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 LA PATRIA IDEAL AÚN EN GESTACIÓN

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- LOS CIMIENTOS -

 

Los grandes ideales están desprovistos de sentido para aquellos que prefieren la vida de manera egoísta. La gente no puede comprender los principios o los conceptos que no corresponden a sus fantasías, vicios e intereses egoístas o a sus distracciones preferidas.

 Afortunadamente la Naturaleza es múltiple, pero sin embargo capaz de unir y de amalgamar por medio de ideales, de la fe y de intereses comunes, los más diversos hombres e incluso aquellos que tienen las opiniones y los propósitos más opuestos.

 Inútil decir que, desde siempre, el mundo fue lo que fueron la gente luchando por el progreso, condiciones de vida mejores, un tratamiento más humano, un estándar de vida más elevado, la adquisición de aspiraciones místicas, de esperanzas religiosas, de conquistas sociales, de propósitos políticos y de ideales espirituales. Sin embargo el progreso trazado en estas líneas, fue más bien lento. El progreso material fue mucho más rápido.

 El progreso material es más rápido que el progreso moral, psicológico y espiritual. Esto es verdad, en efecto, porque el progreso material es ilusorio, si él no se basa sobre condiciones morales estrictamente establecidas por una solidez psicológica, vitalizadas por un poder y una integridad espirituales.

 Los pueblos han luchado desde siglos. Los imperios se han creado, han progresado y se han desaparecido después. Los individuos sin nombre han combatido valientemente por su causa, muchos de ellos han sinceramente sacrificado todo lo que tenían, incluso sus vidas. Sin embargo, los problemas de nuestros días permanecen los mismos que aquellos que han causado revoluciones en los tiempos de los Faraones, y las preocupaciones de Asiria, de Grecia y de Roma antigua son también actuales en nuestros días como en el pasado. Las fortunas extraordinarias han sido gastadas por la guerra y por la defensa de la paz, y las vidas sin nombre han caído en el holocausto del progreso; sin embargo, la historia nos revela que ese terrible drama humano fue inútil, puesto que se repite siglo tras siglo, año tras año, día tras día, incluso hasta nuestros días.

 Consultando las densas páginas de la prensa cotidiana y eso no importa donde en el vasto mundo, vemos que la humanidad entera está terriblemente confundida, cerca a la locura, cansada de la guerra, sin embargo se prepara febrilmente para la guerra; sumamente desanimada se deja llevar por tormentas; pero el trabajo fácil ceder ante el miedo, luchando por la libertad, pero todavía regimentada; se jacta de libertades, pero sofocada bajo el peso de la intolerancia, los prejuicios, la persecución y la intimidad más allá de lo que uno puede imaginar en todos sus ejercicios de conciencia y de pensamiento libre; preconizando las tradiciones, pero incapaz de imitar valientemente las virtudes de sus ídolos más prestigiosos; unida y sindicada para el trabajo incluso para las conquistas humanitarias, pero entregándose a las discriminaciones sociales sin fin, al odio de clases y a las irrupciones de virulencia y de violencia. Vemos las Naciones, Las Iglesias, las Asociaciones incluso los clanes familiares, se esfuerzan en reafirmarse ellos mismos con un vigor y con expresiones sin fin de buenas intenciones, pero se oponen los unos a los otros con orgullo, se dejan ir a las calumnias, a la denigración, a las acusaciones viles y propósitos agresivos, como si ellos no hubieran jamás escuchado hablar de la REGLA DE ORO, ni de Cristo, Moisés, Buda, Confucio y numerosos Grandes Instructores y Guías Espirituales religiosos mundiales. En todas partes uno habla de moralidad, de revelaciones Divinas, de ministerios celestes, pero nadie parece jamás haber escuchado hablar de buena voluntad, de propósitos desinteresados, de bondad, de rectitud moral, de respeto mutuo y de rectitud social.

 La paz es alabada por todos, pero la revuelta está en el aire; hay un profundo descontento, una repulsión contra tanta injusticia social, contra la miseria humana y el fracazo económico; una repugnancia frente a la perversidad política y al absolutismo religioso. Una falta de respeto se manifiesta igualmente frente a la insolencia de las clases dominantes al interior de esas condiciones humanas tan desalentadoras y dominadas por la miseria y la pobreza.

 La repugnancia general contra tales condiciones decepcionantes no es necesariamente del “Comunismo” porque los propios comunistas no son los únicos responsables de tal angustia e infierno, desatado en el mundo bajo la dirección de almas malsanas, de dictadores poco escrupulosos y de charlatanes viciados.

 Además, los ideales humanitarios son glorificados en todas partes, sin embargo cuando aparecen los líderes serios, ellos son estigmatizados como malhechores satánicos, especuladores astutos, criminales, anticristos, magos negros, conspiradores malsanos o ateos burdos. El mundo entero parece estar loco, y mientras que los criminales de gran envergadura son rápidamente honrados y glorificados, los verdaderos idealistas honestos y dedicados a los Principios y Valores Espirituales son calumniados, denigrados y perseguidos.

