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 ALOCUCION INICIATICA

     Lo primero que debes hacer para alcanzar la Verdad es aprender a pensar. Luego deberás purificarte de acuerdo con una moralidad iniciática, o de preparación, que te haga reconocerte a ti mismo. Y entonces podrás elevarte hacia lo ignoto con plenitud serena y triunfante de esfinge.

    Todo empeño sin ese fundamento es vano. Es de más que sin él te asomes a lo infinito, pues no encontrarás más que enigmas y tropezarás siempre con tus propias ilusiones. No dejes que tu fe te engañe, mira que lo invisible y lo ignoto de lo arcano burlarán todo el tiempo tu ignorancia, ¡Y guárdate de esclavizar tu propia conciencia engañándote a ti mismo por falta de luces o dejándote engañar por lo ilusorio!

    ¿Quieres saber? ¿Qué? ¡Oye! Sabe lo que quieras saber, pues si no lo sabes nunca sabrás nada. Bueno es saber lo que se quiere, y a dónde se va. Y después, el esfuerzo y las demás condiciones precisas te conducirán de fijo al hito vislumbrado o perseguido. En una palabra, prepárate, si no fracasarás siempre.

    Después de todo esto podrás adelantar, si es que lo quieres; si no, tú y tu conciencia se entenderán.

    ¿Quieres quebrantar los principios de la Sabiduría? ¡Insensato! Sólo vislumbrarás espejismos de tus insolentes fantasías, y en todo caso te debatirás en la noche de tu ignorancia con la fe imaginativa y sentimental.

    No sondearás nunca el gran arcano del Universo, si pretendes arrancar a la Naturaleza sus secretos asaltando sus derechos, y por lo mismo equivocarás los misterios y enigmas que quieras comprender con los caprichosos arrebatos de tus enfermizas lucubraciones. La Verdad puede únicamente saberla quien la realice en lo hondo de sí mismo; y para ello se precisa preparación, lo que quiere decir, ser digno y competente.

    ¿Te atreverás, no obstante lo que te digo, a pretender alcanzar plenitud excelsa y dicha verdadera sin abandonar los prejuicios, convencionalismos, vanidades y pequeñeces de tu inculta e inapropiada mentalidad? ¡Pobre ser humano!, de proceder así tú sino solo te reserva miserias, desdichas, groseras penalidades del fango en que te conviertes. Esto significa hacerse un energúmeno!...

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    Este es el clamor celestial del silencio, la expresión profunda de la soledad: es el surgir del triunfo conscientivo.

    Cumple mis preceptos. ¡Cúmplelos! Y entonces, después de decir con los griegos ¡eureka! Y con los latinos omnia mea mecum porto (todo lo que poseo lo llevo conmigo), dirás con quien te dirige estas palabras: he triunfado de mí mismo y sobre todo… ¿Qué de más digno y más grandioso puede aspirar un ser humano, cuerdo e inteligente como tú pretendes ser?

    ¡Cúmplelos!, que al fin lograrás comulgar a voluntad en la maravillosa fuente de eternidad que es la Conciencia Cósmica.

    Ante ti se abren dos sendas: una que va hacia delante y la otra hacia atrás. Esta última conduce a la densa y oscura materialidad; la primera eleva a la potentísima y pura espiritualidad. La que se dirige hacia atrás es difícil y peligrosa, y consiste en conocer y aprovechar ilusorias realidades en satisfacción de vanos deseos y groseras ambiciones. La otra, la que sigue hacia adelante, es igualmente difícil y peligrosa para aquel que no tiene la debida preparación, pero segura y fácil para el que la posee.

    Sigue esta senda, y alcanzarás lo que persigues, lo que anhelas, aspiras y quieres!...

    Si la senda que va hacia abajo es la que te seduce es en vano pretender la otra más elevada; pero, si llama a tu corazón la que exalta y dignifica, entonces puedes resolverte a buscar tu salvación.

    Esta salvación no consiste en seguir una religión, una escuela filosófica o una doctrina incomprensible: es más bien un método de preparación iniciática, que se llama Ocultismo Racional, y se reduce a saber y a utilizar verdades esenciales sintiéndolas y viviéndolas.

    No es todo leer y aprender de memoria lo que dicen los libros, y aceptar lo que publican sedicentes sabios. Conviene razonar para comprender, y comprender para saber. No creas lo que no comprendas. Duda de ti mismo si crees comprender algo sin haberlo razonado bien.

Tomado de la obra “Discipulos y Maestros” del  Venerable Maestro K.H.