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 EDITORIAL

 Y pasan los días y los meses y cada nuevo instante significa la aparición de nuevas pasiones, la expresión de novísimas ansias humanas llenas de enconos, exaltaciones repletas de iras y en fin exageraciones ideológicas o verborreas rebosantes de mal disimulada lujuria y de burdas vanidades incontenibles.

Ayer era la farándula bufona y criminosa del escenario martingalesco de la archidiplomática Liga de las Naciones (sic…) con sus meticulosos miramientos y las medidas de cuchicheo a hurtadillas frente a los serios problemas mundiales. Hoy es la tragedia sin igual de Shanghái con su secuela de crímenes e incidentes internacionales arteramente provocados. Y mañana? ¿qué? – Pues mañana lo mismo que hoy y como ayer, habremos de registrar nuevas pasiones, novísimas exuberancias de sanguinaria barbarie y de monstruosa destrucción, reeditando cada vez más fatídicamente los horrores burdos y el salvajismo cínico de hordas perfectamente colegiadas y debidamente legalizadas en sus funciones marcianas y saturnales desenfrenadas, que los demás pueblos de la tierra parecen contemplar filosóficamente como si en diligente paciencia en espera de llegarles su turno a ser aupadas con violencia ciclópea como esa pobre Abisinia y esa otra ingente mártir que es China.

¿Qué acontece en los fueros íntimos de la humanidad? No parece en realidad que la sustancia integrante de la humanidad se está descomponiendo y volviendo más sádica, más dispuesta a sufrir los colapsos y los arrebatos más morbosos que registra la historia de este ínfimo mundo nuestro? ¿No se diría, al presenciar las bacanales infernales de “Paz armada” y de “catastróficas guerras sin declarar y sin confesar”, que el género humano se ha trastornado y que ha dislocado por completo sus sentidos de cordura y decencia, perdiendo todo compás de dignidad y sensatez? ¡Eh! ¿Acaso no estamos viendo el entero mundo articularse con aprestos infernales, glorificando toda misión destructiva, todo Verbo de odio y matanza y toda conjugación de siniestra desolación en aras de evangelios y de avideces dignos solamente de casas de orates o de animales desprovistos de toda inteligencia y ajenos a todos los rigores de las fuerzas con las cuales juegan tan insensatamente? ¿Será que el género humano ha perdido la facultad de medir las proporciones de sus crímenes y criminosas arrogancias?

¡Lo que acontece en la actualidad, ya lo hemos apuntado miles de veces en el trascurso de nuestros estudios! ¡El verdadero mal de nuestra especie consiste en el hecho que padece de múltiples dolencias, como por ejemplo: CARENCIA DE CARÁCTER, CRISIS DE CONCIENCIA, TRAUMATIZACIÓN DE LA PSIQUIS, INCULTURA INTERNA, IGNORANCIA DE LOS DESIGNIOS DE LA NATURALEZA, DESCONOCIMIENTO DEL SENTIDO DE LA VIDA, INCAPACIDAD DE CONTROLAR SUS EMOCIONES, DESBOCAMIENTO PAVOROSO DE SUS IMPULSOS INSTINTIVOS, INSACIABLES AFANES DE LUCRO Y LUJURIOSOS, DESMEDIDO EXCESO DE VANIDAD Y DE PREJUICIOS, ABSOLUTA FALTA DE COMPRENSIÓN ENTRE LOS HOMBRES, CONSTANTES ATROPELLOS DE LA MAJESTAD UNIVERSAL EN LAS MANIFESTACIONES DEL GENIO Y DEL ESPIRITU Y DEL AMOR, CRECIMIENTO DE LA ERRONEA ACTITUD CONTRA – NATURALEZA DE LOS CREDOS POLITICOS Y RELIGIOSOS y en fin la DESCOMUNAL TURBULENCIA INDOMEÑADA DE LA AVIDEZ SENSORIAL HUMANA . . . y a esto, añádase la falta total de edificante sentido Humanista, de disposición para el gesto romántico y edificante y en fin el cúmulo de absurdos postulados que van cobrando carta de absolutismo en todos los órdenes de cosas, sin miramientos hacia lo verdaderamente sustancial de la vida, sin interesarse en ningún Verbo sustancial y generoso, sin reciedumbre de alma susceptible de mantener el corazón en alto en medio de las naturales vicisitudes de la vida . . .