 Toneladas de tinta y millones de Kilovatios son constantemente gastados en el objetivo de informar y de conducir los criterios humanos; cada parte pretendiendo ser el solo portador de la Verdad, del paradigma democrático y de la perfección religiosa; sin embargo, esta cabalgata de propaganda de nuestro mundo golpeado por slogans se vuelve cada día más confuso por doctrinas engañosas, de ideales no realistas de absolutos brutalmente impuestos, de disciplinas deshonrosas, de insanidades, de totalitarismo místico, de moral estéril, de complejos psicológicos, de explotación económica y de disociación social.

Un acto de injusticia, una campaña de persecución religiosa, una participación a un crimen político, o un exceso de autoridad en una nación cualquiera es una amenaza para toda la nación en cuestión, y un acto patente de comportamiento poco escrupuloso comprometido por una nación o un grupo de naciones cualquiera representa una amenaza para todas las otras naciones. Recientemente, innumerables eventos han demostrado un carácter abominable. Grupos de naciones han incluso traicionado las verdades y los principios sociológicos los más elementales, mientras que otras naciones han faltado a otras. Grupos raciales han sido perseguidos injustamente e incluso sometidos a procesos genocidas. Vimos incluso negar la existencia de la Carta del Atlántico por sus propios promotores, mientras que el espíritu de este documento democrático ejemplar fue conscientemente combatido y pisoteado. Minorías importantes han luchado y continúan la lucha por gobernarse ellas mismas, sin embargo en lugar de concederles relaciones comprensivas, una ayuda y una cooperación de buena voluntad, ellas fueron deliberadamente sometidas u obligadas a un tratamiento bestial.

La poderosa presión y sujeción económica, los prejuicios raciales y religiosos y la tensión económica bajo la cual numerosos pueblos viven actualmente en las diversas regiones del mundo no les permiten mantener la menor esperanza de gobernarse ellas mismas o guardar una apariencia de libertad económica y de dignidad cultural. Todas esas condiciones, sin mencionar bien otras, no menos atroces, hace que sea imposible conceder a la civilización materialista, una aprobación, una admiración o una recomendación cualquiera. Ellas confieren a la vida una impresión trágica, una situación insoportable que no pudo ser inspirada más que por gente ignorante y malsana; mucha gente ni siquiera se da cuenta del alcance de su trágico destino. Sin embargo, las personas teniendo principios altamente evolucionados y capaces de ideales nobles no pueden más que resentir un profundo disgusto y una gran repulsión frente a tales realidades infernales. ¿Qué hay de sorprendente entonces que ciertos pueblos están desapareciendo? Además ¿no está más que justificado tratar de huir para siempre y buscar refugio entre las tribus primitivas felices que han tenido la suerte de no recibir esas bendiciones dudosas de la actual civilización materialista?

Tal es el cuadro objetivo de las realidades indiscutibles. En el dominio subjetivo, descubrimos principios no aplicados, códigos religiosos magníficos pero no prácticos, ideales rehabilitadores sin dimensiones cristalizadas, esperanzas jamás substanciadas y promesas eternamente borradas por los imperativos de los egoísmos más poderosos.

El crimen es internacional en nombre de la Verdad y también la libertad, el respeto, el bienestar, la moralidad, la bondad, la paz y la felicidad. La sola perturbación causada por esta afirmación categórica consiste en que el mundo no parece progresar moralmente, mientras que los crímenes, los vicios, la injusticia y todas las formas de gansterismo y de explotación del hombre por el hombre se acentúan día a día. Con el tiempo, las naciones sienten la necesidad de tener un número creciente de funcionarios para imponer la ley, más prisiones, policías secretos, de un ejército más grande, y de armamentos extremadamente costosos. Ni las Enseñanzas de las Iglesias, ni la educación oficial, ni las actividades cívicas no parecieran realmente haber sido efectivas.

En efecto, todas las naciones parecen tener los mismos problemas, y las predicaciones evangélicas, los jactanciosos políticos en su conjunto no marcan ningún efecto progresista sobre el comportamiento moral de las personas. En efecto, el mundo oficial parece creer que la guerra no puede ser evitada más que por la guerra, que solo los castigos sufridos en las prisiones pueden prevenir los crímenes y los vicios, que solo las amenazas del infierno y de la cólera Divina pueden conducir a la gente a una mejor moral, y que solo un número creciente de fuerzas militares y de policía enseñarán a la gente a respetarse, a admirarse y amarse mutuamente. Por la fuerza de las cosas, es claro que todo esto es poco práctico sino completamente vano, y eso debería convencernos a todos que tales sistemas están obsoletos, no operantes y sin futuro.

El sistema económico actual es también una monstruosidad que es la verdadera causa de todo este trágico desperdicio de la humanidad. Así una reconsideración de los principios debería seguirse, las Instituciones deberían ser revisadas y métodos nuevos buscados.

Evidentemente, la tragedia del hombre es general, profunda y propagada y el tiempo no debe ser perdido en un idealismo sentimental y de fantasías románticas. Incluso las ideologías son vanas si ellas no son complementadas por esfuerzos reales de rehabilitación humana. Sería en vano querer continuar seguir el mismo camino trillado, y ensalzar las tradiciones anticuadas sin prestigio no justificado y no efectivo. Queremos decir con esto que a menos que nos pongamos a sustituir las antiguas causas de crímenes, de vicios, de ignominias y de intolerancias, a exterminar las ilusiones, los conceptos y métodos inhumanos que son tan característicos de la civilización materialista, el porvenir de la humanidad y su patrimonio están condenados.