revela como indispensable. Es preciso que cada uno sepa, incluso en plena contienda, tomar conciencia de las fuerzas vitales del Universo, mirando cara a cara las desgracias y las tonterías de este mundo.

Así, cada cual logrará no sufrir ante la tragedia inmensa que se arroja sobre el mundo por doquier. Por lo menos que cada uno sepa por un instante que la verdadera vida no es esta innoble fantasía macabra, como algunos se encaprichan en hacernos creer, ni estas tonterías dogmáticas, irracionales, que los místicos y los asesinos de la esperanza y de la nobleza humana nos imponen como unas verdades absolutas...

¡Sursum Corda! Sí, arriba los corazones, mas en la sublime intimidad de nuestros corazones sin mancillar y de nuestras conciencias no esclavizadas!

Pero, es en el fondo de cada quien que se deben encontrar las grandes soluciones a los problemas de la vida. Cada cual debe realizar en sí mismo la conducta indispensable y crear los frutos que quisiera ver producirse en su vida.

Cada cual debe sondear en el fondo de sí mismo y alumbrar las reservas vitales de las que todos estamos igualmente dotados. De hecho, es todavía aquí donde se encuentra en su pura esencia y en toda su síntesis magnífica el supremo principio de la vida, Dios, el Gran Arquitecto del Universo.

Cada quien debe aprender, en efecto, a despojarse de las doctrinas, de los dogmas, de las enseñanzas recibidas y a liberarse de las ataduras que nos imponen las tradiciones, las ortodoxias y las teologías de todas clases. Cada uno debe en última instancia, en las supremas confrontaciones de la vida, recurrir a las reservas vitales, que son los asientos mismos de nuestra propia individualidad, y que toman su arranque en la fuente misma de las realidades universales.

En la vida todo se resume en el esfuerzo personal y en los descubrimientos que el individuo hace en sí mismo. No se trata aquí de escoger entre las múltiples fórmulas religiosas y políticas que hacen del mundo, en el momento actual, un verdadero infierno y un campo de batalla..., sino más bien, de volver a tomar conciencia de las esencias vitales, que son nuestros propios resortes secretos de la vida. He aquí de lo que se trata. No somos adictos de teorías o doctrinas más o menos recomendables y prometedoras. No hacemos más que restituir al individuo su patrimonio natural, y orientar las almas hacia la fuente de la verdad suprema e incontestable.

Las grandes conquistas del alma no se obtienen en los campos de batalla, ni discutiendo las virtudes de ciertos dogmas, ritos, ortodoxias o sectas. Es en el fondo del alma que es preciso lograr las grandes victorias, y es en el corazón donde se deben hacer florecer las bellezas y los derechos inmarcesibles del Espíritu.

No hay libertad sin esfuerzos y sacrificios individuales. No hay tampoco dignidad sin limpieza de alma y de corazón. ¿Qué importan las trivialidades de la civilización si no nos liberan de los vicios y de los atavismos, de los dramas y de las miserias de la vida cotidiana? ¿Para qué sirven, en fin, las victorias doctrinales y políticas, si su gloria se adquiere al precio de la libertad y de la dignidad del hombre?

El hombre no ha comprendido nada si no sabe vivir dignamente, y si la muerte le produce miedo. Es la vida indigna la que debería darle miedo, mientras que la muerte es la libertad perfecta del corazón y del alma sincera, es el triunfo más bello que puede lograrse.

Incitamos a las almas a reconciliarse con la Vida y a despojarse de las complejidades amontonadas en el curso del tiempo. No les pedimos a ustedes nada. No hacemos más que darles la llave de los Grandes Misterios de la Vida.