El momento corresponde al agiotaje de lo patológico dentro de lo brutal de la humanidad, y todos los estertores se toleran con pasmosa expectativa; todos los excesos demoniacales se aceptan como Fait accompli . . . ¿Que se hunde un barco de guerra neutral? - pues allá van plenas satisfacciones, mas la finalidad psicológica se ha logrado . . .

¿Qué se bombardeen hospitales? -pues habrá ceremoniosas disculpas y ahí no ha pasado nada . . .

¿Qué un pueblo se desploma sobre otro de improvisto, destruyéndolo todo, vidas, haciendas, industrias, en gran escala? - pues allá van argucias demostrando acomodaticiamente que son unos salvajes y bárbaros y la civilización sigue imperturbablemente tranquila, sin inmutarse por la depreciación de sus valores o las afrentas que se le van infligiendo con desconcertantes desparpajos . .

¿Qué se hace caso omiso de Tratados internacionales? Pues y qué? ¿Acaso no son meros convenios destinados a ser suplantados cada vez que así convenga a los poderes armados que pueden darse el lujo de ignorar los recursos de la diplomacia y los juegos cancillerescos de las Conferencias internacionales? ¿Quién cree en “Pedazos de papeles en la actualidad?.

¡Y la historia sigue su curso, trabajando sobre tiempos en el registro de novísimos desplantes o de novedosas barrabasadas de dementes y de molochs con aderezos de “Caballeros Civilizados” y al servicio del salvajismo!

Otra fase de la terrible enfermedad de la especie humana en la actualidad, es ese cúmulo enrevesado de FRENTES, EJES, REHABILITACIONES Y SÍMBOLOS. Eje París-Londres, Eje Berlín-Roma-Tokio; Frente Popular, Frente Fascista, Frente Imperial, Rehabilitación del Imperio, rehabilitación del credo, rehabilitación histórica; Símbolo ginebrino, símbolo de la civilización, símbolo de Dios, símbolo de la paz, símbolo de la cultura . . . ¡cuántas pamplinas para justificar bajas pasiones y ambiciones desmedidas!

Nosotros abogamos por un SENTIDO DE DIGNIDAD Y DE DECENCIA HUMANA, algo que mantenga al curso de la historia humana dentro de los cauces de una evolución consciente y sensata, aunque no se ajuste precisamente a los designios ambiciosos o a las sacristías “celestiales”, pero que por sobre todo nos recuerde insistentemente que no habrá felicidad ni paz para la especie humana entretanto no aprenda a domeñar sus instintos, a apaciguar sus egotismos, a erradicar sus falacias, a acallar sus odios, a estrangular sus vanidades, a trascender sus categoricismos, a disolver sus dogmas y en fin a nulificar sus doctrinas, todo aquello en fin que, además de ser siempre tan pueril, siniestro y contraproducente en sus consecuencias, jamás ha logrado contribuir al enaltecimiento del sentido humanista ¡Sepamos en fin que por encima de todo esto, sedimento de salvajismo del magma inferior humano, está lo HUMANO, y aun por encima de lo HUMANO, está lo ESPIRITUAL, es decir, lo que corresponde al aspecto más noble, Divino, de nuestro ser.

Es verdad, nuestras enseñanzas, es decir, nuestros postulados, tienen el insigne inconveniente de no ser aceptable a los espíritus acomodaticios, a las almas convencionales, a los caracteres de doublé y en fin a los corazones fanfarrones y cínicos, a los valetudinarios e incapaces de genuina dignidad, a los indolentes por índole y “pobres de espíritu” . . .