La AGHARTHA actúa a través de la ESCUELA ESOTERICA (BODHA), la UNION DE SERVICIO

UNIVERSAL, la MASONERIA UNIVERSAL (SOMA), la FRATERNIDAD ROSA CRUZ, la BIOSOFIA y todas las organizaciones e iglesias humanistas y espirituales. Esta Augusta Asamblea de Sabios e Instructores Espirituales, digámoslo de una vez, no tiene nada en común con las asociaciones mercantiles, los movimientos dogmáticos y totalitarios, fundados sobre el culto del becerro de oro y sobre el derecho de la fuerza. Ciertamente se nos podrá acusar siempre de toda clase de cosas, precisamente las opuestas a lo que somos y que combatimos; mas poco importan estos ataques gratuitos que no hacen más que revelar el verdadero fondo de los que nos calumnian y persiguen. Tienen, seguro, sus motivos para denigrarnos y maltratarnos ya que representan lo que condenamos.

La AGHARTHA sirve a la Conciencia Universal, y representa estas almas sencillas y estos corazones puros que son siempre explotados por los líderes indignos y los falsos profetas de turno. Esta gran parte de la humanidad está, en el sentido espiritual, en pleno éxodo, fuera del mundo civilizado. Si pudiese emigraría lejos de los paraísos mentirosos de los partidos y de las sectas, lejos de los falsos destellos de los dogmas de violencia y de odio sistemático.

La AGHARTHA, a pesar de todo, sigue siendo lo que es, y seguirá inevitablemente prestando socorro a la humanidad doliente, explotada, esclava, desorientada y fuera de eje. El Verbo Espiritual y la dinámica de los Valores que representamos nunca fueron traicionados y nunca hemos faltado a ellos. Nuestra inspiración y nuestra protección continuarán ejerciéndose, y las almas probas sabrán siempre como encontrarnos. Los corazones puros estarán siempre unidos a nosotros...

Corresponde a ustedes ahora seguir el camino de su elección. Hemos cumplido nuestra tarea recordándoles por última vez nuestro Mensaje Cósmico, que es también nuestra suprema Ofrenda a la Humanidad ávida de Verdad, de Paz y de Justicia.

A los que todavía tienen el corazón puro, el alma clara y la conciencia vigorosa y que son capaces de comprender nuestra Sabiduría, nuestra Compasión y nuestra Dignidad, les decimos:

¡Elegid!

El Regente de la Aghartha

Koot Hoomi Lal Singh

Pr. OM Lind-Schernrezig

Pequeña semblanza del autor:

Nació en la ciudad de Darjeeling, situada en la región tibetana de los Himalayas (Este es el origen de uno de sus seudónimos: El Tibetano), en el Palacio de su abuelo materno el Maharajá del Nepal. Su padre fue Kalil Adum Schernrezig, Khan (Emperador) de Alá Dwr Shan, en el desierto de Gobi. Su madre Devaki Alokananda, Princesa de Mai de Manchuria. Su nombre de pila es: Príncipe OM Lind Schernrezig (El nombre de OM Cherenzi Lind, usado por el Maestro en América Latina desde varias decenas de años, corresponde a la castellanización de su nombre de pila)

(Prefacio de la obra titulada: “Vislumbres de la Superciencia de Iniciación Espiritual”. Aspectos íntimos de la Ciencia Superior del Espíritu. Obra iniciática revela la Verdad acerca de los auténticos Maestros Espirituales y el Calvario que les significa el cumplimiento de su Misión redentora. Por OM Schernrezig Lind.

“Lo cierto es que es el fruto de toda una vida, y se concretiza tras maduras meditaciones y con el mismo amor con que escribiera, simultáneamente, el “Testamento Espiritual para la Humanidad de la Nueva Edad”. En realidad, si se analizan bien estas dos obras, se notará indefectiblemente que tienen la misma finalidad, con la diferencia de que la presente está escrita directamente en el idioma Castellano”

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“Si toda la Verdad pudiera decirse en una sola palabra yo diría AMA. Pero también los criminales, los fanáticos, los charlatanes y los cínicos pretenden amar a su manera, sin que eso signifique que realizan mi enseñanza... No confundamos las hojas con los rábanos” Koot Hoomi Lal Singh

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“La luz de ciertos momentos ilumina a través de muchos siglos” K.H.

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     Tomado de una Traducción de un original en Francés (1950) al Español (1967). Original a disposición.