Pero nuestro Verbo es de almas fuertes, de corazones templados en las lides edificantes y en las gestas arrogantes y cósmicas, ¡Somos dinámicos con el Espíritu Universal, creadores como los Magos de antaño que tenían el Sol en las venas y sus Mitos en el espíritu y en fin vivimos de acuerdo con los requerimientos fundamentales de la conciencia Omnica, que se expresa a través de nosotros.

Ya lo hemos dicho tantas veces, nos ufanamos de pertenecer a la ARISTOCRACIA DE LA INTELIGENCIA CULTIVADA y de ser de la NOBLEZA ESPIRITUAL.

Al común imperio de la insensatez, oponemos el imperio de lo Espiritual. El primero es incidental; el otro es eterno como la Verdad e invencible como que es el Espíritu Santo Universal . . .

Nuestra aristocracia es la de los valores y de la integridad dignificante; nuestra Nobleza es la de lo trascendental del Espíritu. Esto no tiene nada en común con aquella truhanería desbocada y ensoberbecida, de negra historia, ridículamente consagrada y que no ha sido más que un alarde de pasiones exaltadas y de odios en constante lidia, un “modus vivendi” de freudianos gañanes feudalizantes ávidos de eternizar y aun de divinizar su ingente satrapismo que ha sido siempre siniestro, además de cínico.

¡No estamos REÑIDOS CON LA GENUINA “DEMOCRACIA”, bien que no nos entusiasme en modo alguno lo que se ha dado en llamar así hasta ahora. La verdad es que no creemos en la posibilidad de una verdadera LIBERTAD, IGUALDAD Y FRATERNIDAD así de buenas a primeras, en personas repletas de odios y prejuicios, de vanidades y turpitudes, de taras e ilusiones. Por eso preferiríamos oponer nuestro tríptico ideal: DECENCIA, CULTURA, ESPIRITUALIDAD, como proceso conducente a la verdadera Democracia, que por ahora sólo sirve de estandarte de gente que en realidad no saben que abogan por una fantasía – una fantasía que persistirá en ser mera utopía mientras la humanidad no aprenda a ser DECENTE, mientras no se CULTIVE en lo fundamental de su naturaleza, y en fin mientras no se superponga a los planos de lo auténticamente ESPIRITUAL.

 

* * * *

La ESPIRITUALIDAD no está reñida con la actualidad, ni implica huir de la vida, incurrir en extrañas abstinencias y continencias inconsultas, entregarse a exageradas abstracciones, renunciar a la vida plena, eludir el éxito en todas las circunstancias de la existencia, denegarse toda alegría, rehuir la felicidad o entregarse mansamente en brazos de la fatalidad . . . Tampoco es la Espiritualidad genuina un sinónimo de “cobardía moral” o de “beato ensimismamiento”. La auténtica Espiritualidad es Vida plena y triunfante; es Conciencia Resplandeciente; exaltación magnifica de poderes interiores, SUPERACIÓN, máximos logros y Comunión con las cualidades y los Valores superiores de la Vida.

La genuina Espiritualidad produce alegría constante; es fuente de incontables éxitos y suma dicha; es la realización de lo trascendental.

La verdadera Espiritualidad, tal como la entendemos y difundimos nosotros, es una MAGIA SUPERIOR. Ser Espiritual, verdaderamente, es trascender las banalidades y complejidades de la vida, sin rehuirlas; es responder al más sublime y trascendente sentido de la Vida. No es sombría ni triste, ni pasiva, ni negativa: no es una enfermedad: ¡NO HUYAMOS DE LA ESPIRITUALIDAD; aprendamos su genuina significación, su trascendente VERBO MAGICO, DIVINO! ¡No la juzguemos según el criterio de quienes nunca han hecho otra cosa que desprestigiarla y falsearla o hacerla imposible con sus imposturas y presunciones.

Swami Jñanakanda

 

Tomado de:

REVISTA CIENCIA Y CONCIENCIA, VOL II, Diciembre 1937 (2481). Reeditado por Revista ARIEL el 21 de diciembre de 2012